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Opinión

  • | 2013/11/23 00:00

    La repartija azul

    Las últimas dos sesiones del directorio del partido Conservador resumen bien la postración en la que están sumergidos los godos.

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Excremental. Esa es la palabra con la que el senador Roberto Gerlein califica una relación entre dos hombres. Lo que no cuenta el patriarca costeño cada vez que abre la boca en el Congreso para insultar a los demás es que no hay nada más excremental que las piruetas que él y otros parlamentarios han hecho para tomarse a la fuerza la Dirección nacional conservadora.

Las últimas dos sesiones del directorio de ese partido resumen bien la postración en la que están sumergidos los godos.

La historia comienza cuando se decidió que cuatro ‘notables’ de la sociedad civil que no hicieran parte de corporaciones políticas como los concejos, las asambleas o el Congreso, tuvieran asiento en el máximo órgano deliberativo del conservatismo, en aras de ‘desparlamentarizar’ la colectividad.

En efecto, a esas posiciones llegaron Carlos Holguín Sardi, Ángela Ospina, Marta Lucía Ramírez y el sucreño Álvaro Miguel Navas. Con el nombramiento de este último en el Banco Agrario, gracias al padrinazgo de Roberto Gerlein, quedó una vacante que, en teoría, debería asumir alguien que viniera de la sociedad civil, como está definido en los estatutos.

Sin embargo, y aprovechando la ausencia de los miembros del directorio que viven fuera de Bogotá, se convocó una reunión extraordinaria para conseguirle un reemplazo al doctor Navas.

Fue entonces cuando los senadores Gerlein, Cepeda y Enríquez Maya se unieron para impulsar un polémico nombre: el del concejal de Floridablanca Oliverio Solano Cala, un personaje que además de romper la regla fundamental para ocupar ese asiento, pues hace parte de una corporación política, tiene encima dos graves investigaciones en la Fiscalía 23 por delitos contra la administración pública y prevaricato por acción.

Uno de los más jóvenes miembros del directorio nacional conservador, el abogado David Valencia, impugnó el nombramiento de Solano Cala cuando se enteró de semejante perla. Pero ¿por qué insistían los parlamentarios en meter su deshonrosa ficha en la Dirección conservadora? Simple: con ese voto pretendían frenar una convención participativa que definiera qué debe hacer el partido en el 2014. Ese habría sido el voto que los llevaría derechito a apoyar la reelección del presidente Santos como partido.

¿Y por qué tanto interés de los congresistas azules en acompañar las tesis, bastante liberales, por cierto, del presidente-candidato Juan Manuel Santos? También fácil: porque todos son unos puesteros sin auténtica vocación de poder y con demasiado apetito burocrático.

La godarria parlamentaria quiere plegarse a la aspiración reeleccionista porque, o ya recibieron cargos en el sector de la agricultura como Gerlein, Cepeda y Andrade, o aspiran a tener un paquete de nómina estatal interesante en un próximo período.

Cuentan fuentes bien informadas que a otros más los están comprando con publicidad gratuita, y a uno que otro le pintan un buen plan de financiación para su campaña al Congreso desde la Fundación Buen Gobierno. El encargado del ‘trabajo sucio’ es ese al que le dicen el ‘Gordo’, tan cercano al presidente.

A fin de cuentas, los conservadores pueden irse con Santos, aliarse con Uribe, tener candidato propio o tirarse por el barranco si prefieren, pero esa decisión debe ser tomada por las bases y no por los parlamentarios embadurnados de almíbar reeleccionista, como está ocurriendo en la actualidad. Excremental, mi querido Gerlein.

Twitter: @JoseMAcevedo
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