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Opinión

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Publicó esta revista hace 15 días un abanico de comentarios sobre Colombia firmados por extranjeros prominentes, con el pretexto de que "si el futuro del país depende de recuperar o mejorar la imagen es necesario tener un punto de partida". Es obvio que el futuro del país no depende de eso. Y algunos de los extranjeros consultados nos reprochan a los colombianos que seamos tan majaderos como para creerlo. Dice David Bushnell, 'colombianólogo' serio: "Ojalá los colombianos se preocupen menos de su imagen en el exterior y se dediquen a resolver sus problemas internos". Y con él coinciden un periodista de Univisión, otro del Boston Globe y el presidente de Amnistía Internacional. De los consultados por SEMANA, sólo uno piensa que lo de la imagen es fundamental: el presidente de la empresa de imagen Sawyer & Miller, que revela que si Colombia está mal es porque el gobierno actual no renovó su contrato de manejo de imagen con Sawyer & Miller.Muchos de los comentarios solicitados por esta revista resultan ser, como ese, simples anuncios. Algunos, disfrazados. Por ejemplo el magnate venezolano Gustavo Cisneros suelta nada menos que cuatro páginas de retórica bolivariana _inspiración irredenta, vida hemisférica, gran encrucijada, conjurar espejismos, emular a Prometeo, tapiz de la nacionalidad, generaciones presentes y futuras, embates de aguas turbulentas, umbrales del próximo milenio_ para, ya al final, recomendar que se contraten "los inagotables conocimientos de la empresa petrolera venezolana Pdvsa", de la cual no se sabe bien si forma o no parte del Grupo Cisneros. Pero otros son más descarados. El dueño de la CNN, que anuncia la CNN. La hija del dueño del Banco Santander, que anuncia el Banco de su papá. El presidente del Fondo Monetario Internacional, que anuncia el Fondo Monetario. El presidente del BID, que anuncia el BID. La señora del embajador Frechette, que anuncia su próximo libro. La cantante cubana Gloria Estefan, que anuncia todos sus discos. Un presentador de Televisa, que se anuncia a sí mismo. Un gurú del 'New Age', que promete rezar por "la gente bella y espiritual" que compre sus libros. Un profesor de la Universidad de Harvard que asegura que los cursos que él dicta son buenísimos. Tanto, que uno de sus alumnos, el colombiano Enrique Peñalosa, logró gracias a ellos un "liderazgo de estadista que benefició a la comunidad mundial entera" durante la Guerra del Golfo. ¿Increíble? El que no vende es porque no anuncia.Otros de los encuestados se limitan a decir boberías. El presidente de Panamá proclama al modelo puertorriqueño del anuncio cafetero de Juan Valdez como "el verdadero rostro de Colombia". Una famosa fotógrafa de personajes famosos manda una foto del pintor Botero disfrazado de torero que parece un montaje (y que, en su significado, lo es). Un Rockefeller cuenta que los Rockefeller son íntimos amigos de los Santo Domingo. Un antiguo asesor del presidente Nixon que estuvo preso por tramposo aconseja leer mucho la Biblia. Un ex ministro británico habla de la Legión Británica, confundiendo la batalla de Boyacá con la del Pantano de Vargas. Un ex jefe de la DEA dice que don Quijote de la Mancha era un cantante country norteamericano. Otros más hablan de cosas que no tienen nada qué ver con el tema propuesto. La actriz Elizabeth Taylor dice que el sida es peligroso en su país. El director de The Economist opina sobre Diana de Gales. El historiador inglés Malcolm Deas explica cómo se distinguen las clases sociales en Inglaterra de acuerdo con lo que leen en los periódicos. El periodista Andrés Oppenheimer explica cómo ven a México desde Miami. El novelista peruano Vargas Llosa ataca a Fujimori y a Fidel Castro, y les pone a sus obsesiones color local colombiano mencionando de pasada "el cielo diáfano de Bogotá". Más acertado resulta el guitarrista del grupo de rock Guns & Roses, que se dio cuenta de que en Bogotá llueve en el mes de noviembre. Todos ellos, involuntariamente, ilustran la afirmación de David Marcus, periodista del Dallas Morning News y del Boston Globe: a los extranjeros "Colombia no les importa un comino".A unos pocos sí. El director de Amnistía Internacional, el de Human Rights Watch, y Rigoberta Menchú, hablan con seriedad y conocimiento de causa de los horrores de la violencia política que se vive en Colombia. Dos economistas de Harvard, desde el ángulo agudo del neoliberalismo, hacen un análisis riguroso de la situación económica. El ex presidente venezolano Carlos Andrés Pérez diagnostica con acierto que en Colombia la causa de la descomposición y la violencia es la desigualdad social. El cantante español Enrique Iglesias certifica que las mujeres colombianas son "las más guapas del mundo" y confirma, con perspicacia, que Miami es una ciudad colombiana, como Cali o Barranquilla. Y Lisa Palmer, vienesa, subastadora de arte en Christie's, es la única de todos los consultados que dice que nos ve a los colombianos tal y como los lectores de SEMANA quieren que los extranjeros nos vean: "Una finca repleta de ponys de polo, escenas de caza sobre la chimenea, sofás cubiertos de zaraza y antigüedades inglesas. Si no hubiera sido por el español que se hablaba en la mesa podría haber estado visitando una casa de campo en Gran Bretaña". Sumado todo y restado todo, todo eso es verdad. La finca sabanera, la violencia, las violaciones atroces de los derechos humanos, las bonitas cositas turísticas de Boyacá que menciona un turista suizo, el interés por Diana de Gales, el liderazgo de estadista universal de Peñalosa, la belleza de las caleñas, de las bogotanas, de las cartageneras, el ansia por saber qué piensan los Rockefeller de Julio Mario Santo Domingo. Todo eso es Colombia. (Creo, sin embargo, que la subastadora de Christie's miente piadosamente cuando dice que en la mesa se hablaba español: se hablaba inglés, por supuesto, con algunos toques de francés: "champagne", lomito "à point"). Y también es muy colombiano preguntarle qué es Colombia a gente que no lo sabe, para ver si así los colombianos conseguimos saberlo. "Un acto de fe", dijo Jorge Luis Borges, que sin ningún escrúpulo respondía cualquier pregunta, y que no tenía la menor idea al respecto.Y sin embargo nada de eso importa. O es obvio, o es idiota, o es falso, o ya lo sabíamos. De todas las 40 opiniones que publica SEMANA sólo cuentan de verdad cuatro o cinco, de cuatro cinco norteamericanos. La de Joe Toft, ex agente de la DEA. (Pero los agentes de la DEA, como los de la CIA, lo siguen siendo hasta la muerte, o hasta el momento en que se descubre que están a sueldo de una potencia extranjera). Dice el señor Toft, como lo dijo hace tres años, que lo que hay en Colombia es una "narcodemocracia". Sigue teniendo razón. La de Dan Burton, miembro del Congreso norteamericano, dice que lo que hay en Colombia es una narcoguerrilla. Cierto o falso, no importa: lo que importa es que lo dice un congresista norteamericano. Y a lo mejor lo cree. La de Benjamin Gilman, otro congresista norteamericano. Dice que lo único bueno de Colombia es la Policía. No importa si eso corresponde o no a la realidad: pero lo dice un congresista norteamericano. A lo mejor no lo cree, pero como lo dice, se publica.Y, sobre todo, la de un señor llamado Daniel Fisk, a quien esta revista le da para exponerla nada menos que seis páginas. La opinión de Fisk (léanla, por favor, pues es difícil resumirla) es un delirio integrista y fundamentalista según el cual toda Colombia es una invención de los narcotraficantes para hacerles daño a los niños del señor Fisk, que tal vez ni siquiera los tiene. El señor Fisk es, dice esta revista, ex subsecretario de Estado del presidente Bush, ex funcionario del Pentágono y ex "mano derecha" del senador Jesse Helms para lo que los norteamericanos llaman "el hemisferio occidental" _esa mitad del planeta en la que estamos nosotros_ y para el tema de "narcóticos" _o sea: para nosotros_. 'Ex': ya dije que no me fío de los 'ex' funcionarios norteamericanos. Y mírenle ustedes a Fisk, en la foto que publica esta revista, el gesto de arrogancia suficiente con que le da la mano al presidente Clinton. Sabe que quien manda es él. Y ¿qué manda? Que Colombia combata el narcotráfico.Otros dos norteamericanos opinan en esta revista al respecto: el historiador David Buhsnell, que dice: "Me da vergüenza la política de mi propio gobierno, presionando continuamente a Colombia a destrozarse más en la lucha contra el narcotráfico en la vana esperanza de que así contribuya a la resolución de los problemas nuestros". Y el periodista Brian Barger, de la CNN, que explica por qué a todos los funcionarios del gobierno de Estados Unidos les interesa que, para decirlo a la colombiana, "la hijueputa sea Colombia".
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