Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2010/07/12 00:00

¡Crecimos! Y seguimos sin trabajo…

El Dane reveló que la economía está creciendo y el desempleo también. ¿Cómo puede el nuevo gobierno enfrentar estos retos?

¡Crecimos! Y seguimos sin trabajo…

La semana pasada hubo bombos y platillos cuando se conoció el dato del crecimiento económico del primer trimestre de 2010. La cifra del 4,4% anualizado produjo comentarios optimistas acerca de la recuperación de la economía nacional. Días después, sin embargo, el Dane aguó la fiesta del Gobierno. El desempleo aumentó 0,4% frente al dato de mayo de 2009 al llegar al 12,1%. Para terminar de complicar la situación, el subempleo pasó del 42% al 45,3% también frente a mayo de 2009.

Estos datos parecen contradictorios. ¿Cómo explicar que el país crece pero no genera nuevos puestos de trabajo? Hay varios motivos que explican el fenómeno y que dan luces al nuevo Gobierno sobre los pasos a seguir para solucionar esta aparente paradoja de la economía nacional.

En primer lugar, venimos de una crisis económica que comenzó en 2007 y que no se sabe aún si está cerca de terminar. Ésta se tradujo en una pérdida de puestos de trabajo y en una reducción de la utilización de la capacidad instalada de las empresas que buscaban reducir costos tanto de nómina como de almacenamiento de inventarios. Así, las empresas dejaron de usar toda su capacidad de producción: encendían las máquinas menos tiempo y guardaban menos inventarios en bodegas. La diferencia entre la producción real de las empresas y la producción que podrían alcanzar si usaran el 100% de su capacidad de producción (que en la jerga económica se conoce como la brecha del producto) se ha ampliado durante la crisis.

Hoy día hay señales de recuperación económica y de crecimiento de la demanda nacional por bienes y servicios. Por esto las empresas emcienden las máquinas más tiempo, sin que esto requiera crear nuevos puestos de trabajo, ya que la reforma laboral reduce el impacto de extender la jornada laboral de empleados ya contratados. Así, durante los próximos trimestres, el mayor crecimiento implicará que se reduzca la ya mencionada brecha del producto, redundando sólo en una marginal creación de nuevos puestos de trabajo. Sólo cuando las empresas alcancen el óptimo de su capacidad de producción y se vean obligadas a ampliar sus plantas, podremos ver creación de nuevos empleos de largo plazo en la economía.

En segundo lugar, el crecimiento económico se ha visto impulsado por dos sectores. El primero es minería e hidrocarburos, que no es intensivo en empleo. El segundo es el sector de construcción, cuyo crecimiento se debe al mayor gasto público que resulta de una política contracíclica. Si se analiza este sector excluyendo el gasto del Gobierno, éste tuvo un crecimiento negativo del 1,5% en el primer trimestre de 2010. En esta situación el nuevo Gobierno deberá mantener el nivel actual de gasto en infraestructura sólo para que el desempleo no continúe aumentando. Esto, en una coyuntura de déficit fiscal creciente, puede ser difícil de lograr.

En tercer lugar, la inversión extranjera que tanta propaganda favorable ha merecido en los debates económicos tanto en la academia como en el alto gobierno, no ha generado los empleos esperados. Como ya se mencionó antes, la minería y los hidrocarburos, principales receptores de estos recursos, no son intensivos en empleo, aunque sí en capital. En segundo lugar, la inversión extranjera no se ha dirigido a la creación de empresas sino a comprar empresas ya existentes. Es decir que no se contrata gente nueva, simplemente cambia el nombre de quien paga la nómina.

Así, los retos del nuevo Gobierno son grandes. Debe generar políticas que permitan una creación estructural de puestos de trabajo. En ese sentido, la mejor aproximación es buscar crear empleo calificado en el campo, pues éste redunda en una mejor distribución del ingreso por tratarse de uno de los sectores más pobres y vulnerables de la economía. Este propósito requiere el acompañamiento de una política de educación especializada, dirigida a campesinos, agricultores y ganaderos. Así se garantiza tanto una mejora en la producción de bienes exportables como la seguridad alimentaria de largo plazo.

Por otra parte, el Gobierno debe convertir los incentivos que se dan a las empresas para la compra de maquinaria en incentivos al empleo. En una coyuntura de tasas de interés bajas y peso revaluado, con un endeudamiento externo privado creciente, no tiene sentido dar incentivos adicionales a la importación de bienes de capital. Sería más provechoso asignar estas exenciones a la creación de empleos formales en la economía y a la capacitación de empleados ya existentes. Esto se puede lograr privilegiando esquemas de contratación de largo plazo sobre los aberrantes contratos por prestación de servicios e impulsando la afiliación de todos los colombianos a los esquemas de seguridad social.

Finalmente, se puede buscar replicar el caso de India, donde personal con calificación laboral media trabaja en el sector servicios a distancia. Tal es el caso de la tercerización de procesos que no requieren la presencia física del empleado, como centrales telefónicas, servicio al cliente, servicio técnico y secretariado. Fortalecer el sector servicios, que no siempre requiere fuertes inversiones de capital, es una forma de aprovechar la ventaja comparativa del país, en términos de salario por hora, frente a empleados más costosos de las economías más desarrolladas.

* Profesional en Finanzas y Relaciones Internacionales. Master of Science en finanzas de la Universidad Pompeu Fabra. Profesor Investigador Cipe – Universidad Externado de Colombia. germanf.forero@uexternado.edu.co

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