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Opinión

  • | 2001/10/08 00:00

    ¿Cómo crear empleos?

    El desempleo no le preocupa al gobierno, ni a los empresarios, ni a los congresistas. Y los candidatos no pretenden hacer: su oficio es ofrecer

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Se nos estA convirtiendo en una manía. Cada vez que el Dane publica la tasa de desempleo, el gobierno anuncia medidas “de choque”, los gremios piden la reforma laboral, los sindicatos proponen cambiar de “modelo”, el Congreso cita a un debate, los candidatos prometen... y la gente se sigue quedando en el asfalto.

Es porque el desempleo no le preocupa de veras al gobierno: le preocupa el déficit fiscal. A los empresarios tampoco les preocupa: les preocupa el costo de la mano de obra. A los sindicatos no les interesa: les interesa mejorar el salario. A los congresistas tampoco les concierne: les concierne defender sus maquinarias. Y los candidatos no pretenden hacer: su oficio es ofrecer.

Así que, más allá de los argumentos esotéricos sobre la elasticidad-precio del factor trabajo, la “histéresis”, o el “índice Heckman de rigidez laboral”, el desempleo no disminuye por una simple razón: porque no se hace nada para disminuirlo.

Es más, ni siquiera se trata de disminuirlo: cada quien empuja su propia agenda y busca consultores para que digan porqué esa agenda va a crear empleo.

—Así pasa con los 2.000 millones de pesos que el gobierno “aporta” para el plan, 1.500 de los cuales son en efecto un nuevo salvavidas para la banca y el resto es ejecución atrasada del Plan Colombia.

—Así pasa con la reforma laboral, que según los optimistas (y si fuera integral) generaría hasta 320.000 empleos en cinco años (cuando hoy tenemos 2.853.426 desocupados); que, según los pesimistas, deterioraría los pocos empleos buenos y que, según los realistas, nació muerta.

—Así pasa con el paquete de la CTC, la CUT y la Cgtd, incluido aquello de “renegociar la deuda externa”, “reducir el IVA”, “proteger el medio ambiente” o “incrementar los salarios para estimular la demanda interna”.

A grandes males, pequeños remedios, cuando no remedios que agravan el mal: a eso se ha quedado reducido el debate nacional sobre el empleo. Y sin embargo, después de las elasticidades, la “histéresis” y los índices, en la literatura económica hay bastante claridad sobre cuáles factores —y en cuál orden— hacen que el desempleo tenga más o menos incidencia en distintos países. Para destacar las cuatro principales:

—Definición del derecho (y el deber) de trabajar como ingrediente esencial de la “ciudadanía”. Aun en medio de su actual debacle, es el caso de Japón frente a Estados Unidos, el de Estados Unidos frente a Europa, el de Italia frente a Suecia, el de Mauricio frente al resto de Africa, el de Singapur frente a los “tigres”, el del estado de Kerala frente al resto de India, el de Chile frente a América Latina: mientras aquí no importa el desempleo, hay sociedades donde no se tolera.

—Crecimiento económico sostenido. Aunque acá entran los enredos de elasticidad (qué tanto empleo por unidad de producto) histéresis (efecto retardado) y excepciones (la Unión Europea no creó ni un solo puesto de trabajo adicional entre 1973 y 1996), es claro que sin crecimiento no hay empleo. Por eso la política de recesión autoinfligida que desde 1995 vienen aplicando el Banco y los ministros, es la causa directa y principal del aumento en la tasa de desempleo y la precarización del empleo en nuestro medio.

—Educación para el trabajo y la competitividad. Como Nueva Zelanda, Corea o Costa Rica, la idea es adquirir competencias laborales genéricas o específicas, no sumar horas-nalga ni fabricar “doctores”. La idea es abrirse al mundo como exportador, no como importador. La idea es exportar bienes y servicios cerebro-intensivos en vez de sacar petróleo y meter coca.

—Empleo mínimo. Con un costo fiscal (cuestión de prioridades) y con cierto cuidado en el diseño (cuestión de aprovechar la vasta experiencia internacional), los programas de “emergencia”, mejor aún, los de “empleo garantizado” son un medio eficaz —y digno— para combatir la pobreza que sigue al desempleo. Cierto que “Empleos en Acción” —parte del Plan Colombia— está bien diseñado; pero generaría sólo 32.500 puestos y dejará por fuera los grandes centros urbanos.

De modo pues que no estamos haciendo lo que toca ni hablando de lo que toca. No tanto por no saber qué es lo que toca, sino por hacerles el quite a los problemas que toca.
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