Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2008/03/12 00:00

Comer, beber y ser mirado en Bogotá

Si de ir a almorzar un sábado o un domingo y disfrutar un excelente asado, ¿cómo escoger, digamos entre El Humero o Andrés Carne de Res, ambos localizados en Chía?.

Comer, beber y ser mirado en Bogotá

A diferencia de la música o las películas que se pueden clasificar como buenas o malas, no ocurre lo mismo con un restaurante. La comida puede ser buena, pero pésimo el servicio, o malo el servicio y la comida pero el restaurante es buen lugar para hacer “contactos” así sean solo visuales. Simplificando, al escoger un restaurante, hay que considerar al menos las siguientes características:

-Calidad de la comida.
-Relación precio/calidad.
-La reverberación permite hablar? –O esto no es importante.
-Veré gente “importante” o me verán? –O al contrario.
-La presentación de la vajilla y la comida demuestran que el chef tiene alguna dote artística.
-La cadena dueño, administrador, chef, cocineros, maitre, meseros y clientes puede caracterizarse:

a.) Snobistas.
b.) Conocedores.
c.) Gourmets.
d.) Gourmand – Bon Vivant
e.) No aplica.

En muchos restaurantes la comida no es lo más importante. Todavía recuerdo la frase aplicada al restaurante Tramonti “Excelente vista, lleve a sus amigos en especial si son extranjeros, pero abstenerse de comer”. No sé si en los últimos 10 años habrá cambiado. Un excelente restaurante Salinas, era frecuentado, en la última crisis financiera por algunos comensales que decían, hay que ir allí al menos quincenalmente, para que no crean que me quebré, o me volé.

Los comensales que frecuentan El Bellini, que ofrece una pasta aceptable, no lo hacen pensando en la relación precio/calidad, o en la posibilidad de conversar. Existen mejores restaurantes de comida italiana, no tan “IN”, y en los cuales la acústica permite conversar, al Bellini, se va para que lo vean o ver.

Si de ir con la familia o amigos a almorzar (y subrayo almorzar) un sábado o un domingo y disfrutar un excelente asado, ¿cómo escoger, digamos entre El Humero o Andrés Carne de Res, ambos localizados en Chía?. La diferencia es que en Andrés puede obtenerse o no, un certificado de aceptación político-social, económico o de farándula y en el Humero no. El obtener ser llevado a los salones VIP de Andrés puede ser un aliciente para saber si se ha avanzado o no en la difícil meta del éxito en la vida.

Aún se recuerda con nostalgia buenos restaurantes, hoy desaparecidos Hotel Continental, que refutaba el dogma de nuestros padres “la comida de los hoteles no es buena”. El Gran Vatel, localizado en el barrio Las Nieves, no el de los “caballos-mulos” de Villa Adelaida. El Tío, El Americano, La Reserve. Por el contrario no hay que lamentar el cierre del Hotsuhana que cobraba precios más altos que en Tokio, y servía en vajilla de plástico.

Existe una red que informa de buenos restaurantes de precios y público populares. Sin embargo he tomado la decisión de mantenerlo en secreto, para evitar que al masificar la información, el restaurante baje la calidad. Este tema no es infundado. Voy a citar algunos ejemplos.

Existía en la Avenida Suba un excelente restaurante chino, el chef había sido cocinero de la embajada, los platillos y sus ingredientes solo eran comparables a los restaurantes de China Town de Nueva York, y su precio menos de la mitad de los mejores restaurantes chinos de Bogotá. D´Artagnan resolvió escribir, diciendo la verdad, sobre ese restaurante de barrio y de conocedores, se aumentó la clientela, se bajó la calidad, y se cerró. La reducción de calidad en los restaurantes chinos es crítica, así como es buena la buena comida china, la regular es muy mala.

La Paella del Hotel Melia de la 116, era muy buena, y el toque de jerez que le añadían la hacía aún mejor, una nota periodística informando sobre la excelente relación calidad/precio, es posible que haya definido que la última vez que fui, el servicio y la comida se hubieron deteriorado en forma alarmante.

Uno de los mejores restaurantes peruanos, Mi Perú cuyas modestas instalaciones se compensaban con un menú exquisito, o un precio que si bien reflejaba el costo de los ingredientes, no fue inmune a una nota elogiosa, si bien no ha disminuido la calidad los precios se elevaron a niveles de los de Nazca y Sipán, que tiene que amortizar y mantener sus buenas instalaciones.

Me haría interminable mostrando ejemplos de un mal común “No resistir un basucazo al ego”. Por esto de muchos buenos restaurantes de barrio, algunos similares a los paladares cubanos, no escribiré, para no “atentar contra mis derechos”.

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