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Opinión

  • | 2007/09/01 00:00

    Contra el terror

    Protesto y condeno con toda mi energía las amenazas contra Londoño Hoyos aparecidas en un computador de las farc

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Suelo leer solamente dos tipos de comentaristas de la actualidad: a los que quiero y a los que aborrezco. Los primeros son aquellos que, de alguna manera, comparten mi visión del mundo, y los que me ayudan a pulir los argumentos a favor de lo que pienso. Pero no los leo sólo para confirmar lo que ya sé. Además de aportarme nuevos datos, ideas, elementos de juicio, también me sirven para sacarme de errores y corregir carencias de información o fallas en el hilo de mis razonamientos. A los que tampoco dejo de leer es a aquellos que opinan exactamente lo opuesto a lo que pienso. A los que me exasperan, a los que me producen al leer una especie de placer masoquista, algo así como repugnancia, rabia y risa al mismo tiempo.

Si hay algún opinador de este país con el que nunca estoy de acuerdo, este es Fernando Londoño Hoyos. Sus opiniones sesgadas, parcializadas, mucho más llenas de retórica que de argumentos, su dogmatismo furibundo, su manera de acomodar los hechos para que cuadren con sus ideas, su forma tan poco objetiva de hacer periodismo, me parecen en general abominables. Creo que nunca he podido concordar con él, no digamos que en un solo artículo, ni siquiera en un párrafo, creo que ni aun en una frase, y hasta me atrevería a decir que no estoy de acuerdo ni con las palabras que usa, que me parecen vacías, gastadas, repelentes, con esa grandilocuencia y ese olor a rancio de lo que se quedó anclado a una concepción retardataria, jerárquica y guerrerista del mundo. Pero eso sí: trato de leer siempre sus opiniones. Por el placer masoquista que ya dije, para constatar cada semana que su fanatismo febril sigue intacto, y para vivir enterado de lo que la extrema derecha está pensando, pues hay que conocer sus falacias y sus argumentos para poder rebatirlos.
 
Pese a todo lo anterior, o precisamente por lo anterior (porque soy un lector asiduo del señor Londoño Hoyos y porque sus opiniones me parecen de espanto) protesto y condeno con toda la energía de que soy capaz las amenazas en su contra aparecidas en un computador de las Farc. Matar a cualquier ser humano es una acción inadmisible, pero cuando se atenta contra una figura como Londoño Hoyos se está atacando al símbolo de todo un pensamiento y una concepción del mundo. Y esa concepción del mundo existe, por fastidiosa que nos resulte, y tiene fuerza, y muchos partidarios. Es posible oponerse a esas ideas con otras que nos parecen mejores, pero eliminar esas ideas es inadmisible, y es la costumbre de eliminar lo distinto lo que nos ha impedido construir un país decente. Ese terror no produciría nada distinto a más terror.
 
Un país digno no se construye tratando de imponer por la fuerza un solo tipo de pensamiento. Con el de Londoño Hoyos no puedo estar más en desacuerdo, pero es un pensamiento que tiene tanto derecho como cualquier otro a ser expresado, a ser defendido, aplaudido, votado. Si las Farc creen que cometiendo ese tipo de crímenes se van a ganar el favor del pueblo colombiano, se equivocan una vez más, y revelan de nuevo su torpeza. En esos planes terroristas demuestran que están embebidos del mismo tipo de pensamiento totalitario que tienen los paramilitares: creen que aniquilando a algunos representantes del pensamiento de la orilla opuesta van a acabar con la disidencia. Se equivocan, pues los seres humanos nunca podremos estar de acuerdo en todo, y solo la tolerancia de las ideas contrarias permite la convivencia. La alternativa es vivir en los regímenes totalitarios del miedo, que son los únicos donde se impone, mediante el terror, un pensamiento único.
 
Si en un computador de los paramilitares apareciera una lista de personas de izquierda a las que hay que matar (políticos, periodistas, columnistas) creo que muchos nos levantaríamos contra esas amenazas y nos solidarizaríamos con los amenazados. Otras veces lo hemos hecho. Pues hay que hacer exactamente lo mismo en el caso de las amenazas de las Farc contra políticos y comentaristas de derecha. Este será un país digno solamente cuando los pensadores de extrema izquierda y de extrema derecha (que no recurran a las armas ni a la amenaza), puedan exponer sin temores, en completa libertad y sin chantajes, su pensamiento. En el mercado de la mente, las ideas contradictorias tienen que circular libremente. Londoño Hoyos tiene derecho a pensar lo que quiera y a expresarlo. Tiene derecho incluso a pensar torcidamente.

Me solidarizo, entonces, con este antagonista ideológico amenazado, y condeno enérgicamente esa horrible amenaza contra su vida y sus más elementales derechos de periodista y de ciudadano.
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