Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2008/07/26 00:00

¡Construir patria, tejer sociedad, hacer país!

En mi sueño, Roy Barreras propuso tocar el tema de pesos y contrapesos y supuse que iba a referirse a una dieta que estaba haciendo Yidis Medina.

¡Construir patria, tejer sociedad, hacer país!

Empiezo por una confesión: no me aguanto toda esta moda nacionalista de pulseritas tricolores, campañas que pregonan que Colombia es pasión y demás gritos de júbilo tan propios de la era uribista; y tampoco soporto el ánimo pretenciosamente constructivo de un poco de personas a las que les encanta usar la expresión "hacer país". Se da mucho en asistentes a foros de liderazgo, ejecutivos de mercadeo y líderes de opinión analíticos y correctos, tipo Rafael Nieto: hagamos país, tejamos sociedad, construyamos patria, como si cualquier vendedor de aguacates honrado no hiciera exactamente eso pero sin autoproclamarse luz de reflexión ni tener ínfulas de faro.

Leo en la prensa que una serie de académicos, politólogos y políticos vienen reuniéndose para sugerir las reformas que el país necesita, en unas jornadas de reflexión que están por terminar y que fueron convocadas por algunos medios.

Lo hacen desde temprano, con lo cual el asunto se convierte, además, en uno de esos infernales desayunos de trabajo en los que uno al final ni desayuna ni trabaja, y en los cuales el lenguaje suele ser desesperante: todos crean dinámicas, generan sinergias, utilizan el verbo repensar. Y construyen país.

Cuando leí la noticia quedé tan impactado, que esa noche soñé con que me invitaban a participar. Fue una verdadera pesadilla, aunque no sé si con los verdaderos asistentes. Martha Lucía Ramírez inició la jornada con una intervención que duró 97 minutos; Cecilia López, o quizás era Diego León Hoyos, no lo sé, la interrumpió con ese tono de voz tan agradable que tiene y al menos eso sirvió para que todos nos despertáramos; Roy Barreras propuso tocar el tema de pesos y contrapesos y supuse que iba a referirse a una dieta que estaba haciendo Yidis Medina, pero a cambio de eso soltó una retahíla eterna sobre los poderes del estado; Elizabeth Ungar dijo algo sobre John Stuart Mill, y me enteré entonces de que era un filósofo importante y no un ratón que protagoniza una película infantil, como suponía. El senador Borja exigió que en lugar de croissants dieran mogollas chicharronas, y durante media hora le pegó a la mesa con los cubiertos en forma de protesta. Simón Gaviria pidió la palabra, se arregló el pelo, escupió el chicle y advirtió lo grave que sería una reelección, como no fuera la de su papá. Héctor Elí propuso crear una comisión para reformar el útero de las mujeres mayores; León Valencia citó a Mc Luhan, porque siempre alguno de ellos cita a Mc Luhan, y por un momento tuve la esperanza de que se tratara de un nuevo combo de Mc Donalds, dado que tenía hambre y no habían servido nada. Al final, Martha Lucía Ramírez tomó de nuevo la palabra y la soltó dos horas y tres siestas después, cuando ya era medio día, cuatro meseros se habían suicidado y apenas habían servido unas rodajas de papaya marchitas.

Me desperté sudando, y desde entonces tengo una duda: ¿no les da miedo a todos esos intelectuales terminar metidos en un retiro en Paipa? Porque en eso acaban las jornadas de reflexión: en ejercicios de integración en el hotel Sochagota, con un facilitador que les enseña a trabajar en V, inspirados en la forma en que vuelan las aves, cosa que siempre dice esa gente y a la que nunca le he encontrado sentido: ¿no habíamos quedado en que el ser humano está por encima de las aves en la cadena alimenticia? ¿Alguien ha visto que un pollo se coma un humano asado? ¿No sería más lógico que sean ellas las que nos imiten a nosotros y vuelen según organizamos nuestros escritorios?

Toda jornada de reflexión se va en verborreas abstractas, citas de filósofos y documentos finales llenos de polvo, pero nunca se debaten las verdaderas razones por las cuales este país es inviable. Por ejemplo: que en el diario más importante del país Poncho lleva como 10 columnas hablando sobre lo que le dice su amiga Maricarmen en la peluquería; que Sábados felices es una plataforma para salir elegido al Congreso; que el deportista que más moja prensa en Colombia es un golfista metrosexual que siempre queda del puesto 30 para abajo.

Tengo buenos amigos que asisten a esas jornadas de reflexión y por eso celebro que ya estén por acabarse. Pobre gente. Sólo se vive una vez. No puede ser sano para alguien ver presentaciones en power point desde tan temprano, madrugar para someterse a tanta ostentación intelectual y oír toda la mañana a Martha Lucía Ramírez, que puede que no vuele como las aves, pero habla como las loras..

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