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Opinión

  • | 2011/11/19 00:00

    Consejo Superior de la Sinvergüenzura

    Han sido nombrados 90 magistrados auxiliares en menos de tres años. En decenas de casos se ha tratado de funcionarios a punto de pensionarse, que cuadruplicaron el monto de su jubilación gracias a la palomita.

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Que nadie diga que hay nepotismo en el Consejo Superior de la Judicatura. Que no mencionen inexistentes tráficos de influencias para mancillar el nombre de los integrantes de la benemérita institución. Mucho cuidado con afirmar que allá funciona un pensionadero. Menos razón asiste a quienes sospechan que las decisiones se toman -desde luego desinteresadamente- a la medida de poderosos clientes.

Elsa Liliana Jaramillo Garzón es sobrina de la magistrada Julia Emma Garzón. Marina Matilde Escobar Araújo es hermana del magistrado José Alfredo Escobar Araújo. El martes primero de febrero, los dos parientes fueron nombrados magistrados auxiliares de la corporación. Pero no sean mal pensados, no se trata del nombramiento de un familiar con cargo a los recursos públicos.

Ese martes, la magistrada Garzón nombró a la hermana del magistrado Araújo. Mientras tanto, el magistrado Araújo nombró a la sobrina de la magistrada Garzón.

Cualquiera podría pensar que se trata de una operación cruzada de favores entre los dos altos jueces, pero no. Allá sostienen que fue la conclusión lógica de un proceso para escoger a los profesionales más idóneos para cada cargo.

Con parecidos estándares han sido nombrados 90 magistrados auxiliares en menos de tres años. En decenas de casos se ha tratado de funcionarios que estaban a punto de pensionarse y que cuadruplicaron el monto de su jubilación gracias al dedazo generoso del magistrado que les dio la palomita.

Cenaida Mejía Báez era juez municipal en Chipaque, Cundinamarca. Su salario, contando los beneficios, apenas si llegaba a la cuarta parte de lo que gana un magistrado auxiliar.

Sin embargo, la magistrada Julia Emma Garzón descubrió lo talentosa que era Cenaida cuando la juez de Chipaque estaba a punto de jubilarse. Por esa razón, la nombró tres veces, durante breves periodos, magistrada auxiliar. La primera vez fue del 8 de abril al 20 de mayo de 2008. Nuevamente le hizo el honor del 10 de julio al 26 de agosto del mismo año. Al día siguiente se acordó que todavía la necesitaba y la nombró del 27 de agosto al 31 de diciembre.

Gracias a eso, la doctora Cenaida completó en el honroso encargo su tiempo de pensión y hoy recibe una jubilación calculada sobre un salario que está entre los 14 y los 17 millones de pesos. Desde luego, como su caso hay decenas. SEMANA calculó que este amable pensionadero les estaba costando a los colombianos 140.000 millones de pesos.

La doctora Julia Emma Garzón ha nombrado más de veinte magistrados auxiliares durante su paso por la institución. Ovidio Claros, un controvertido político que también llegó a magistrado de la Judicatura, ha promovido a esa privilegiada posición a más de 12 personas. Por ahí cerca está Pedro Alonso Sanabria, ahora magistrado y antes politiquero de Boyacá grabado mientras le expresaba su melosa gratitud al hombre fuerte de DMG "por todo el apoyo que me ha brindado".

Ninguno de estos hallazgos ha conducido a que los magistrados del Consejo Superior de la Judicatura sean objeto de una investigación seria. Su juez es la Comisión de Acusaciones de la Cámara, otro prístino lugar donde jamás se han intercambiado favores.

Para citar apenas un ejemplo, a la representante a la Cámara Lucero Cortés -no sé si la recuerdan- le ratificaron esta semana un llamado a juicio por tráfico de influencias. La Corte Suprema busca determinar si la discreta actriz y política de grandes agallas usó sus influencias y recursos para que magistrados del Consejo Superior de la Judicatura tomaran una decisión que favorecía los intereses de su marido, Manuel Arturo Rincón, un delincuente ya condenado que se empeña en negar las sentencias que pesan contra él.

Alguna magia especial debe tener el honorable Consejo Superior de la Judicatura. Tanto Álvaro Uribe como Juan Manuel Santos prometieron acabarlo en su momento. El primero terminó aplaudiendo sonadas decisiones de ellos y el segundo ha perdido la determinación de terminarles la fiesta.

La promocionada reforma a la justicia de Santos apenas toca levemente a esta ejemplar institución.
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