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Opinión

  • | 2014/08/16 00:00

    Comunicar también es gobernar

    Cada vez que en la campaña le preguntaron a Santos cuál había sido su mayor error en los primeros años de gobierno, no dudaba en contestar que se había equivocado en la forma de comunicarse con los colombianos.

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Cada vez que en la campaña presidencial le preguntaron a Juan Manuel Santos cuál había sido su mayor error en los primeros cuatro años de gobierno, el presidente no dudaba en contestar que se había equivocado en la forma de comunicarse con los colombianos. Sus allegados coincidían en el diagnóstico pero, a pesar de ser conscientes de su manifiesta debilidad, se la pasaron de ensayo en ensayo durante el primer periodo y los resultados no podrían ser más dramáticos. 

Creyeron que una visión estratégica de las comunicaciones de Palacio con el mundo exterior consistía en mantener unas relaciones cordiales con los directores de los medios y pare de contar. Hubo en la Casa de Nariño desde tipos tan alejados del país real como Juan Mesa –que mantuvo a Santos en una burbuja que terminó estallándose–, hasta loquitos tuiteros como Otto Gutiérrez, que creían que la mejor manera de neutralizar a los adversarios era dispararles por medio de las redes sociales.

Entretanto, una millonaria cifra se invertía en publicidad en los canales de televisión privados y las emisoras de radio sin generar mayor impacto. La estructura de la Consejería presidencial de las comunicaciones costaba demasiado y el fichaje de asesores externos también terminó saliendo mal.

Nunca hubo coordinación en materia de comunicaciones entre la Presidencia de la República y los ministerios y sus jefes de prensa, los mensajes se dispersaron y nadie tomaba las riendas para cambiar lo que estaba mal. Así, Santos llegó a la reelección herido de muerte y estuvo a punto de perder los comicios por confiar en un entorno de gente que se dedicó a proyectar sus intereses personales desde la Casa de Nariño sin pensar en su jefe y mucho menos en el país. 

Sin escuderos que se la jugaran por su obra de gobierno, el presidente terminó su primera Presidencia con más puntos suspensivos que resultados ciertos y los que hubo, por ejemplo, en materia de crecimiento económico y disminución del desempleo, nadie los notó por cuenta de la incapacidad del Gobierno para comunicar.

Nuevos aires llegan ahora a la Presidencia en estas materias. La entrada de la audaz Pilar Calderón, gracias a los buenos oficios de Gabriel Silva y otros amigos personales de Santos, puede cambiar en cierto modo el rumbo de las cosas. Pilar sabe que el reto es conectarse con la gente; tender puentes con directores de medios, pero también con reporteros y periodistas de las regiones del país. Cuando el presidente por fin entienda que el diálogo popular no lo reemplaza ni un millón de titulares de ciertos medios complacientes, entonces habrá dado un paso adelante y quizá sea Calderón quien pueda recordárselo.

Dicen que el criterio de selección de algunos ministros fue también ese de la comunicación. Y es que Santos va a necesitar funcionarios que se concentren en mensajes efectivos y que no salgan a dar entrevistas hablando de todo sin hablar de nada en realidad. 

Y que no se equivoque el Gobierno con los mensajes que envía a los mercados y a la inversión extranjera: cuando en pocos meses, Mazda traslada sus operaciones de Colombia, en una subasta de bloques de exploración pocos pujan y se pierde el interés de compradores por un buen activo como Isagén, algo o mucho de la confianza ganada se puede estar perdiendo y el presidente debe salir con liderazgo a contrarrestar esa impresión que lentamente va creciendo en la opinión pública.

Ojalá el presidente y los ministros entiendan, por fin, en este quinto año de administración, que comunicar también es gobernar.

***

En buena hora el presidente decidió acabar con la consejeritis en el país. Así lo pedimos en una columna que publicamos semanas atrás   

Twitter: @JoseMAcevedo 
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