Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2008/08/28 00:00

Construyendo sobre barro gallego

Sobre las inestables laderas occidentales de Barranquilla se han construido miles de viviendas y ya empiezan a verse los primeros afectados.

Construyendo sobre barro gallego

Todos sabemos en Barranquilla que las laderas occidentales del arrecife donde se planta nuestra ciudad, que dan hacia la carrera 38, la Circunvalar y el camino a Juan Mina están constituidas por barro gallego, un suelo de alto contenido de limo, inestable, colorado y deslizante sobre el cual nada se aguanta, salvo si se realizan gigantescos amarres y muros de contención (Casi cinco mil millones invirtió en cimientos el centro comercial Portal de Miramar/ Olímpica). La primera alerta sobre esos suelos vino del Barrio Las Terrazas debajo de la carretera a Juan Mina que se fue literalmente al barranco una mañana cualquiera hace 30 años.

A pesar de ese desastre se urbanizó Campo Alegre, en la parte más alta pero en la misma zona, a la que en 2005 el entonces alcalde Hoeningberg prometió salvar mediante grandes obras de ingeniería, eso sí con muchas fotos de sus reconocimientos de campo en compañía del gabinete, y no se vieron. Hoy, mediante la resolución 18 del 23 de mayo pasado la Dirección Nacional de Prevención y Atención de Desastres la declaró calamidad pública e incluye a las zonas altas de los barrios Ciudad Jardín, Nogales y Campo Alegre y las urbanizaciones El Rubí, Puerta del sol, Puertas del Caribe y Carson Mirador.

Todos sabíamos de la inestabilidad proverbial de esos suelos que según el estudio de Ingeominas está causada por la alta presión de poros (agua corrida subterránea y rompimiento de tuberías de acueducto y alcantarillado) más cegamiento o desvío de cauces de arroyos (Salado II) y mala disposición de escombreras y basureros en la parte alta de las laderas así como deforestación.

Pese a toda esta larguísima historia en forma veloz y prácticamente mágica brotó en esas laderas una ciudadela, Miramar, donde casas unifamiliares adosadas se estaban yendo al diablo y fueron amarradas por manzanas con pilotes y columnas de cimiento que los urbanizadores pusieron en jornadas nocturnas, muchos de los cuáles enfrentan demandas por devolución de dinero ya que los propietarios se sienten estafados. Y lo fueron. Construyen en esa zona grandes empresas bogotanas, como Marval y Espacios Público y también firmas locales como la del alcalde Alejandro Char y Cía., lo que obligó al nombramiento de un alcalde ad hoc para lidiar el caso.

La lista de personas afectadas es inmensa y los ánimos están copados al punto que la semana pasada los residentes de Puertas del Caribe en Campo Alegre hicieron un bloqueo de la 38 lo que obligó al Alcalde (e) Guillermo Polo a presentarse al sitio y ofreció que la administración tomará las medidas. Sin desconocer la buena intención y el valor de la palabra de Polo, los residentes ya no creen en promesas de la administración y mucho menos en los compromisos adquiridos por los constructores de reparar en forma definitiva el daño.

La recomendación de Ingeominas es, palabras más o menos, que se planifique el desarrollo urbano de la ciudad hacia sectores menos problemáticos y seguir estudiando esas laderas occidentales para encontrar la forma de estabilizarlas y mitigar los efectos de lo que es un hecho incontestable: no son aptas para la construcción de vivienda y, por tanto, la Defensoría del Pueblo y la Personería deberían iniciar acción penal que ponga la responsabilidad en quienes corresponde y los obligue a reparar el daño, dando nueva casa en otro sector a las víctimas de este abuso.

losalcas@hotmail.com

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