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Opinión

  • | 2001/05/28 00:00

    Cosas de mujeres

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No es fácil para un tipo entender a las mujeres. Y, claro, eso mismo dirán ellas de nosotros. Y a lo mejor todos tenemos razón, pues si fuera tan sencillo comprender o interpretar la manera de ser de los demás, la vida sería mucho menos emocionante. Si fuera posible descifrar lo que los otros tienen en mente, se perdería ese factor sorpresa que le pone color a la vida y que ayuda a que uno la pase más rico. Así y todo, a sabiendas de que no iba a ser tarea fácil mostrar el mundo desde la perspectiva de una mujer, me lancé hace unos años a dibujar un personaje que no sólo pensara y hablara como mujer, sino que además sintiera como mujer: Aleida. Debo confesar que al comienzo le tenía pánico a la posibilidad de que la gente —sobre todo las mujeres— dijeran que Aleida era un tipo con nombre de vieja hablando de cosas de mujer sin tener ni la menor idea del tema. Afortunadamente desde el principio, logré sintonizarme con los lectores (y, especialmente, con las lectoras) y ese temor se disipó por completo. Sin embargo, no ha sido un proceso fácil y en no pocas ocasiones me cuesta más trabajo encontrar una idea para Aleida que para una de las caricaturas de actualidad de la Vladdomanía. La gran diferencia está en que para pensar en Aleida no necesito leer periódicos, ni ver noticieros, ni oír radio: nada más tengo que tratar de entender cómo piensan las mujeres. Y aunque meterse en el pellejo de una mujer no es algo sencillo, para mí resulta muy grato. Yo creo que entiendo bastante bien a las mujeres, y que ellas han sido determinantes en mi vida: desde mis tías hasta mi hija, pasando por mis hermanas, amigas, sobrinas, colegas, mamá, novias, ex mujer, etcétera. A mí me gusta echar carreta con las mujeres y que ellas me cuenten cómo les va de bien, mal o regular en sus relaciones, en el trabajo, en la casa. Cuando mis amigas se quejan de los tipos, yo sé exactamente a qué se refieren y casi siempre coincido con ellas en que son unos desgraciados; al fin y al cabo yo soy tipo y sé cómo pensamos y lo manipuladores que somos. De las conversaciones con ellas resultan temas que después perfecciono y que me sirven para abordarlos a través de Aleida. En más de una ocasión me han insinuado que las viñetas de Aleida las hace o me las dicta una mujer, cosa que tomo como un piropo, pues quiere decir que el mensaje se está transmitiendo como corresponde. Lo mejor de todo lo que me pasa con Aleida es que me ha servido para aprender a detenerme a analizar no solamente la reacción de las mujeres ante el comportamiento masculino, sino que en ocasiones me pone a pensar a mí antes de actuar frente a una mujer. Pero como Aleida y las mujeres en general (digo yo) son tan sensibles al entorno, también me ha tocado ponerme a ver cómo responden a las situaciones de la vida diaria y cómo influyen éstas en su relación. Y, desde luego, no lo digo como una crítica (de hecho creo que eso hace parte del encanto femenino), pero sí para subrayar la diferencia entre ellas y nosotros. Pues ellas (hasta donde yo entiendo) sienten todo más integralmente. En ese sentido intento canalizar por medio de Aleida los sentimientos femeninos hacia un hecho concreto, sin sustraerlo de las circunstancias que lo rodean. A mí, el ejercicio semanal de hacer a Aleida, me obliga a permanecer con las antenas listas para no dejar pasar ningún hecho, reacción, sonrisa o enojo de ellas que me pueda servir de materia prima para una nueva viñeta. Eso le inyecta dinamismo al personaje y a la vez me evita el sentarme a especular sin fundamento acerca de su comportamiento. El Manual de separación de Aleida que Editorial Planeta lanza esta semana sigue naturalmente esa línea y recoge con el estilo característico del personaje algunos de los temas más controvertidos en las relaciones de pareja. Desde la forma de denominar las cosas, hasta los cuernos o la prepotencia de los tipos, entre otros. No se trata de un manual de primeros auxilios, ni de un libro de superación. Es simplemente un conjunto de opiniones (sin pretensión académica ni antropológica) alrededor de un tema que siempre va a dar de que hablar. Al contrario de las guías para salvar matrimonios, el Manual de separación no es para aburrirse sino para divertirse. Como ghostwriter de Aleida, tal vez podría decir que este libro es en parte un intento mío para resarcirme por mis metidas de pata con las mujeres, aunque mis congéneres machistas, que no son pocos, lo van a tomar seguramente como un garrotazo, cosa que me tiene sin cuidado. Pero sobre todo el Manual de separación es un llamado a las mujeres, para que no se dejen.
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