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Opinión

  • | 2012/09/29 00:00

    Compadre Miguel

    A Uribe parece no haberle molestado que su polémico amigo le llevara invitaciones de un buscado criminal.

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Miguel de la Espriella se ha movido por décadas en la frontera de la ilegalidad y varias veces la ha traspasado. De la Espriella –ex funcionario, ex representante y ex senador- ha cometido delitos, faltas disciplinarias, atropellos a la ética e indelicadezas a lo largo de su vida, sin perder por ello su influencia. Terminó condenado por la parapolítica pero mucho antes de que el término existiera, él gozaba de una indiscutida impunidad.

La primera vez que estuvo bajo los reflectores fue en 1994, cuando fue ponente en la Cámara del llamado ‘narcoproyecto’. Una iniciativa para dejar sin dientes a la justicia frente a los delitos de lavado de activos, enriquecimiento ilícito y narcotráfico.

No había pasado un año cuando el nombre de Miguelito, como le dicen sus allegados, volvió a salir a flote. Esta vez fue en el proceso 8.000 que investigaba la entrada de dineros del Cartel de Cali a la campaña presidencial de Ernesto Samper y de varios congresistas.

En su conocida indagatoria de 1995, el tesorero de la campaña liberal Santiago Medina reveló que Miguel de La Espriella recibió en Montería una avioneta con 180 millones de pesos en efectivo, en cajas envueltas en papel de regalo, provenientes del narcotráfico junto con camisetas y gorras que invitaban a votar por Samper.

La remesa multimillonaria – o la mitad de ella porque una parte se refundió en el transbordo- fue trasladada al campero de Miguel de la Espriella.

Nunca fue condenado por ese episodio. Otros, incluso parientes de Miguelito, terminaron en la cárcel por la narcofinaciación sin que él se hubiera despeinado. En diciembre de ese año andaba tan campante como siempre. Aprovechando los villancicos impulsó un proyecto de ley –conocido como el narcomico- que buscaba acabar con el proceso 8.000.

Cuando la situación se volvió escandalosa, retiró el narcomico explicando que lo hacía para “evitar que lo siguieran macartizando”.

Cuando el Partido Liberal se desprestigió -básicamente por la actuación de personas como Miguel de la Espriella,- él dejó atrás los restos rojos y de un salto sinuano se pasó a la causa de Álvaro Uribe para luchar juntos contra la corrupción y la politiquería. Uribe no tuvo reparo para recibir en sus filas a una persona con semejantes antecedentes.

A finales de 2001, el ya senador Miguel de la Espriella iba en su carro por Córdoba con el candidato presidencial Álvaro Uribe sentado a su lado. De pronto recibió una llamada de un ganadero que, según él, le pedía invitar a Uribe a reunirse con Salvatore Mancuso en la zona de Tierralta. Miguel transmitió la invitación al candidato para que se encontrara con el paramilitar.

A Uribe parece no haberle molestado que su polémico amigo le llevara invitaciones de un buscado criminal. En lugar de cortar de tajo la relación con el mensajero de los paramilitares, la estrechó como nunca. Hay decenas de fotos, posteriores a la invitación, que los muestran juntos.

En enero de 2003 ya siendo Presidente de la República Álvaro Uribe fue a Montería para asistir al lujoso bautizo del hijo menor de Miguel de la Espriella. El mandatario fue el padrino. Aceptó gustoso convertirse en compadre del hombre que un año antes lo había invitado a reunirse con Mancuso, el mismo del narcomico, del narcoproyecto, de la narcoavioneta y de otros sonados episodios. (Ver Foto Sociales del bautizo).

Incluso en 2007 cuando ya se había iniciado la investigación a Miguelito por parapolítica, fue llamado por el Jefe de Estado a la Casa de Nariño. En medio de una reunión privada con el Presidente, Miguel recordó la invitación de Mancuso que había transmitido años atrás. Agregando que Uribe no había querido ir porque eso le hubiera impedido ser presidente.

La versión le gustó tanto al entonces jefe de Estado que –tropicalmente- ordenó convertir la anécdota en un comunicado de prensa. (Ver Comunicado presidencia).

Ahora que Miguel de la Espriella asegura que Uribe sabía que los paramilitares respaldaron su campaña, una luz parece haber iluminado al ex presidente. Súbitamente vio lo que le había resultado confuso por tantos años. En furiosa arremetida de twitter rebautizó a su compadre. Ahora lo llama “Ladroncito de la Espriella”. (Ver Twitter de Uribe).
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