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Opinión

  • | 2013/12/07 01:00

    ¿Cuándo le van a pedir perdón a Bogotá?

    Fue un plan largamente pensado. Jugaron con la salud y la vida de los pacientes. Es la más infame de las corrupciones.

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Pregunto: ¿Algún partido político le va a pedir perdón a los habitantes de Bogotá por el inmenso saqueo de que fue objeto la ciudad en la administración de Samuel Moreno Rojas? ¿Algún grupo político le va a decir a la ciudad qué medidas va a tomar para que esto no vuelva a ocurrir?

Estamos en una campaña electoral en la que líderes de los partidos que hicieron parte de la coalición que gobernó la ciudad pondrán su nombre a consideración de los electores y otra vez ofrecerán representar los intereses de la capital del país en el Congreso o en la Presidencia de la República. Luego, muy cerca, en las elecciones de 2015, estará en juego la Alcaldía y el Concejo.

Los partidos políticos no pueden pasar de agache. No pueden guardar silencio ante semejante cadena delictiva. No pueden hacer como si no fuera con ellos, como si los únicos responsables fueran los hermanos Moreno Rojas, los Nule, la docena de contratistas, los funcionarios, los concejales, en forma individual.

Los medios de comunicación, los columnistas, las organizaciones ciudadanas, los militantes rasos de los partidos, no pueden permitir eso. Tienen que alzar la voz hasta que los partidos implicados citen a eventos especiales donde se examine el caso, se saquen lecciones y se entregue un informe especial a la ciudadanía, encabezado por una petición de perdón.

Las confesiones del exsecretario de Salud Héctor Zambrano llenaron la taza. Da escalofrío leer lo que le ha dicho a la Fiscalía. La manera como les repartió a los concejales los principales hospitales de la ciudad para que nombraran a su antojo a los directores y saquearan los recursos. Fue un plan largamente pensado. Fue una conspiración entre los grupos políticos y el alcalde. Quebraron la mayoría de los hospitales. Jugaron con la salud y con la vida de los pacientes. Es la más infame de las corrupciones.

Lo mismo habíamos leído en esta revista hace ya muchos meses, cuando se logró desenmarañar la trama tejida por el alcalde, su hermano el senador Iván Moreno Rojas y un puñado de intermediarios para repartirse las obras de la ciudad. En un artículo tan triste como memorable se podía ver que tenían una especie de comité central que se reunía periódicamente para tomar decisiones sobre los contratos, establecer el monto de las comisiones y la manera como se debían pagar, también para planear estrategias de ocultamiento. Nada era improvisado.

La principal responsabilidad le cabe, desde luego, al Polo Democrático Alternativo y su actitud ante los hechos ha sido francamente decepcionante. La excepción fue Gustavo Petro, quien inició la denuncia. Los demás líderes guardaron silencio en un principio, o dijeron que debían esperar las decisiones judiciales. 

Después hablaron tímidamente del caso en sus instancias éticas y, ante el cúmulo de evidencias, obligaron a que los hermanos Moreno Rojas se separaran de la colectividad. No se habló más del asunto. Pero las investigaciones siguen su marcha y cada día aparecen otros militantes de esta colectividad implicados en la trama.

Quizá las directivas de este partido digan que me he sumado a la vocinglería de la derecha para estigmatizarlos. Pero mi motivación es bien distinta. En estos días estuve en un evento en el que Jorge Londoño de la firma Gallup presentaba las encuestas de los últimos años y señalaba como, poco a poco, la corrupción se había instalado como la principal preocupación de los colombianos, más que la violencia, más que la pobreza y el empleo.

Recordó que en las elecciones de 2010 los sondeos de opinión, en algún momento, daban como ganador a Mockus porque simbolizaba la figura más decidida contra la corrupción y la trampa. La ética va a pesar cada día más en la acción política. El impresionante registro del voto en blanco en las encuestas tiene que ver con eso, con la indignación y el repudio frente a la corrupción y al vacío ético. Es una señal que la izquierda no puede ignorar.

Lo mejor, lo más digno, es que el Polo tome la iniciativa en la reflexión sobre estos hechos y en la petición de perdón. Así le envía un mensaje a los demás grupos que lo acompañaron en el gobierno. Así le sale al paso a los ataques que vendrán por estos vergonzosos acontecimientos en la próxima campaña electoral.
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