Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1994/12/26 00:00

CONGRESO VS. MEDIOS

La nueva ley de televisión puede convertirse en el escenario de una confrontación feroz entre congresistas y periodistas

CONGRESO VS. MEDIOS

RONDAN MUCHOS TEMAS ALREDEdor del nuevo proyecto de ley que modifica la estructura de la televisión, uno de los cuales es el espíritu de revancha de los parlamentarios contra los medios de comunicación. Es un hecho que no deja dudas.

Lo que los congresistas se atreven a reconocer en público sobre la existencia de una cuenta de cobro contra los medios es, de por sí, bastante fuerte, pero no es ni el pálido reflejo de lo que dicen en privado. Yo lo he oído. Palabra más, palabra menos, se trata de la certeza de muchos parlamentarios (demasiados, para mi gusto) de que el desprestigio del Congreso se le debe a la prensa.

Esto, dicho así, no tendría ningún problema. En todas partes del mundo la clase política está desprestigiada, y en cada uno de esos países los congresistas le echan la culpa del deterioro de su imagen a la irresponsabilidad de los medios de comunicación. Es normal. Los medios son los lugares donde aparecen las informaciones que desprestigian a los políticos, y es apenas lógico que ellos les tengan bronca. Era mucho más grave en la antigüedad, cuando se ordenaba matar a los portadores de las malas noticias.

La diferencia del ambiente que se vive hoy contra la prensa en el Congreso, en relación con lo que ocurre en otras latitudes, es que entre los parlamentarios colombianos se volvió un lugar común la afirmación de que los medios calumnian impunemente a los congresistas. Y para meter en cintura a los medios, o para vengarse de ellos, se está discutiendo la posibilidad de quitarle el derecho a la concesión con el Estado a aquel noticiero que pierda una tutela en dos ocasiones.

Aquello de que los medios calumnian a los parlamentarios es falso. Aunque no del todo. Hay una relación de los medios con el Congreso y con otros sectores de la sociedad que merecería cambiarse.

Durante mucho tiempo, y hasta hoy, muchos sectores han presionado a los medios de comunicación para que llenen el vacío que ha dejado, por inoperante, la justicia. Los medios (a mi juicio torpemente) han intentado ocupar ese espacio bajo la atractiva modalidad de las unidades investigativas, con el riesgo natural de cometer errores. Errores que se vuelven irreversibles cuando no existe un aparato judicial confiable que apruebe o desapruebe las afirmaciones periodísticas.

Cuando la justicia funciona, una denuncia periodística veraz debe culminar en la condena del personaje denunciado. Una falsa acusación debe concluir con una sanción para el periodista o para el medio. Cuando la justicia no funciona, tanto la denuncia real como la ficticia quedan en el aire: son las dos caras de la impunidad.

Pero como la justicia colombiana ha demostrado su ineptitud para manejar las normas penales existentes (calumnia, difamación etc.), se ha puesto de moda que el mecanismo judicial para reemplazarlas es la tutela. La tutela es un resbaloso mecanismo en período de experimentación, a través del cual se pueden corregir violaciones al derecho fundamental de informar o de ser verazmente informado. Pero es ridículo -y muy peligroso- que, como está ocurriendo, se convierta en una manera afanada de sustituir el Código Penal.

Si lo que los parlamentarios quieren es meter en cintura a aquellos medios o periodistas que calumnian impunemente, lo que debe hacer el Congreso es afinar los mecanismos penales y presionar al gobierno y a los jueces para que las normas aplicables dejen de ser letra muerta. Pero imponer métodos de censura por la vía de la contabilidad de las tutelas es cometer una arbitrariedad con el dudoso argumento de querer eliminarlas.

Si lo que buscan los parlamentarios, en cambio, es venganza pura y simple, la nueva ley de televisión puede convertirse en el escenario del primer round de una pelea entre medios y Congreso mucho más azarosa que otras y de consecuencias terribles.-

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