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Opinión

  • | 2006/09/02 00:00

    ¡Cómo cambian los tiempos!

    “Gabo, en su libro ‘Memorias de mis putas tristes’, sacó del clóset esa palabra también impronunciable”

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Sí. Es frase de abuelita. O mínimo de mamá. Pero cómo es de cierta, ahora que se ha puesto de moda la novela de Gustavo Bolívar (un libro muy malo con una historia muy buena), sobre unas niñitas pereiranas novias de unos traquetos, que tiene de boca en boca una palabra que hasta hoy era socialmente prohibida.

El libro se convirtió en el guión de la que ya se vislumbra como una de las series más exitosas de la televisión colombiana, y la palabra en cuestión, que le sirve de título tanto al libro como a la serie, fue la más pronunciada la semana pasada en Colombia.

No se hablaba de otra cosa. La palabra se utilizó para la carátula de Cromos, para la de la nueva revista Don Juan, en varios artículos de El Tiempo y durante siete horas ininterrumpidas en el programa de Julio Sánchez en La W.

A partir de entonces, la pronuncian sin ruborizarse cada noche, ante cinco millones de televidentes, todas las niñas de la farándula que despiden los noticieros. Y apuesto a que en los colegios su uso dejó de circunscribirse entre susurros a los baños, el único lugar posible de pronunciar el término prohibido, so pena de una expulsión segura.

La palabra, mejor dicho, entró en sociedad.

Y yo creo que en ello influyó desde luego el título de la última novela de Gabo, Memorias de mis putas tristes, que sacó del clóset esa otra palabra también impronunciable, que sólo se oía entre hombres jugando póquer, pero que hoy está traducida a todos los idiomas del mundo y se exhibe en las vitrinas de las librerías como si toda la vida se hubiera utilizado en las veladas familiares alrededor de la mesa del comedor.

La polémica se ha centrado en torno al título del libro y de la serie: ¿Será cierto que sin "eso" no hay paraíso?

Las niñas entrevistadas por Cromos y por La W contestaron que sí. Que sí hay paraíso. Pero casi sin excepción, todas aceptaron haber sido operadas, la mayoría por razones profesionales como el modelaje (donde para ellas, no nos digamos mentiras, queda el paraíso). Y hasta hubo una que lo hizo por amor (donde también queda el paraíso): se lo pidió su esposo, que consideraba a su mujer demasiado 'plana'.

Luego, "eso", cuando tiene el tamaño deseado, debe dejar el paraíso bastante alcanzable, para que nos entendamos.

En la época de mi mamá, por ejemplo, a "eso" se le decía "poitrine" (que se pronuncia puatrín ). Este giro afrancesado sacaba de problemas a las mamás a la hora de comprarle el primer brasier a su hija. Con esa "poitrine" yo cumplí los 15 años, aunque en esa época mis amigas y yo hablábamos de "pepettes" (pronunciado pepéts). Poco a poco, las más lanzadas comenzaron a hablar de las "teclas", simpática licencia musical, y algunas más audaces las bautizaron las "puchecas", término que ha sobrevivido y hasta se ha generalizado con el paso del tiempo.

Las señoras corrientes acostumbran a hablar de "senos" o del "busto" a la hora del té.

Pero la sección de frutería se puso en algún momento de moda. A algunos les dio por llamarlas "guanábanas", asociándolas con la textura lechosa de la fruta que seguramente recuerda la función maternal, y no sólo sexual, que cumplen. Otros les dicen "limones", sobre todo si la que las lleva está en el rango de las adolescentes. "Melones" se las llama cuando son como las de Pamela Sue Anderson.

Y saliéndonos del salpicón, me dicen que en el Gimnasio Femenino les dicen "las margaritas". Los viejitos, no necesariamente verdes, les dicen las "pupuruchas". Las abuelitas las llaman las "maruchas" o las "marías", y las tías solteronas les dicen las "teresas".

El "mezanine" es un término que se escucha con frecuencia entre socios del Jockey o del Gun Club.

En Pereira, antes de que se popularizara la novela, les decían "pechugas".

Entre adolescentes hombres se las llama "teteros" o las chi-chis, mientras entre adolescentes mujeres se las conoce como las "lolas". Pero si la niña viene de colegio bilingüe estrato 6, se les dice las "bubis", término con fuerte influencia mexicana.

Entre taxistas se las conoce como "la delantera" de una mujer. Alguien me contó que en los Llanos les dicen "las guayumbas".

Los médicos hablan de "mamas", que es el término más temido por las mujeres porque normalmente está asociado al temido cáncer de la zona.

La suegra criticona le dice al hijo que está saliendo con una niña de mucha "pechonalidad" para indicarle claramente que ella no gusta. En la Costa las mamás se ilusionan con que a la niña ya le están saliendo sus "corocitos", en Boyacá, sus "piruchas"; en Popayán, sus "nenas".

Los hombres, jugando tejo, les dicen las "ubres", mientras Daniel Samper Ospina, el director de Soho, debe hablar de los "pezones" a la hora de ordenar el desnudo de la próxima carátula de la revista.

Sé que hasta se les dice las "chocolatinas" o los "ojazos" y hasta las "repisas". E incluso en La W, Alberto Casas hablaba de las "orejas", antes del maratónico programa que le dedicaron en la emisora a la averiguación de qué tan cerca estaba el paraíso de este atributo femenino.

De mi parte, tengo que confesar que a mí todavía la palabra pronunciada públicamente me golpea.

Y considero mucha gracia, para qué, haber logrado escribir esta columna sin pronunciar ni una sola vez la palabra "tetas".


ENTRETANTO… ¿Será cierto que la espantosa costumbre de la 'lluvia de sobres' ya no sólo se usa en los matrimonios, sino también en las fiestas infantiles y hasta en las primeras comuniones?.
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