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Opinión

  • | 2017/01/24 08:14

    Precandidatos, candidatos y corrupción

    A los candidatos y precandidatos les encanta hablar de la corrupción de los demás. Es decir, de la de sus contrincantes y los partidos o movimientos que los respaldan. Y de la del gobierno de turno.

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La afirmación es bastante obvia, pero sirve tenerla en cuenta en esta larga temporada electoral que vamos a padecer. Al cuestionarlos, o a sus alfiles, sobre la corrupción en sus toldos, responden con coscorrones verbales o se entufan y alzan el volumen de su dignidad para exigir que no les pregunten más por las culpas de algunos de sus copartidarios, menos aun cuando ya fueron reconocidas y condenadas. En la narrativa de campaña electoral, los temas de corrupción son cosa del pasado.

Dos botones de muestra:

El primero sucedió el 17 de enero cuando en la emisión de Red+ Noticias el senador Jorge Robledo consideró que preguntarle por los escándalos del Polo Democrático era una forma de desviar la atención al traer a la mesa un caso de corrupción (alcaldía de Samuel Moreno) para desviar la atención del de Odebrecht, en el cual cuestiona la respuesta del Fiscal: “Me parece extremadamente grave, se lo digo con franqueza, que cuando aparece ese otro escándalo de corrupción haya que regresar a un escándalo de corrupción de hace seis años; y haya un cierto tonillo que apunta a que, quienes somos del Polo, no tenemos derecho a hablar de esto. Yo le digo a usted y le digo a los oyentes: no me van a callar”.

El segundo ejemplo se dio en el programa Voces RCN del pasado 18 de enero. Entre los invitados, la senadora y precandidata por la Alianza Verde, Claudia López; y el representante y jefe de Cambio Radical, Rodrigo Lara. Todos de acuerdo en que el tema de que la corrupción será central en la campaña presidencial, consenso que se rompe cuando les preguntan cuál puede ser el candidato con mayores credenciales para ser el abanderado de la lucha contra la corrupción.

Empieza la senadora, hace una lista sobre todos los escándalos y vergüenzas que han salido a relucir en el país y toca el tema de la coalición ciudadana contra la corrupción, a la que está convocando al senador Jorge Robledo y a Sergio Fajardo, porque quiere liderazgos que “sean creíbles en el tema anticorrupción”. Pero al instante de nombrar al candidato por Compromiso Ciudadano, Rodrigo Lara lanza un dardo que pasa silbando por entre los micrófonos y diciendo “¿Fajaaardo…?”.

Luego toma la palabra y empieza a hilar, parsimonioso, la que seguramente será la narrativa hidropónica (día a día y gota a gota) de Cambio Radical para la campaña de Vargas Lleras: el foco no estará centrado en temas de corrupción porque “los colombianos también se preocuparán por la credibilidad del candidato a la hora de mostrar qué ha hecho y en qué ha consistido su actuar público en los diferentes cargos que ha ocupado”.

Y arranca el tableteo Lara-López, ese que se ha vuelto un clásico en los programas de debate y donde el oyente casi siempre es el que pierde. Lara habla de la autoridad moral de Vargas Lleras, López revira y dice que es la autoridad moral del aval (de Cambio Radical) a Kiko Gómez, “bandido y asesino”; Lara le devuelve el golpe con un “eso es como meter en la coalición de ustedes a Sergio Fajardo, que es el que se robó Orbitel”, y agrega: “Cuál es la coherencia de ustedes (…), mayor caso de corrupción no ha habido y lo pretenden mostrar como bandera anticorrupción”.

El tono y la velocidad del uno y la otra para disparar acusaciones y sentencias toma vuelo, se prende la gazapera verbal. Lara afirma que “Vargas Lleras puede mostrar una ejecución proba, honesta”, López hace el coro con “…parapolítica, asesinos, narcos, maquinaria”; Lara sigue ponderando a su jefe y sus “viviendas sin un solo escándalo, carreteras sin un solo escándalo”, López retoma el coro y sentencia “…politiquería”; Lara concluye con que, la del vicepresidente, es “la mayor ejecución presupuestal de la historia con cero tachas” y un victorioso “por sus obras los conoceréis”, que López resume en “Germán Vargas es la personificación de la politiquería y la corrupción en el país”.

Con este tipo de respuestas lo que buscan, cada cual en su contexto y estilo, es crear una narrativa que los aleje –vociferando, acusando o tratando de cambiar de tema- de uno de los aspectos que más repugnan de la política nacional y sobre el cual cada día más los ciudadanos van a exigir sanción política y sentencias judiciales.

Mientras en el primer caso la nueva narrativa exige que no se le pregunte más por el pasado, no insistir en lo ya conocido ni condenar por lo que otros hicieron, borrón y cuenta nueva, el “spin” o giro en la historia de congresista Rodrigo Lara, también director de Cambio Radical, está en dejar parqueado el tema de la corrupción porque lo importante ahora es la ejecución lograda en los programas asumidos por el vicepresidente-candidato, más allá de que los pidió como misión y se supone que ser eficiente es parte del encargo recibido. Eso sí, ni una mención de Lara sobre la eficiencia del vicepresidente al incluir programas no solo para construir viviendas, aeropuertos y vías, sino también masa electoral.

“Por sus obras los conoceréis”, pero por todas. Si nos descuidamos, a un candidato le salimos a deber y frente al otro nos toca comer callados.

*@Polymarti

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