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Opinión

  • | 2011/08/01 00:00

    Con Chávez todo… Sin Chávez nada (Primera parte)

    La enfermedad del mandatario Venezolano ha desatado todo tipo de rumores.

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La enfermedad del mandatario Venezolano ha desatado todo tipo de rumores desde el fallido pronunciamiento del “diplomático” norteamericano, Roger Noriega, “-que a Chávez le quedaban 18 meses de vida”, como lo reseñó irresponsablemente un noticiero en Colombia, hasta aquellos que afirman que se trata de una macabra estrategia para renovar la gastada imagen de Chávez de cara a las elecciones presidenciales del próximo año. Lo anterior se ha convertido en una invitación a revisar los diferentes escenarios políticos en Venezuela, ante la recuperación, convalecencia o desaparición de Hugo Chávez y lo que significaría para un sistema político que depende de su líder único.

El primer escenario a tener en cuenta es la desaparición del actual presidente venezolano y cómo ello afectaría al sector oficialista y opositor. En primera instancia, es necesario reconocer que, para bien o para mal, el ascenso al poder de Hugo Rafael Chávez Frías significo la transformación de Venezuela. Hoy el país no es el mismo de finales de los años 90’s. El cambio constitucional, la participación y polarización política cambiaron la forma en la que los ciudadanos se relacionan políticamente, y en el centro de dicha relación se encuentra la figura de Hugo Chávez.

Uno de los mayores riesgos a los que están expuestos los diferentes sistemas políticos es la dependencia a los individuos, en el momento que se dejan a un lado las instituciones para centrar las políticas de gobierno y de Estado en las manos de una sola persona y sus veleidades. Sin importar los buenos o malos propósitos, o lo bien o mal ejecutado de las políticas, planes y programas, al faltar el líder inevitablemente se producirá una ruptura.

El chavismo en tanto que chavismo, no puede existir sin Hugo Chávez. Algunos afirman que el poder puede ser endosado al mayor de los Chávez Frías, Adán, como ocurrió con los Castro Ruz, en Cuba, al caer enfermo Fidel. Pero a pesar de las semejanzas y las emulaciones de la Revolución Bolivariana a la Revolución Cubana, ni Chávez es Fidel, ni Adán es Raúl. Adán carece de carisma, dinamismo, sentido estratégico, y sus posturas políticas sordas y radicales han llevado a que el propio Hugo Rafael lo margine de algunos procesos. Por otro lado, Raúl siempre fue percibido como un actor vivo de la Revolución Cubana, mientras Adán es visto más como un gregario del éxito de su hermano menor.

Los nombres de Elías Jaua, Nicolás Maduro o Rafael Ramírez, a pesar de gozar de la buena presa oficialista, no tienen el liderazgo suficiente para contener las fuerzas radicales y modernas que conforman el chavismo. A pesar de los ingentes esfuerzos por demostrar la unidad dentro de sus filas, el propio Hugo Chávez sabe que esa unidad depende de su presencia. Y teniendo en cuenta que Chávez ha utilizado a sus ministros y colaboradores más cercanos como los responsables de los errores cometidos a lo largo de la docena de años en el poder, ninguno lograría obtener los volúmenes electorales que desata el Comandante. El oficialismo depende enteramente de la figura del caudillo electoral, Hugo Chávez.

Por el lado de la oposición las cosas no son diferentes. Chávez es el factor que los mantiene unidos y su postura se define en la negación de su proyecto político. Son pocos los miembros de la oposición que establecen una postura propia o un proyecto que no tenga como referente, o anti-referente, al actual Presidente venezolano. Diego Arria, Eduardo Fernández, Oswaldo Álvarez paz y Henry Ramos Allup hacen parte de una generación que perdió la batalla contra Chávez, y a pesar de sus intentos por tratar de reinventarse políticamente, no representan nada concreto para una Venezuela ‘poschavez’. Antonio Ledezma, quizás el mejor preparado y con mayor experiencia para ejercer la presidencia, no tiene poder de convocatoria dentro de la oposición y mucho menos para guiar la recomposición de Venezuela. María Corina Machado, Leopoldo López, Pablo Pérez y Henrique Capriles, han configurado una nueva cara de la oposición, más democrática, más plural, más crítica, pero les faltan asignaturas para asumir el reto de la nueva Venezuela.

Ante el escenario de la ausencia de Chávez, ni oficialistas ni opositores tienen mayores posibilidades de imponer su proyecto. Lo deseable es la unión entre las fuerzas moderadas de los dos bandos en busca de una convivencia política que reconozca el valor histórico y político del Chavismo, pero que esté dispuesta a pasar la hoja sin mayores traumatismos. Pero la verdad es que este es el escenario menos probable. La franca recuperación del Presidente demuestra que hay Chávez para rato.
 
*Politólogo. Joven Investigador del Observatorio de Venezuela de las Facultades de Ciencia Política y Gobierno y de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario. Presidente de la Fundación Surcontinente.

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