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Opinión

  • | 2012/01/21 00:00

    Conspiraciones de Uribe y Chávez

    Han hecho muy bien Santos y la canciller al prestar oídos sordos a las voces que pedían una manifestación pública contra la designación de Rangel Silva.

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Pensé que el asombroso viraje de las relaciones entre Colombia y Venezuela llevaría a los medios de comunicación y a los columnistas a una mirada menos apasionada y más objetiva sobre los acontecimientos venezolanos. No ha ocurrido así con la designación de Henry Rangel Silva como ministro de Defensa del vecino país.

Las calificaciones han ido de afrenta y deslealtad hasta grave peligro para la seguridad de nuestro país. La comprobada relación de Rangel Silva con las Farc es el argumento que sustenta estas aseveraciones. A renglón seguido se ha generado una presión para que Santos y la canciller, María Ángela Holguín, den el paso hacia una crisis diplomática.

No se han detenido a pensar en el contexto en el que se inició y se fortaleció el vínculo entre el gobierno de Chávez y las guerrillas colombianas. No son capaces de reconocer que a lo largo del gobierno de Uribe hubo una aguda disputa ideológica y un singular 'toma y dame' en el que de lado y lado se hicieron cosas indebidas, ilegales y escabrosas que estuvieron a punto de desatar una confrontación armada entre los dos países.

Está visto que Rangel Silva no es un angelito y su colaboración política y logística con fuerzas irregulares que amenazan al Estado colombiano no tiene justificación alguna. Más grave aún es la evidencia de que estas relaciones eran plenamente consentidas por Chávez.

Pero no nos digamos mentiras. No es menos cierta la proliferación de espías colombianos en territorio venezolano; la conspiración entre agentes colombianos con sectores de la seguridad venezolana para detener a Rodrigo Granda en Caracas; la tolerancia con fuerzas paramilitares que fraguaron planes contra el propio Chávez; la negociación secreta de una presencia de bases militares norteamericanas en el suelo colombiano con el argumento de contener la amenaza chavista.

Eran así las cosas. Aquí y allá se urdían conjuras y se cocinaban agresiones. Tanto, que uno de los más cercanos colaboradores de Uribe tuvo la cachaza de decir, recientemente, que la postulación de Chávez como mediador de paz era parte de una muy bien concebida trama de espionaje de las autoridades colombianas sobre el mandatario venezolano. El cuento es bastante forzado. Dudo que Uribe y su grupo hayan llegado a ese grado de sofisticación. Pero la afirmación refleja el ambiente que se respiraba en la Casa de Nariño.

La situación actual es muy distinta. Equiparar lo que ocurre ahora con lo que ocurría ayer es ceguera o mala intención. Estoy completamente seguro de que el Rangel Silva que ayer recibía orientaciones de Chávez y las cumplía? para conspirar contra el gobierno de Uribe, ahora recibirá órdenes para colaborar con Santos y también las cumplirá a pie juntillas. Por algo Chávez echa mano de este general en los momentos más complicados y difíciles.

Es más. Las acciones que en la actualidad desarrollan Uribe y su grupo contra Chávez tienen la virtud de estrechar los lazos entre Santos y el mandatario venezolano en trance de reelección. Reuniones con visos conspirativos, como la que se realizó en Bogotá entre Uribe y la oposición venezolana, tienen el efecto de radicalizar al inquilino del Palacio de Miraflores contra la ultraderecha colombiana y potenciar el cambio de actitud frente al actual gobierno de nuestro país.

Han hecho muy bien Santos y la canciller al prestar oídos sordos a las voces que pedían una manifestación pública contra la designación de Rangel Silva. Es muy bueno que la diplomacia colombiana retome la tradición de tratar nuestras diferencias o inquietudes frente a las decisiones de nuestros vecinos por vías directas y discretas.

Algunos medios de comunicación y muchos columnistas deberían revaluar la visión sobre lo que aconteció en el anterior gobierno. Ya no les luce seguir sosteniendo la idea de que Chávez es un demonio y Uribe un arcángel. No es fácil. Pero tenemos que ayudar a doblar la dolorosa página de las relaciones de Colombia y Venezuela en el período de 2002 a 2010.
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