Lunes, 5 de diciembre de 2016

| 1999/05/10 00:00

CON PLINIO

CON PLINIO

Acción militar de castigo", llama el ELN en un comunicado firmado por su mando
político-militar al hecho de haberle enviado al periodista Plinio Apuleyo Mendoza una carta-bomba para volarle
la cabeza. No.No: eso no es una acción militar. No es un combate, sino una celada cobarde y traicionera. Ni
es de castigo. Expresar opiniones, que es lo que lleva toda su vida haciendo Plinio Apuleyo Mendoza, no
merece un castigo, porque no es ningún delito; sino una refutación, si las opiniones expresadas son un error.
La carta-bomba que le enviaron no es una acción militar ni puede ser un castigo: es solamente una treta
cobarde para callarle la boca a alguien cuyas opiniones molestan al mando político-militar del Ejército de
Liberación Nacional. Que no es un mando, salvo que se entienda por eso al que manda la muerte por correo.
Ni es político, pues el asesinato a mansalva no constituye una política. Ni es tampoco militar, puesto que la
milicia, en su principio, excluye la vileza. No es aceptable el nombre de Ejército de Liberación Nacional que
reclama el ELN: una cuadrilla de asesinos no puede llamarse Ejército, ni mucho menos pretender que su
objetivo es la Liberación, y menos todavía ampararse bajo el rótulo de Nacional: ninguna nación digna puede
aceptar a una pandilla de cobardes como el ejército que viene a liberarla.Se sabe desde siempre que la
primera víctima de las guerras es el lenguaje, más frágil todavía que la verdad, que es inasible. Pero la
perversión del lenguaje del ELN refleja además una perversión de la razón. Y el ELN está perdiendo la
razón.No lo digo en el sentido burdo de que se esté volviendo loco, aunque también eso sea cierto. Lo digo en
el sentido más estricto de que la criminalidad de sus métodos le está haciendo perder la razón que le dio
origen y justificaba su existencia. Esa razón era, precisamente, la utilización por parte del Estado de la
violencia criminal para impedir que se expresaran opiniones que molestaban a sus mandos. El uso de esos
mismos métodos implica la renuncia de la guerrilla a sus razones, y por añadidura equipara sus fines a los de
ese Estado que combate: como él, la guerrilla busca una sociedad sometida a la violencia. No suelo estar de
acuerdo con las opiniones que expresa Plinio Apuleyo Mendoza, y muchas veces he intentado refutarlas
mediante la expresión de otras opiniones. Pero esta vez _una sola, pero que se refiere a lo esencial_ estoy de
acuerdo con él: no se puede callar la opinión discrepante mediante la violencia. Y no sólo por razones de
principio, tan vagas: sino por las sólidas razones prácticas que nos enseña la desgraciada historia de este
país desgraciado. Si estamos como estamos es porque siempre se ha pretendido callar las opiniones
discrepantes por la fuerza. Por eso firmo yo también la frase que escribe Plinio Apuleyo Mendoza en su
comentario a la carta-bomba que le mandaron a su casa los mandos del ELN:"Siempre he escrito lo que
pienso y lo que siento, y seguiré haciéndolo sin mirar riesgos. Es la dignidad de nuestro oficio la que está es
juego".Añado: y la indignidad del otro. Si es que el asesinato puede llamarse un oficio.

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