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Opinión

  • | 2013/11/30 00:00

    ¿Por qué Uribe no quiere a Pacho?

    No se engañe, Pacho. No espere que para la Alcaldía de Bogotá sí tendrá el aval de Uribe. Cuando llegue esa hora le hará el guiño a Juan Lozano o a Miguel Gómez, quienes seguramente estarán en la competencia.

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No le sirvió el mes de reflexión a Francisco Santos. No comprendió nada. Se fue con la explicación de que Uribe es un gigante, un ser inmenso que no se ocupa de cosas menudas, de la politiquería pura y dura, un ser que lo quiere, que lo respeta; se fue con la idea de que los malos, los politiqueros, los corruptos, los que no lo quieren, son quienes rodean a Uribe; y vino con esas mismas ideas, no se movió un milímetro. Repitió eso en cada frase de la entrevista a María Isabel Rueda.

Se hubiera ahorrado ese viaje a Europa. Se hubiera ahorrado ese otoño que a veces es demasiado frío, que a veces cala los huesos. Se hubiera metido en el desparpajo de alguna playa del Caribe y allí, en medio del bullicio, de la música y de la conversación con algún parroquiano de esas tierras alegres y rumorosas, hubiera entendido que es Uribe quien no lo quiere y que Uribe se ocupa con más pasión de las cosas pequeñas que de las grandes.

Hubiera sabido que Uribe le tiene una profunda desconfianza, que le sigue paso a paso la pista y ha visto que a veces aflora, se manifiesta, el Pacho díscolo, el franco, el rebelde, el que alguna vez fue crítico implacable de la corrupción y del clientelismo, promotor de la salida negociada y de la paz, el admirador, como su padre, del liderazgo de Fidel Castro; ese Pacho irreverente que no acostumbraba callar y rendir pleitesía.

No el Pacho que concilió con la parapolítica y con el azaroso escándalo del espionaje telefónico y de la persecución a magistrados, líderes de la oposición y periodistas, no el que ahora repite la ridícula cantinela de que los Castro y Chávez se van a tomar la política colombiana, no el que en cada entrevista quiere sacarle las castañas del fuego a Uribe pensando que con eso se gana su aprobación.

Sino el Pacho que fue a decirle que había graves indicios de participación en hechos delictivos de la familia Araújo y era insostenible en el cargo la canciller María Consuelo Araújo; el que dijo que birlar la consulta y acudir a una convención para escoger el candidato presidencial era optar por un “dedazo al estilo del PRI mejicano”; el que ahora anda diciendo que al uribismo se lo tomó la política de Fabio Valencia Cossio y de Joselito Guerra, a los que no baja de tramposos y clientelistas.

A ese Pacho que Uribe llamo “lagarto” en los días en que cuestionó a los Araújo; el Pacho que manifestó su inconformidad con el cambio de reglas de juego e hizo exclamar a Uribe “si eso es de candidato como será de presidente”; el que ahora es fustigado desde las filas uribistas como resentido y transgresor de los resultados de la convención por no avenirse a ocupar un cargo en la campaña de Óscar Iván Zuluaga.

No lo quiere, Pacho. Es así. No se eche cuentos. No diga bobadas. No diga algo que nadie, pero nadie, cree en este país. Que Uribe se deja convencer fácilmente por otros. Que en la altura de su gran sueño, en ese olimpo, solo habitan las buenas intenciones, solo tienen cabida los pensamientos altruistas, grandes iniciativas para orientar el país, para cambiar el país.

Pero a veces comete algún error involuntario, a veces escucha a los clientelistas y a los corruptos, a veces se deja engañar por ellos y entonces desciende a la tierra y se va a una convención y toma el micrófono y se pasa todo el día atendiendo el más mínimo detalle del evento, abriendo las puertas a nuevos y cuantiosos delegados, ordenando la discusión y las votaciones, mandando a traer los sánduches y las gaseosas para que nadie se disperse, para que todos estén a la hora de votar por Óscar Iván Zuluaga.

No se engañe Pacho. No espere que para la Alcaldía de Bogotá sí tendrá el aval de Uribe. Cuando llegue esa hora le hará el guiño a Juan Lozano o a Miguel Gómez, quienes seguramente estarán en la competencia. En ese momento usted, quizás, definitivamente desengañado, salga a despacharse contra Uribe y cuente algo de la política menuda y oscura del expresidente y deje de echarles la culpa a Fabio Valencia y a Joselito Guerra.
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