Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2008/03/17 00:00

¿Cómo le fue a las mujeres en la Cumbre de Río?

El comentario de Cristina Kirchner nos muestra lo arraigado que está el estereotipo que sitúa a las mujeres en un campo despectivo y a los hombres en otro superior al femenino.

¿Cómo le fue a las mujeres en la Cumbre de Río?

La intervención de Cristina Kirchner en la Cumbre de Río fue presentada por los medios como el momento a partir del cual la reunión cambió de tono. En la mayoría de los noticieros y periódicos de la región, apareció como un triunfo de las mujeres: “Pensar que nos acusan a las mujeres de histéricas”, tituló el periódico El Siglo de Tucumán, Argentina y según diarios en Colombia, República Dominicana, Venezuela y Argentina entre otros, la presidenta hizo una fuerte defensa de la mujer.

Sin embargo, ¿es realmente una defensa de las mujeres? La respuesta dependerá de la perspectiva que asumamos frente a las relaciones entre hombres y mujeres. Empecemos por la perspectiva de la propia Presidenta Kirchner quien desde su campaña negó tener una agenda feminista. Es más, en su intervención pide perdón por hablar desde el género y pasa a mostrar su sorpresa ante la desviación del estereotipo que se había presentado en la cumbre: los hombres estaban actuando irracionalmente y las mujeres (solo dos en la reunión) con cabeza fría.

Para quienes piensan que debe existir igualdad entre mujeres y hombres, su participación podría entenderse como un llamado a la racionalidad de todos. En otras palabras, no es que los hombres sean más racionales que las mujeres, en este caso estamos hablando de jefes de estado a quienes se les exige cordura en cualquier situación independientemente de sus características biológicas.

Habría otro grupo de personas que consideran que los hombres y las mujeres no son iguales y que lograr su igualdad es un espejismo y un ideal no deseable. Desde esta perspectiva, el problema no es que las mujeres y los hombres no sean iguales, el problema es que lo que se valora socialmente son los atributos masculinos y lo que se menosprecia son los femeninos. En este sentido, estas reuniones se desarrollarían de una manera más honesta si se aceptara la irracionalidad y la pasión. El llamado entonces habría sido a reconocer la diferencia, valorarla y aceptarla como parte de la dinámica social.

Por otra parte, para quienes consideran que las diferencias entre hombres y mujeres son imposibles de separar claramente, el comentario podría interpretarse generosamente como un paso para reconfigurar la distribución de poder en la sociedad. En esta línea de argumentación, todos tenemos características masculinas y femeninas e intentar asignarlas como propias de los hombres o de las mujeres es un error que sólo lleva a disciplinar el tipo de comportamiento aceptable –los hombres no pueden actuar irracionalmente o las mujeres no pueden actuar con cabeza fría – y a castigar a los que se salen de la norma: los hombres que son muy dulces o las mujeres que son muy fuertes.

Independientemente de la perspectiva que se asuma, el comentario si nos hace pensar que todavía existe un camino muy largo por recorrer si nuestra agenda es la igualdad, la celebración de la diferencia o controvertir el esencialismo de género. Para quienes quisieran ver más igualdad entre hombres y mujeres, la composición de la cumbre nos muestra que la mayoría de los mandatarios del continente siguen siendo hombres. Para quienes quisieran que se valoraran más las características femeninas: solidaridad y capacidad de conciliación, el estilo, contenido y ritmo de la reunión mostraron lo contrario: individualismo y ver al otro como un adversario. Finalmente, para aquéllos que consideran que no existen características esencialmente masculinas o femeninas, el comentario de Cristina Kirchner y la manera como fue presentado por los medios de comunicación, nos muestra lo arraigado que está el estereotipo que sitúa a las mujeres en un campo (la mayoría de las veces despectivo como lo demuestra la frase misma) y a los hombres en otro (superior al femenino en cualquier caso).



* Helena Alviar García es Profesora de la Universidad de Los Andes, Directora del Doctorado y la Maestría de la misma institución y miembro fundador de Dejusticia.

Dejusticia (antes DJS) es un centro de pensamiento creado en 2003 por un grupo de profesores universitarios, con el fin de contribuir a debates sobre el derecho, las instituciones y las políticas públicas, con base en estudios rigurosos que promuevan la formación de una ciudadanía sin exclusiones y la vigencia de la democracia, el Estado social de derecho y los derechos humanos.





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