Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2004/07/04 00:00

Créditos y tasas de interés

El que los colombianos no pidan créditos a los bancos tiene repercusiones directas en la economía. Así lo explica Alcira Tapia, máster en economía, que reconoce algunas causas del fenómeno y hace recomendaciones para que los créditos sean más atractivos y accesibles.

Créditos y tasas de interés

La función principal de los intermediarios financieros es la creación secundaria de medios de pago, que se realiza a través del proceso de recibir depósitos provenientes de los agentes económicos y otorgar créditos para financiar proyectos económicamente viables. De tal modo, el sistema financiero adquiere una importancia fundamental en el proceso económico por la repercusión que tiene sobre otros sectores, en particular como un determinante principal de su viabilidad productiva, a través del financiamiento de la actividad productiva, y de su competitividad a través de las tasas de interés que se reflejan en su costo de producción.

Sin embargo, en Colombia, durante el periodo 1998-2003, el monto total de los créditos del sistema financiero disminuyó 2,8 por ciento en términos nominales. Mientras en 1998 los créditos representaban el 36,1 por ciento del PIB, en 2003 la participación fue de 22,2 por ciento. Por su parte, en el mismo periodo, el monto total de los depósitos ha crecido en 36,7 por ciento pero su participación en términos del PIB ha disminuido, al pasar de 32,6 por ciento a 28,1 por ciento.

Por otro lado, la relación créditos-depósitos, que en Colombia se ha mantenido en 88 por ciento en promedio en ese mismo periodo, en economías desarrolladas como la de Estados Unidos y España, donde el crédito es una forma de vida, la relación supera el 140 por ciento. Igual situación se presenta en economías en vías de desarrollo como la de Perú y Bolivia, donde la misma relación alcanza niveles del orden de 120 por ciento.

Pero, ¿por qué en Colombia la demanda de crédito es baja cuando los bancos tienen suficientes depósitos y aún más, lo manifiestan? Diversas razones podrían explicarlo.

Tal vez la más importante es el elevado costo del crédito. No es que no haya fondos, sino que son demasiado caros; las tasas de interés reales son muy elevadas respecto a las rentabilidades que pueden alcanzar las actividades económicas, particularmente las que producen bienes transables. Si bien es cierto que han alcanzado niveles históricamente bajos, si se compara con estándares internacionales, las tasas de interés activas colombianas siguen siendo muy altas.

Por ejemplo, la tasa activa preferencial en Colombia (la que se cobra a las empresas menos riesgosas), para no hablar de las otras tasas a los otros prestatarios, en diciembre de 2003 fue de 12,05 por ciento, que representa una tasa real de 5,2 por ciento, mientras la tasa prime en Estados Unidos fue de 4 por ciento, que representa una tasa real de 2 por ciento. No es que la economía norteamericana sea más grande puesto que también en economías más pequeñas, por ejemplo la peruana donde el sistema bancario es mucho más pequeño y más concentrado en términos de colocaciones, depósitos y activos, para la misma fecha, la tasa de interés activa preferencial era de 3,3 por ciento, que representaba una tasa de interés real de 1 por ciento (con una inflación de 2.5 por ciento) .

A esa elevación de las tasas de interés contribuye la competencia que el sector público impone sobre los fondos bancarios, al venderles a los bancos papeles para financiar sus déficit. La situación para los bancos es cómoda, adquieren papeles que le dan una remuneración atractiva a cero riesgo y sin mayor trabajo.

De tal modo, si las tasas de interés son altas, es posible que los proyectos económica y financieramente rentables sean escasos, porque la relación precio-costo es muy baja y los agentes económicos no tienen incentivos para endeudarse. En este sentido, las autoridades monetarias y de regulación deben cumplir un papel fundamental para abaratar el crédito y elevar su disponibilidad. La autoridad monetaria cuenta con instrumentos como la tasa de intervención (tasa que cobra el banco central por los fondos que entrega a los bancos, que también hacen parte de los depósitos totales). A través de esta intervención puede garantizar mayores niveles de liquidez al sistema bancario (siempre y cuando no limite los montos a subastar) y menores costos que deben pagar las entidades bancarias, lo que repercute en menores tasas activas en el sistema bancario.

La autoridad regulatoria también debe cumplir un papel fundamental en la disponibilidad y el abaratamiento del crédito, sobre todo en sistemas financieros que tienen alto grado de concentración, poca transparencia respecto a las tasas de interés y dificultades al acceso y a la salida de agentes y productos en el sistema. Todo ello acaba definiendo un sistema con características oligopólicas.



En este sentido, la Superintendencia Bancaria (SB) debe favorecer la entrada y salida de nuevas instituciones y nuevos productos financieros y obligar a una mayor transparencia y difusión de las tasas de interés activas y pasivas. Adicionalmente debe mejorar el mecanismo de determinación de las tasas de interés de usura, las cuales deben considerar la situación de las tasas de interés activas a escala internacional y la situación de los spreads financieros.

Con respecto a los demandantes de créditos, las garantías reales y financieras exigidas son actualmente altas. De tal modo, impiden el acceso al sistema bancario de poblaciones pobres sin mayores garantías y activos reales. Por ello también es deseable una legislación bancaria apropiada que permita formas de créditos diferentes a las tradicionales que viabilicen el acceso al crédito a las poblaciones más pobres.

En consecuencia, es necesario estimular el crédito como principal fuente de inversión y desarrollo económico. Las autoridades monetaria, regulatoria y fiscal deben propiciar esta situación promoviendo tasas de interés bajas a través de políticas monetaria y regulatoria adecuadas, un ambiente de confianza favorable, una regulación estable y menos rígida y una política de endeudamiento público que no reduzca la disponibilidad de crédito para el resto de la economía.

En últimas se trata de crear un ambiente favorable que permita a las empresas colombianas ser competitivas a escala internacional, sobre todo cuando se está a las puertas de firmar un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos.

*M.Eco.

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