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Opinión

  • | 2008/03/20 00:00

    Comidas callejeras en la mira

    Una investigación en Barranquilla encontró que el 64 por ciento de los alimentos comprados en 17 puntos de la ciudad contenían hasta 1.200 coliformes por gramo contra menos de tres que establece la norma ISO.

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Es doloroso hacer esta advertencia pero los turistas que lleguen al Caribe tanto como nosotros, los residentes, debemos abstenernos de consumir alimentos procesados en la calle (arepas, empanadas, jugos de fruta, ensaladas, chicharrones, chorizos), los producidos y empacados de forma artesanal sin registro de sanidad (platanitos, papas, pan de yuca, diabolines) y las frutas peladas de jugosa apariencia.
 
Los cárnicos ofrecen alto riesgo por acción cancerígena por el uso inadecuado de nitrosaminas como conservantes. Todos pueden estar contaminados con coliformes (materias fecales) o bacterias mortales como la salmonella y el staphylocus y el microbio de la tuberculosis (contagio cuando soplan la bolsita plástica) como resultado de la cadena alimenticia.
 
Esta se inicia en el cultivo inadecuado, pasa por el transporte y comercialización a cielo abierto de la materia prima y su manejo descuidado en la cocina, a lo que se suma el efecto nocivo ambiental y las altas temperaturas.

Solamente en Barranquilla, una investigación realizada la semana pasada por el periódico El Heraldo, la Asociación Colombiana de Ingeniería Química, capítulo local, y el Laboratorio Microbiológico de Barranquilla, reportó que el 64 por ciento de los alimentos comprados en 17 puntos de toda la ciudad contenían hasta 1.200 coliformes por gramo contra menos de tres que establece la norma ISO22000 del Invima para seguridad alimentaria.

Llama poderosamente la atención que diez de esos sitios están frente a universidades privadas (Corporación Universitaria de la Costa, Universidad Simón Bolívar) y las clínicas Caribe y del Norte, estrato seis, en los mejores barrios de la ciudad.

Se explica, según profesionales de ambos sectores, porque la Ley 100 popularizó los servicios médicos a través de las EPS y el afortunado acceso a la academia, vía beca politiquera, de jóvenes provenientes de familias de muy escasos recursos. Y allí encuentra una importante clientela el comercio informal de alimentos: los menos por golosos, otros porque es lo único que pueden adquirir para comer y otros porque sus actividades laborales o académicas requieren de comedores populares de comida rápida y precio bajo.

Los proveedores son personas con conocimiento empírico del manejo de alimentos, madres cabezas de hogar, desempleados, jóvenes sin acceso a la educación y desplazados dedicados al rebusque culinario o informalidad laboral, que en su mayoría procesa sin precauciones ni condiciones de higiene ni seguridad, no han recibido capacitación alguna, desconoce o no obedece políticas de saneamiento de plagas, manejo de residuos ni posee servicio sanitario y luego vende sin medidas de conservación adecuada (neveras viejas o sin refrigeración ), no usan guantes, ni gorros ni delantal.

Ante el aterrador informe la autoridad distrital del sector reaccionó ofreciendo mano dura contra los vendedores callejeros, invitando a los procesadores a talleres de manipulación de alimentos de la Oficina de Salud Publica y solicitando a la población que exija la licencia a los locales establecidos y se abstenga de consumir productos callejeros, y anunció, una vez más, comedores populares con capacitación y asesoramiento reconociendo que es el medio de subsistencia de una inmensa cantidad de personas tanto como el resuelve de miles de personas que necesitan el servicio de comida rápida y barata.

Amanecerá y veremos, porque si sucede en Barranquilla también en el resto de ciudades de la región y ojo, en las fritangas, estaderos y comederos del interior del país. Mientras tanto y como medida preventiva esta alerta para residentes y turistas en la temporada de la Semana Mayor, porque en las playas y romerías religiosas apetecen mucho el guarapo y los jugos de fruta superfríos o el raspao y es difícil sustraerse al atractivo de la empanada calientita, una arepa con huevo o distraer el hambre con unos pandeyuca tostaditos. Como también a una longaniza, un chicharrón, una arepa de cholo y los jugos de las carreteras que desde el interior los conducen a la costa.

El problema es nacional y debería intervenir el Ministerio de Salud, pues solamente en Barranquilla se conocieron 280 casos de intoxicación grave con hospitalización y complicaciones durante 2007, asociados a las temporadas de vacaciones de julio y diciembre, pero hay miles mas en todo el país que logran controlar en casa la diarrea, los vómitos y la fiebre acompañada de escalofríos y calambres musculares. losalcas@hotmail.com




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