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Opinión

  • | 2000/06/26 00:00

    Costos generados por el bloqueo de vìas o paros de transporte

    Luis Carlos Villegas, presidente de la ANDI, escribe para SEMANA.COM sobre los costos económicos que deja los bloqueos en diferentes vías del país.

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El costo directo más visible generado por la parálisis del transporte terrestre de carga tiene que ver con las pérdidas de productos perecederos, en particular alimentos, y de los ingresos que dejan de percibir los productores de dichos bienes y los transportadores que se ven obligados a pernoctar en las carreteras, sin posibilidad de ejercer su derecho al trabajo.



Sin embargo, los paros de transporte tienen efectos aún más graves y difíciles de cuantificar. En primer lugar, ocasionan sobrecostos al sector productivo generados en el incremento de la facturación por el bodegaje de las mercancías que deben almacenar, en particular en los puertos; en segundo lugar, los proveedores se ven obligados a asumir los costos de transporte de insumos y materias primas por vía aérea o marítima, los cuales, en el mejor de los casos, son superiores en 12 y 2 veces, respectivamente, a los costos usuales por vía terrestre; en tercer lugar, es importante resaltar que no todos los productores están en capacidad de asumir dichos sobrecostos ni todas las mercancías pueden transportarse rápidamente por otros modos de transporte, pues las características de los empaques y embalajes o el volumen y peso de la mercancía exigen toda una transformación de la operación logística. Esto significa que la oferta de insumos y materias primas empieza a disminuir y por lo tanto, las plantas manufactureras que los requieren deben modificar sus planes de producción y, en muchos casos, suspender la producción.



En cuarto lugar y, no por ello menos importante, se encuentran los costos derivados del incumplimiento en los despachos, que puede generar sanciones establecidas contractualmente y ocasionar la pérdida de clientes, en especial cuando se trata de productos de exportación. En este caso, los efectos son incuantificables puesto que se trata no solamente del daño asociado a la imposibilidad de cumplir con un pedido de exportación sino que se pone en entredicho la seriedad de los exportadores colombianos, se disminuyen las posibilidades de realizar negocios futuros en el mercado internacional, se dejan de percibir ingresos de divisas y se pierde la inversión inicial que se requiere para concretar negocios con el resto del mundo.



El perjuicio para la economía, en especial en épocas de recesión o de recuperación incipiente es inmenso. Se crean expectativas negativas e incertidumbre, se deteriora el clima de los negocios, se disminuye peligrosamente la competitividad de nuestros productos, se reducen los escasos márgenes de ganancia del sector productivo, se deterioran los ingresos de los comerciantes y productores, incluyendo a la población campesina, se incentiva la inflación y, por lo tanto, se afecta el dinamismo de la demanda interna y externa.



Por las razones expuestas, es fundamental que los colombianos aprendamos a utilizar los mecanismos institucionales de negociación y protesta y que en las decisiones se tenga en cuenta el interés general. Los paros de transporte, por cualquier razón, dejan secuelas en la economía, que afectan a toda la población y reducen las posibilidades de recuperación económica y de generación de empleo.



Finalmente y para confirmar lo anterior, basta mencionar que en los indicadores internacionales que se construyen para medir y comparar la competitividad de los países, Colombia continúa ocupando los últimos lugares, entre una muestra de cerca de 45 naciones, en especial en lo que se refiere a infraestructura. Es por ello, prioritario que el gobierno adopte una estrategia de transporte, de manera que se incentiven modos alternativos como el fluvial y el férreo. Es inconcebible que el 95% de la carga colombiana se movilice por vía terrestre sin que los sectores productivos tengan opción diferente ni oportunidades de incursionar de una manera real, en el multimodalismo, aún en tiempos de ausencia de conflicto.
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