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Opinión

  • | 2014/01/17 00:00

    Convención de mermelados y borregos

    El presidente Santos asistirá para congraciase con los convencionistas y convencerlos de que se monten en el tren de la victoria reeleccionista.

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El conservatismo y su partido requieren de una profunda reingeniería con el fin de depurarlos de todas las artimañas y malos manejos a donde lo han llevado sus mal llamados dirigentes de los últimos años. 

Toda institución pierde identidad cuando sus ideologías, principios y valores se negocian como vulgares artículos de estantería para mejor en conveniencia de sus dirigentes y áulicos. Esta es la antesala de la corrupción y el continuo debilitamiento de los partidos políticos. Vergonzosamente es la cruda realidad de lo que ha sucedido en Colombia, con la complicidad de sus propios gobernantes, en cabeza del señor presidente de la República.   

Para el próximo 26 de enero, se celebra la Convención Nacional Conservadora, que lamentablemente y de acuerdo a como están las cosas, tendrá más mermelada que doctrina y principios. Todo indica que nuestras ideologías se canjearán por puestos burocráticos, para después llevarnos a las urnas como humildes borregos a votar por el Partido Liberal. 

De fuente fidedigna se sabe que el presidente Santos asistirá para congraciase con los convencionistas y convencerlos de que se monten en el tren de la victoria reeleccionista, puesto que el conservatismo “siempre ha sido su socio en las buenas y en las componendas para terminar de liquidarlo, sin mucho dolor y nostalgia”. Como la mayoría de los convencionistas se comportarán como dóciles borregos burocráticos, muy seguramente que le gritarán vivas y seguirán haciéndole creer a las huestes conservadoras del país que salimos fortalecidos y que hay que concurrir a las urnas el próximo mes de mayo, para elegir un gobierno liberal, que nos mantendrá a punta de la vergonzosa mermelada por otros cuatro años. Es la misma que terminará engulléndose los últimos rezagos de la doctrina conservadora.   

Los jefes conservadores de los siglos XIX y XX, que con sus ejecutorias e ideologías escribieron las paginas más bellas de nuestra vida democrática y republicana, deben estar revolcándose en sus tumbas ante la inferioridad de los actuales dirigentes, que prefieren los caminos fáciles de las componendas que salir a defender sus propias ideas a las plazas públicas.

Pero es que la gran debacle conservadora empieza desde su propia casa: no se justifica que existan más de 50 funcionarios, simplemente devengando sin un manual de funciones específico, chupándole las pocas acreencias económicas de que dispone el partido para realizar sus propias labores. 

Pero, lo más grave, es que es una burocracia arrogante y altanera, sin el más mínimo conocimiento de los ideales conservadores. Simplemente están allí, porque son inamovibles, puesto que mediante contrato fueron dejados por los anteriores presidentes para no ir a perder vigencia en el ejercicio de sus cargos. ¿Qué dirán sobre este vergonzoso caso, los senadores Efraín Cepeda, Hernán Andrade y José Darío Salazar? Ellos ostentan el mayor número de recomendados.

Sobre esta burocracia inoperante, sobresale la oficina de prensa del Directorio Nacional, a quién jamás se le conoce un comunicado de ejecutorias conservadoras. Es decir, que esta dependencia padece de parálisis cerebral, generada por el desconocimiento de los ideales del partido. 

De otra parte, el conservatismo está cometiendo muchos errores por falta de un Tribunal de Ética que vigile las actuaciones, pero muy especialmente las de sus militantes que se encuentran representándolo en los poderes legislativos y en las diferentes posiciones oficiales, llámese por nombramiento directo o por elección popular. Es conveniente citar algunos casos que son prácticas tan puntuales, pero que por falta de vigilancia se cometen y siempre pasan desapercibidos: 

  1. Casos de transfuguismo y doble militancia: es el del senador caldense Luis Emilio Sierra Grajales, quién no a pesar de haber sido el principal causante de la debacle electoral en las elecciones atípicas de la Gobernación del 25 de Agosto, al haberse ido en contra del candidato oficial, sin ningún problema consiguió que el partido lo avalara nuevamente para aspirar al Senado de la República, por el período Constitucional 2014 / 2018. Están más que claras las razones para que esta  curul pueda ser demandada, aún si es elegido en las elecciones del mes de marzo. 
  2. Aspirantes a congresistas en cuerpo ajeno: es algo verdaderamente pecaminoso que varios congresistas que se encuentran en las cárceles purgando condena por diferentes delitos, y en virtud de ello, perdieron su curul, ahora la quieran rescatar impulsando desde la clandestinidad o sitios de reclusión a uno de sus vástagos, hermanos o cónyuges. Considero que el Partido Conservador, que es de orden y de principios, primero debe evaluar muy bien si estas personas, que aunque dicen no ser responsables de los delitos de sus parientes, han conseguido por sus propios medios, el liderazgo, que dicen ostentar. 
  3. Congresistas que se encuentran investigados: todos sabemos que son varios los “padres de la patria” conservadores, que se encuentran a punto de ir a prisión por diferentes delitos. El partido a través del tribunal de ética, debe evaluar desde el punto de vista legal si estos congresistas o candidatos al Congreso de la República son plena garantía de continuidad para el conservatismo. Es bastante incómodo, como lo hemos visto, que desde el ejercicio de sus cargos sean llamados a juicio y muchas veces encarcelados con grave perjuicio para las regiones a las cuales se comprometieron representar.
  4. Candidatos con inhabilidades: son muchos los casos en que a sabiendas de que no pueden aspirar al Congreso de la República, lo hacen, y después crean todo un carrusel de demandas y trapisondas con el fin de impedir que sus réditos les sean obstaculizados por la persona que entra a reemplazarlos. Por lo regular, las unidades legislativas de que dispone cada parlamentario están mediante contrato por todo el período legislativo.  

Finalmente, considero que la Convención Conservadora, aunque se desarrolle a punta de mermelada y borregos, debe nombrar un tribunal de ética con figuras respetables que sean plena garantía para empezar a reconstruir el Partido Conservador. 

uriel@telmex.net.co
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