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Opinión

  • | 2013/11/16 00:00

    La guerra de inteligencia

    De ser cierto lo que dicen las fuentes de inteligencia que consulté, estos planes fueron diseñados mucho antes de haberse iniciado el proceso de paz.

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¿Cómo debe utilizarse la información de inteligencia en un país que se apresta a emprender una campaña electoral marcada por la polarización en torno a lo que se pueda acordar en La Habana con las Farc? 

Esa pregunta me la vengo haciendo desde que descubrí una pequeña perla que el ministro Pinzón omitió cuando anunció que las Farc, a través de su columna Teófilo Forero, tenían planeado una serie de atentados contra el fiscal Montealegre, el ex vicepresidente Francisco Santos y el expresidente Álvaro Uribe. 

¿Y cuál es la perla? Pues la de que según las fuentes de inteligencia que consulté, esta serie de atentados que el ministro denunció con tanta preocupación y vehemencia y que según él mismo están sustentados en fuentes de inteligencia, no son nuevos. 

La realidad es que la inteligencia colombiana sabe de estos planes hace por lo menos cinco años y desde entonces los maneja como posibles hipótesis sin que hasta ahora nunca hubieran sido motivo de pronunciamientos públicos ni de grandes titulares. De hecho esos personajes son los más protegidos por el Estado y no desde esta semana, sino desde hace varios años. 

Es más, según lo afirman las fuentes de inteligencia con las que consulté, dentro de estos planes terroristas formaba parte el atentado contra el exministro Fernando Londoño, el cual infortunadamente sí se llevó a cabo y perdieron la vida dos de sus guardaespaldas. 

De ser esto cierto, significaría que estos planes terroristas han sido diseñados mucho antes de haberse iniciado el proceso de paz y forman parte de la estrategia militar de esa guerrilla que desde hace 60 años le declaró la guerra al Estado. 

Esa diferencia que para unos puede ser sutil, no lo es a la hora de pensar en el proceso de paz. Una cosa es que las Farc estén sentadas en La Habana pidiendo garantías para ejercer la oposición mientras planean unos magnicidios como es hoy la percepción entre una gran parte de la población después del anuncio del ministro y otra muy distinta es que estén sentadas en La Habana avanzando en el acuerdo de paz con el gobierno, precisamente para evitar seguir con esa guerra y esos magnicidios que ha desarrollado su máquina militar. 

Bajo la primera premisa el acuerdo de paz no significaría mayor cosa porque solo se desmovilizarían unos pocos guerrilleros de mentiras que hace rato no combaten y que se la pasan en yates por La Habana, ya que la mayoría seguiría poniendo minas antipersona, secuestrando y cometiendo magnicidios. Bajo la segunda, el acuerdo de paz se haría con una guerrilla unida que se desmovilizaría como lo hizo el M-19 en su momento, caso en el cual la ganancia para el país sería enorme. 

En lo que se equivoca el ministro es en haber dado una noticia sin haberle aclarado al país que se trataba de una información vieja que se había activado con datos nuevos, porque eso se presta para confundir a la opinión pública en momentos en que se está discutiendo el final del conflicto en La Habana. 

Y en cuanto a las Farc, nos deberían aclarar de una vez por todas si los planes de guerra que tenían vigentes desde antes de comenzar el proceso de paz siguen en pie. Utilizar la información proveniente de la inteligencia para fines políticos no debe ser la base para que el presidente Santos impulse su campaña por la reelección.

Pero no solo el gobierno de Santos ha caído en la trampa de utilizar la información de inteligencia con réditos políticos. El uribismo se ha dedicado a utilizar información de inteligencia militar –que le llega vaya uno a saber por qué–, para torpedear el proceso de paz. 

Esa fue la intención que hubo cuando Francisco Santos, siendo director de RCN develó que el gobierno y las Farc habían firmado un preacuerdo a escasas horas de que este había sido finiquitado. Pacho obtuvo una información de inteligencia que acabó en un segundo con un proceso que se había logrado mantener en secreto por espacio de más de un año. 

Para no hablar de que el expresidente Uribe publicó en su Twitter las coordenadas previstas para el traslado de Pablo Catatumbo hacia La Habana, o cuando aparecieron en el portal de Primero Colombia las aerofotos sobre actos terroristas cometidos por las Farc que solo capta inteligencia o cuando se publicaron las de los negociadores de las Farc en un yate en La Habana.

Una información de inteligencia siempre es sensible y si se maneja mal, puede llegar a generar sucesos tan lamentables como el magnicidio aún no resuelto de Álvaro Gómez. Y en esta coyuntura tan difícil en la que se inicia una campaña que tiene al país polarizado entre los que quieren el proceso de paz y entre los que lo quieren acabar, el manejo que se le dé a la información de inteligencia es crucial. Mal utilizada puede crear percepciones falsas y abrirles espacio a manipulaciones políticas que podrían aniquilar los anhelos de paz de todo un país.
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