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Opinión

  • | 2011/07/27 00:00

    Con Iglesia o sin ella

    El reciente fallo unánime de la Corte Constitucional respecto al matrimonio igualitario, abrió un nuevo camino en la conciencia colectiva de este país.

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El reciente fallo unánime de la Corte Constitucional respecto al matrimonio igualitario, abrió un nuevo camino en la conciencia colectiva de este país. Con aparente temor y recato, los magistrados encontraron una salida para zafarse de la situación y al parecer, no asumir los costos políticos de atreverse a dar el sí absoluto. Derivaron gran responsabilidad al Congreso - panorama oscuro si recordamos lo pacatos que suelen ser la mayoría de los congresistas – y esperan que el órgano legislativo haga las regulaciones pertinentes antes del 20 de julio de 2013.

Pero lo importante es que el Congreso debe hacer dichas regulaciones en el marco del pronunciamiento de la Corte que señala que existe un desequilibrio en la regulación del matrimonio, pues unas familias están protegidas y otras no lo están.

Cuando la Corte hace esta referencia, habla de las familias conformadas por parejas del mismo sexo, porque si hay algo que celebrar en medio de tanta mojigatería y godorria de este país, es que por primera vez la Corte Constitucional asegura que las parejas del mismo sexo constituyen una familia y que el Estado tiene la obligación de protegerlas.

Los dos años que la Corte le da de plazo al Congreso son leídos por algunos como una dilatación innecesaria, bizarra y amañada, que deja a la deriva lo conseguido hasta ahora. Si bien el escenario que se abre no puede verse con ingenuidad, tampoco debe ser acogido con desesperanza. Es mucho lo que las organizaciones de derechos humanos deben presionar, es justamente ahora cuando menos deben aflojar el paso.

Por horas, afuera de la Corte, alrededor de 60 personas pertenecientes al movimiento social LGTB gritaban consignas como “arroz con leche me quiero casar porque la Corte me va a dejar”, “Sí señor, yo sí me casaré, así le digo al cura y así le digo al juez” y “la iglesia se quedó atrás por homofóbica y patriarcal”; en medio de una atmósfera con tambores, pitos y aplausos. Los líderes de colectivos como Colombia Diversa, Somos Opción, Caribe Afirmativo y León Zuleta, se hicieron en la entrada de la Corte, pero son muchos más los que han trabajado valientemente por el reconocimiento de sus derechos.
Más allá de ser unas locas de tacón y rímel – y vaya que es legítimo ser una loca de tacón y rímel -, los colectivos LGTB en Colombia llevan años de serio compromiso con la transformación social. La Corte les da un respiro, pues aquellos que no los reconocían como familia tienen que tragarse sus palabras.

El terreno es escabroso, la democracia representativa se ha desgraciado históricamente en congresistas que representan sus intereses particulares y sus prejuicios. El gobierno nacional convocará a la mesa de unidad nacional para ponerle la cara a la decisión de la Corte, y algunos intuyen que este será el tema que dividirá a los partidos.

Por mi parte, con iglesia o sin ella, le doy el sí al matrimonio igualitario y exhorto al movimiento social a que siga marchando porque son los pasos de unos los que hacen andar a toda la humanidad.

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