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Opinión

  • | 2012/11/02 00:00

    Consecuencias de la disputa Santos-Uribe

    El resultado de la convención de la U es más serio que la machista analogía del presidente del Senado. Además de punto de inflexión en la colectividad, con probabilidad también marcará la estrategia del presidente Santos de cara a las elecciones del Congreso.

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Aunque temporalmente en el epicentro de la política, la situación de la U es más seria que la destemplada y machista analogía del Senador Roy Barreras, en cuanto a que el Partido Liberal es la amante del presidente Santos.
 
Y es que de la forma como Santos resuelva la tensión a la que se refiere el Senador Barreras dependerá en buena parte que el mandatario transite con tranquilad las aguas de la reelección y, sobre todo, marcará la pauta en el balance de fuerzas de los partidos políticos en el Congreso de cara a los comicios del 2014. No es un asunto minúsculo.
 
Después del irregular resultado del domingo pasado, el presidente debió advertir, ya tarde, que su preocupación por la alta política lo llevó a pasar por alto tener un operador que le garantizara el éxito en la convención. Confiarse de la directiva del partido fue también un error, diría, pues mientras los parlamentarios buscan las dádivas de su gobierno un número importante de ellos quiere al mismo tiempo congraciarse, o al menos no quemar las naves, con el expresidente Uribe, por si algo pasa.
 
Con esa alerta, el presidente Santos entiende más que nunca que el partido Liberal no solo es un predilecto aliado político y su casa materna. También es el partido donde tiene una jefatura incontestable. Así, su estrategia puede estar conducida a fortalecer la representación parlamentaria del liberalismo en las elecciones de 2014 para garantizar tanto su relección como la gobernabilidad en un segundo periodo. No es de extrañar que el partido Liberal, después de 8 años de atravesar el desierto burocrático y hoy con mejor suerte, aumente significativamente su fuerza parlamentaria.
 
Similar apuesta puede acontecer con Cambio Radical, con un jefe sin resistencia a la reelección de Santos a diferencia de lo que ocurriera con la de Uribe. Esa táctica puede facilitar la anhelada reunificación del liberalismo y facilitar aun más su gobernabilidad futura.
 
En cuanto al partido de la U su control seguirá siendo estratégico y el presidente por lo pronto no lo descuidará, pero con el paso de los meses su importancia puede disminuir. Sabe que aunque Uribe le disputa los reflectores eso no le bastará para competirle el poder de la colectividad. La apuesta del expresidente al todo o nada con los diálogos de paz es en suma arriesgada, pues si fructifican no le queda más alternativa que volver al redil y recoger velas o escoger una permanente posición minoritaria. Si fracasan las conversaciones con la guerrilla no es muy claro que eso le baste para ganarle la mano al presidente Santos, habida cuenta de las precauciones que ha tomado el gobierno y las condiciones del país.
 
El Partido Conservador, acostumbrado ya a actuar como comparsa, con alta probabilidad contribuirá a los propósitos reeleccionistas del presidente Santos mientras le aceiten su maquinaria, aunque como ha sucedido en los últimos lustros con lentitud pierda representación. De autodefinirse como la fuerza decisoria en la coalición de Uribe es probable que pase a una posición cada vez más marginal. Como partido debería preocuparle el avance del liberalismo.
 
Los demás partidos y movimientos lucharán por sobrevivir con el nuevo umbral del 3 por ciento a aplicarse desde el 2014. En todos los escenarios, y de advenirse un clima de polarización, Santos con probabilidad contará con buenos aliados de izquierda y de fuerzas progresistas, vengan de los partidos que vengan.
 
Si bien por ahora ninguno de los parlamentarios se irá de la U y lo que predominará será más bien una guerra fría al interior del partido, la disputa entre Santos y Uribe en la convención del pasado domingo marcó en definitiva un punto de inflexión en la colectividad, y probablemente también en la estrategia del mandatario y en las líneas gruesas del balance de fuerzas de los partidos de cara al Congreso de 2014.
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