Lunes, 20 de octubre de 2014

| 2013/05/17 00:00

¡Comenzó lo bueno!

Con la temprana largada de la campaña presidencial, los desafíos no son sólo para Santos, será la hora para que el uribismo se sacuda.

Hagámoslo simple: la campaña política se adelantó. Juan Manuel Santos ha anunciado que quiere reelegirse, pero su decisión está condicionada a que las encuestas lo favorezcan de aquí a noviembre. Si su popularidad se mantiene y el desarrollo del proceso de paz se lo permite, Santos hará oficial su aspiración ese mes. Por el contrario, si su imagen cae y el presidente siente que corre el riesgo de perder, preferirá entregarle la antorcha a Germán Vargas Lleras.

Hasta ahí la cosa parece bastante clara. Sin embargo, aterrizar los planes políticos, instrumentarlos y volverlos realidad es todo un reto para quienes ostentan el poder, y un desafío enorme para quienes, desde la otra orilla, intentan recuperarlo.

Revivir la fundación Buen gobierno es inicialmente una buena idea para Santos. Le permite mantener la sensación de que no está casado con un solo partido político, sino que quiere seguir con su esquema de unidad nacional multipartidista. 

No obstante, poner en la presidencia de la misma fundación a quien es el jefe natural de uno de los partidos de la coalición, como Germán Vargas Lleras, resulta bastante más problemático. 

No me imagino a Simón Gaviria, o a Roy Barreras, o a Armando Benedetti accediendo tan fácilmente a una coordinación de Vargas Lleras, mucho menos permitiendo que este les dé órdenes o les diga lo qué tienen que hacer de cara a la reelección.

El éxito de la segunda campaña de Uribe consistió en que ni Vargas Lleras mandaba a Juan Manuel Santos ni estos dos estaban por encima del jefe del Partido Conservador de entonces. Personajes ajenos a las estructuras tradicionales partidistas como Fabio Echeverri y Alberto Velásquez mantuvieron el equilibrio siempre entre la coalición uribista y eso permitía una relativa armonía.

Tampoco será fácil para el presidente convivir con el manto de duda que los opositores tenderán frente a cada acto, uso de bien público o entrega de subsidios que despliegue. Tanto el Polo como el Centro democrático ya comenzaron a exigir garantías y a cuestionar la falta de igualdad.

Pero con la temprana largada de la campaña presidencial, los desafíos no son sólo para Santos. Será la hora para que el uribismo dubitativo se sacuda. 

El expresidente Uribe tendrá que apurar su anuncio formal de liderar la lista al Congreso, y los precandidatos deberán renunciar a la idea de una consulta popular que sólo se puede ejecutar el año que viene, cuando resulte demasiado tarde. 

Como el mecanismo de la encuesta tampoco los convence, la opción más realista sería una especie de conclave con buena representación regional y una votación exprés que permita ungir a un candidato único lo más pronto posible.

    

Con la largada que dio el primer mandatario, arrancó uno de los procesos electorales más dinámicos –y más inciertos– de las últimas décadas. Su inevitable cruce con el proceso de paz actual hace que en el 2014 escojamos algo más que un presidente; se trata de decidirnos por un modelo de país con el que tendremos que lidiar varios años más.

Twitter: @JoseMAcevedo 

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