Jueves, 19 de enero de 2017

| 1997/02/17 00:00

CONTINUISMO

CONTINUISMO

Entre todos los palos de ciego que da este gobierno inepto no sabe uno cuál criticar de primero. Tal vez esta semana (cada semana hay cinco o seis, sin contar delitos conexos) el más notable sea el nombramiento del nuevo Ministro de Defensa.No porque haya tenido 'relaciones sociales' con el narco Perafán: prácticamente todos los miembros de este go-bierno, empezando por el Presidente, han tenido relaciones por lo menos 'sociales' con los narcos, y los que no están presos, que son la mayoría, siguen en sus cargos, o en otros nuevos. Ni tampoco por ese avorazamiento burocrático que lleva a los samperistas a saltar de cargo en cargo cuando no van a la cárcel: el nuevo ministro, Guillermo Alberto González, que ya otras veces había sido ministro y embajador y de todo, declaró desde Caracas, donde era una vez más embajador, que con tal de seguir en nómina estaba dispuesto a servirle a Samper hasta de cónsul en la Cochinchina, y más aún a sacrificarse por un ministerio (su antecesor, entre tanto, se sacrificaba por la embajada en Washington). En resumen: no hay que criticar al nuevo ministro por su pasado, que es el de cualquier samperista, sino por lo que anuncia que será nuestro futuro: la continuación de los palos de ciego.Dice el nuevo funcionario (aunque llamar 'nuevo' a un funcionario tan baqueteado como el doctor González es violar el idioma), dice el reencauchado ministro: Yo soy continuista y no me da miedo decirlo. Continuaré la tarea del ministro Juan Carlos Esguerra, es decir...Veamos, antes de que la describa el ministro González, en qué consistió la tarea del ministro Esguerra. Para empezar, en ser continuista con respecto a la tarea del ministro Fernando Botero (hoy preso por sus relaciones sociales): es decir, en agravar y profundizar el estado de guerra en que vive Colombia, que se ha agravado y profundizado todavía más en los 10 ó 15 días de feliz interregno transcurridos entre la despedida de Esguerra y la posesión de González. Este hereda, además de los 60 soldados tomados prisioneros por las Farc hace ya más de cuatro meses, los siguientes regalos: una guerrilla crecida, que ataca _en grupos que ahora son de 100 ó 200 hombres: ¿cómo se llama eso? ¿Batallones?_ a las puertas de Bogotá, en Soacha, y a las de Cali, en Caloto, sin dejar por eso de atacar en zonas apartadas. Un paramilitarismo crecido, que asesina 'colaboradores de la guerrilla' en Antioquia, en Bolívar, en Sucre, en el Cesar, en Urabá, en el Magdalena Medio. Nunca, desde los tiempos sangrientos del presidente Virgilio Barco, y mucho más que en las épocas de la llamada 'Violencia', había habido tan feroces, frecuentes e impunes matanzas en Colombia. Y cuando alguien _como el coronel Carlos Alfonso Velásquez_ acusa al Ejército de indiferencia ante esas matanzas o de colaboración con ellas, lo pasan a retiro. Porque también el ex ministro Esguerra, como ahora su sucesor el ministro González, declaraba de palabra condenar el paramilitarismo: pero de obra, como su antecesor Fernando Botero, lo alentó sin cesar. González hereda en fin, gracias a la tarea de Esguerra que quiere continuar, una condena creciente de la comunidad internacional al gobierno de Colombia (no a Colombia: sino a su gobierno cruel e inepto) por los atropellos a los derechos humanos cometidos por sus militares y sus policías ante su mirada impasible y benévola. González, que entre sus numerosos cargos públicos ha ocupado el de embajador ante las Naciones Unidas en Ginebra, conoce bien el tema y domina al dedillo la retórica samperista al respecto (y al respecto de cualquier cosa), negar en redondo. Pero en fin: el caso es que el nuevo ministro de Defensa hereda una guerra crecida, una guerra sucia, y una guerra en derrota. Y dice que quiere ser continuista.Pero él no ve así su herencia. Según él, la tarea del ministro Esguerra que él promete continuar consistió en: "profesionalizar al Ejército" _que por lo visto no estaba profesionalizado, pese a que lo vienen profesionalizando desde los tiempos del presidente general Reyes, a principios del siglo_. Esguerra contribuyó a esa profesionalización haciendo que se incorporaran mujeres a la Armada y a la FAC, en lo que los imbéciles de ambos sexos llaman un triunfo de la liberación femenina. Ya Botero había puesto su granito de arena con la incorporación de niños. No se ve muy bien qué le queda a González. La tarea consistió en "administrar eficientemente los recursos". ¿Sí? Sólo recordamos dos detalles al respecto: Esguerra se demoró más de un año en rescindir el contrato firmado por Botero con los atracadores de Swipco, y vio cómo sobre su cabeza la Canciller se comprometía a comprar armas en Francia por capricho del Presidente. Consistió (la tarea) en "buscar el bienestar de las Fuerzas Armadas". Aspiración loable en un intendente de forrajes, pero poco apropiada para el Ministro de Defensa de un país en guerra. Consistió en "tener los instrumentos legales para que opere la justicia", es decir, en fortalecer todavía más el desaforado fuero militar. Y consistió en "equipar adecuadamente las Fuerzas Armadas": más Swipcos, más helicópteros franceses, y más bonos de guerra. Más guerra. Y la paz, para dentro de 100 años. Porque advierte el Ministro: "Primero hay que terminar con el narcotráfico".Tal vez el doctor Guillermo Alberto González hubiera sido un buen cónsul en la Cochinchina. Pero el presidente Samper, en su sabiduría ("tin marín de do pingüé..."), prefirió nombrarlo Ministro de Defensa. n

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