Lunes, 23 de enero de 2017

| 1999/10/11 00:00

CON LA PLATA DE MOCKUS

CON LA PLATA DE MOCKUS

Hay obras en Bogotá por donde se la mire y en todos los frentes simultáneamente. Sorprende la
cantidad inapreciable de dinero que va involucrada en ellas, así como la dimensión de las cajillas de
seguridad en que pudo guardar tan desorbitantes sumas el alcalde Antanas Mockus, durante su gestión
simbólica. Mockus, de honestidad a toda prueba, demostró que cuando no se desvían, los dineros públicos
llegan a ser ingentes.Pero, así como hay asuntos fundamentales que se están atendiendo en la
administración Peñalosa, en otros, a la simple vista del ciudadano, no impera el buen criterio. No es para
insistir en el tema, más que trajinado, de los bolardos, pero con esta iniciativa _de todos modos
milmillonaria_ se empezó a ver que una mente extraña estaba orientando el gasto y dándole prioridad a
aspectos no esenciales.En segundo término, la ciudadanía vio con sorpresa cómo se reducían las vías, en
aras de unos andenes, cuidadosamente elaborados, pero de exagerada amplitud. La intención de convertir la
carrera 15, al norte, en un paseo comercial desestimó el traslado de los compradores hasta ese sitio, que
se hacía por automóvil principalmente y su fácil estacionamiento. Los comercios quebraron, cerraron o se
trasladaron y aún se espera si el sector, una vez organizado y limpio, recupere su vitalidad.Si una de las
obras primordiales del Distrito era la repavimentación de sus calles destrozadas, se puede afirmar que este
aspecto está resultando un fracaso, que marcará al actual gobierno capitalino. Ya la Personería de Bogotá
se ha pronunciado sobre el contrato mexicano y su pésima ejecución. Todos hemos visto cómo se ha
sometido el pavimento, en la mayoría de su trayecto, a un raspado ligero y a un cubrimiento irregular y mal
empatado. Con el ítem de que la capa de asfalto ha quedado algunas veces al mismo nivel de superficie de los
sardineles. Este contrato, para ser equitativos, no se inició con Enrique Peñalosa, pero su desacierto de
ejecución ha debido corregirse drásticamente y con premura. Avanza, sin embargo y hay lentos pleitos
pendientes.Se tienen planes gigantes de parques para respiradero de la ciudad; de transporte
trasmilénico, de avenidas longitudinales de occidente, con todo y discusión de humedales. Lo cual refleja
un gran espíritu transformador y dinámico. Más aún, pareciera que el alcalde quiere hacer la ciudad de
nuevo, pero a su capricho y antojo, y de acuerdo con sus modelos foráneos. Con mucha juventud y poca
experiencia como habitante de esta ciudad. Y con muy bien disimulada sensibilidad social.Los
desplazamientos forzados, a que han sido sometidas las personas de escasos recursos (léase vendedores
ambulantes, indigentes del Cartucho...) y la provisión posterior _no anticipada_ de las soluciones humanas en
estos casos, han dado una nota constante del estilo de esta administración, que dice odiar a los
automóviles, pero se ensaña con los ciudadanos comunes y desamparados.Paralelamente con lo anterior, la
policía, ah, la policía _montada o no_, la de los desalojos, la de las retenciones de vehículos, la que persigue
al ciudadano, pero no le ofrece seguridad ninguna frente a la delincuencia, está a la orden del día y, como ya lo
he dicho, no tiene la amabilidad del general Rosso José en los cocteles. Ni la cara de angelito nada que ver
con que descuella la espigada figura del alcalde mayor en las caminatas atléticas. Creo que ninguno de los
dos sabe lo que hacen sus gendarmes, ni cuál sea el comportamiento de sus funcionarios menores _o
contratistas privados_ en inspecciones, en patios del tránsito, o en el inicuo negocio de las grúas. Estos
concesionarios privados, de servicios públicos, convirtieron en diversión y explotación económica el retiro de
los automóviles, sin dejarle aviso alguno a su propietario, compitiendo en el procedimiento con los jaladores de
vehículos, otra rama del Distrito que combate los automotores mal estacionados.Por todo esto, la imagen
del alcalde Peñalosa tiene muy poca aceptación ciudadana. Las obras, vaya y venga, pueden y deben ser
objeto de veedurías, lo mismo que sus controvertidos contratos. Ahí esta el Concejo; ahí están las
publicaciones, no tan anónimas, como cree el alcalde, que se los están cuestionando. Pero lo que
toca con el aspecto social (los indigentes, por ejemplo) y con el propósito de construir una ciudad, si bien
pobre, al menos segura y grata, está descuidado y son temas en los que viene fallando la administración
de Enrique Peñalosa Londoño, quien se educó en el primer mundo para ser alcalde del tercero. Y del tercer
milenio. Dios nos libre de los alcaldes nerds, light y nada que ver.

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