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Opinión

  • | 2011/06/07 00:00

    Con el carbón y el petróleo no se lavan las manos

    La locomotora de la economía es también la locomotora de los eternos inviernos y las nuevas sequías.

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En estas épocas de inviernos surrealistas, nos podemos dar cuenta de un proceso que en términos humanos es muy lento, pero que en términos de la vida de un planeta y su atmósfera, esta sucediendo sumamente rápido. Se trata del cambio climático. Ya quisiéramos saber cómo es este cambio, si quiere decir que tendremos inviernos así todos los años, o si mas bien tendremos sequías prolongadas. Lo único que se sabe es que por ahora habrá cambios impredecibles y que estos cambios nos afectaran por todos lados: por el lado de la vida y la muerte, por el lado de nuestros hogares y nuestras vías, y por el lado de nuestra economía también.

Con relación al cambio climático la opinión en Colombia tiende a ser bastante unánime: esa cosa parece que es de verdad y es una cosa seria, pero no es nuestra culpa ya que la mayoría de nuestra electricidad es limpia y viene de plantas hidroeléctricas. Además, se dice, tenemos nuestros bosques y en términos de emisiones de dióxido de carbono estamos muy por debajo de la mayoría de los países, sobretodo de los desarrollados. En breve: que vaina, pero: la verdad es que no es nuestra culpa.

Si el cambio climático es un fenómeno natural, lo cierto es que desde la revolución industrial se ha acelerado y ahora afecta muchos ecosistemas de forma irreversible. La razón principal es que estamos sacando mucho del dióxido de carbono que está en nuestros suelos y lo estamos dispersando en la atmósfera, en donde el efecto invernadero hace que cambie el clima. Esto es un proceso global, ya que el clima es global. Por eso no importa donde sucede la emisión de dióxido de carbono, ya que afecta al clima en todas partes.
En ese sentido da igual si las emisiones suceden en Tianjin, en Dusseldorf, o en Zipaquirá. El efecto es igual.

En los últimos años Colombia ha subido en la escala mundial de exportadores de petróleo y de carbón. Se espera además que este incremento continúe por lo menos una década mas. Igualmente, se ha invertido fuertemente en el desarrollo de los biocombustibles, por ejemplo a base de palma, que también contribuyen al calentamiento global; doblemente si se considera que aceleran la tala de bosques y la deforestación. En pocas décadas veremos la emisión masiva de miles de millones de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera, y con eso el incremento del efecto invernadero y la aceleración del cambio climático. Colombia es un eslabón imprescindible en ese proceso. La locomotora de la economía es también la locomotora de los eternos inviernos y las nuevas sequías.

Ser ese eslabón es muy beneficioso y traerá muchísimos recursos. Y menos mal, ya que se necesitarán para seguir adaptándonos a una nueva realidad climática que aún desconocemos, con sus nuevos inviernos, sus nuevas inundaciones, y sus nuevos desiertos. Pero lavarnos las manos en inocencia? No con el carbón y los hidrocarburos.

¿Qué se puede hacer? ¿Cómo escapar de ese callejón sin salida? La verdad es que en parte ya es un poco tarde, y por lo demás es difícil. Pero la verdad también es que hay que empezar a hacer algo, ya que hay que desacelerar el cambio para poder adaptarnos mejor a sus efectos. Muchas respuestas son obvias: desarrollar fuentes de energía limpia, disminuir el despilfarro, invertir en transporte público, en general todo lo que ahorre energía. También hay que proteger a nuestros bosques. Pero también habrá que doblar un poco la ortodoxia. No montarse en el tren de los biocombustibles, por ejemplo. Y con relación a la exportación del carbón y el petróleo: ¿qué tal si sólo exportamos cuando estamos seguros que su uso sea el que menos emisiones produce? ¿qué tal si nuestro petróleo lo exportamos sólo a países con buenas normas, bien implementadas, que garanticen un mínimo impacto en la atmósfera? Así podrán seguir la generación de recursos y si acaso contribuiremos un poco a nuestra estabilidad ecológica, y no a descabellarla aun mas. ?

* Juan M. Amaya Castro, Vrije Universiteit, Ámsterdam

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