Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2010/05/31 00:00

Con el agua al cuello

La imagen de un presidente que habla con una gallina que no existe y cree que los escándalos son un montaje de la mafia, no puede ser más lamentable.

Con el agua al cuello

En la entrevista que le concedió el presidente Uribe a Claudia Gurisatti el jueves pasado, en el programa La Noche de RCN, por primera vez vi al dueño del Ubérrimo visiblemente desconcertado y atribulado con la forma como su gobierno está llegando a su fin.

La periodista le preguntó qué opinión le merecían las últimas decisiones de la justicia que habían puesto a su guardia pretoriana más cerca de la cárcel que de la gloria y para mi sorpresa en lugar de irse lanza en ristre contra la periodista como ha sucedido en otras ocasiones, el Presidente contestó la pregunta pero de manera deshilvanada -un rasgo muy poco común en él- y sin que una frase tuviera que ver con la otra. Tampoco fue muy coherente a la hora de hacer las conclusiones. Según el Presidente, todos esos escándalos que se les endilgan a él y a su gobierno son producto de pagos de la mafia hechos con el propósito de desacreditar a su gobierno.

En otras palabras, que fue la mafia la que le volteó el voto a Yidis Medina; que fue la mafia la que le pagó a The Washington Post para desacreditar a su familia a y su gobierno, revelando presuntos vínculos de un hermano del presidente Uribe con grupos paramilitares; que fue la mafia la que se alió con SEMANA y la Fiscalía para montar el escándalo de las 'chuzadas' del DAS y que, por ende, la acusación que hace la Fiscalía General de la Nación a varios miembros de su guardia pretoriana de haber sido los instigadores y beneficiarios de esa operación criminal es otro montaje de la misma calaña. Si la mafia fue capaz de hacer todo esto, señor Presidente, hay que concluir que este gobierno ha sido tomado por la ilegalidad de manera irremediable y que Colombia es un Estado fallido.

Por la desesperación con que contestaba el Presidente era evidente que no entendía por qué el canal que más lo había mimado lo tenía ahora respondiendo un cuestionario que parecía un prontuario en lugar de estarle preguntando por sus logros en la lucha contra la corrupción y la politiquería, por sus triunfos históricos en materia de política social o por sus conquistas en materia de confianza inversionista y seguridad democrática.

Pero, repito, no solo lo vi desconcertado sino atribulado a tal punto que a lo largo de la entrevista fueron muchas las veces en que terminó hablando solo con una gallina imaginaria -la tal doña 'Rumbo'- a la que le habla como si la tuviera siempre al lado y a la que le da consejos de cómo cuidar los huevos que está empollando (y después dicen que Mockus es raro).

La imagen de un Presidente que habla con una gallina que no existe y que cree que todos los escándalos que le están aflorando son un invento y un montaje de la mafia para desacreditarlo no puede ser más lánguida y lamentable.

Pero no lo culpo: al presidente Uribe le sobran razones para que haya perdido el juicio y la razón al final de su mandato. Luego de la decisión de la Fiscalía de acusar de cohecho al ex ministro Sabas Pretelt, su reelección queda cubierta por el manto de la ilegitimidad. Es bastante probable que la Corte Constitucional en un nuevo pronunciamiento pueda decir que un hecho no conocido por ellos en el momento del fallo, como fue el que la reelección fue producto de un delito, los pueda llevar a revisar su propia decisión. Si esto sucede, su reelección sería ilegítima.
En cuanto a las investigaciones sobre los seguimientos ilegales del DAS a magistrados y a políticos opositores, la Fiscalía ha llegado a la conclusión de que se trata de una operación criminal que no fue hecha por simples segundones aliados con la mafia, sino que fue instigada por los círculos más cercanos de Palacio, los cuales a su vez fueron los beneficiarios de esa operación criminal.

Y en cuanto al caso del hermano del Presidente, Santiago Uribe, y sus presuntas vinculaciones con grupos paramilitares, historia que no es la primera vez que sale a la luz publica, es deber de la Fiscalía reabrir la investigación ya que se trata de un hecho nuevo. El ex coronel Meneses no solo se autoincriminó sino que dio nuevos elementos que tienen que ser corroborados por la justicia y serán los fiscales los que determinen si el testimonio es válido y no las descalificaciones del vicepresidente Santos.

En otras palabras: si Juan Manuel Santos gana estas elecciones me temo que su gobierno va a tener que invertir una buena parte de su tiempo en la defensa de su progenitor y en la de su inseparable gallinita imaginaria. Será un gobierno hipotecado a defender lo indefendible y a sustentar lo insostenible. Otra razón de más para no votar por Santos.

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