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Opinión

  • | 2007/02/24 00:00

    ¿Creerán lo que dicen?

    El Presidente ha dicho que aquí no hay conflicto. El comisionado de paz, que se acabaron los paras. El ex ministro Londoño, que no quedará una mata de coca...

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Dice el presidente Álvaro Uribe, al enterarse con asombro de que ha sido detenido Jorge Noguera, su ex jefe de campaña en el Magdalena, su ex director del DAS, su ex cónsul en Milán, acusado de colaboración con los narcoparamilitares para la comisión de asesinatos y la organización de fraude electoral:

-Si resultare condenado, mi deber es ofrecerle disculpas al país porque fui yo quien lo nombró.

No creo que ninguno de sus predecesores se haya disculpado jamás. Todos ellos han sido más bien de la línea del "yo no fui", ilustrada por el presidente Marroquín cuando le echaban en cara la responsabilidad por la pérdida de Panamá:

-¿De qué se quejan? Me dieron un país y les devuelvo dos.

Pero el de Noguera no es el único nombramiento por el que Álvaro Uribe debería ofrecer disculpas. Aunque no creo mucho en la sinceridad de su arrepentimiento porque, explica, fue sin querer.

-He procurado escoger colaboradores totalmente comprometidos con la transparencia y con un designio de gobierno: un país sin guerrilla, sin paramilitares, sin narcotráfico, sin corrupción.

Muy bien. Pero no lo ha logrado. Ni en los cuatro años de su primer mandato, ni en los seis meses que lleva del segundo. ¿Compromiso con la transparencia? No ha habido gobierno más impenetrablemente opaco que el de Álvaro Uribe, en cualquier tema que se le ocurra a uno: el de las tratativas con las autodefensas, el de las fumigaciones de cultivos ilícitos (y también lícitos) aquí (y en el Ecuador), el de las negociaciones sobre el Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos. Hasta el del sueldo de su secretaria privada. ¿Un país sin corrupción? Se le olvidó esta vez mencionar la politiquería: pero en cuanto a la corrupción, desde el principio dio ejemplo nombrando ministro de Justicia al corrupto Fernando Londoño, condenado por la estafa de Invercolsa. ¿Sin narcotráfico? Los crecientes escándalos de la narcoparapolítica, así como las cifras de los observatorios de la droga, demuestran lo contrario: bajo los gobiernos de Uribe el narcotráfico no ha hecho otra cosa que aumentar. ¿Sin paramilitares? Hasta el muy manguiancho señor Caramagna de la OEA, que ni se mosqueó cuando de los quince mil paramilitares que había se entregaron cuarenta y dos mil, en una multiplicación tan asombrosa como la de los panes y los peces evangélicos, acaba de reconocer que se han rearmado por lo menos cinco mil. ¿Sin guerrilla? Bueno: también el Presidente ha dicho que aquí no hay conflicto armado.

Y esos colaboradores que ha escogido sin querer, sin conocerlos -pues no conoce ni a sus jefes de campaña, como Noguera; ni a sus ministros, como Londoño; ni a sus compadres, como Cuello Baute; ni a sus vecinos de finca, como García-, aseguran por su parte que el "designio de gobierno" le ha salido a Uribe a pedir de boca.

El comisionado de Paz Luis Carlos Restrepo, el doctor Ternura, dice que se acabaron los paras: él mismo les recibió en mano unos cuantos miles de fusiles inservibles. El ministro de Defensa Juan Manuel Santos afirma en sus giras por el exterior que estamos ya "en el posconflicto", olvidando no sólo la realidad que nos circunda sino la obduliana doctrina presidencial sobre la inexistencia del conflicto. Y el ya mencionado ex ministro del Interior y de Justicia Fernando Londoño, que en 2003 vaticinaba que cuando acabara ese año no quedaría ni una mata de coca en Colombia, se reafirma en su peregrina tesis cuatro años después. No sólo están acabadas las guerrillas de las Farc -que según él han perdido dieciséis mil hombres en cuatro años: ojalá no se multipliquen tanto como los paras- sino que "también se acaba la cocaína". Y explica: "la coca se acaba porque la guerra que la mantenía está perdida". ¡Y pensar que muchos ingenuos observadores y analistas estábamos convencidos de que la cosa era al revés: de que eran los dineros de la coca los que mantenían la guerra! Si no fuera por las iluminantes columnas de prensa del perspicaz doctor Londoño seguiríamos a oscuras.

Para terminar, Londoño nos anuncia con tono campanudo:

-La guerra termina, señores. Y la paz empieza.

¿Será que de verdad creen lo que dicen? ¿Les creerá el Presidente? Bueno: también dicen que Álvaro Uribe es el mejor Presidente que ha tenido Colombia en toda su historia. Y él les cree. Por lo que hemos venido viendo en estos últimos cinco años, tan mal como conoce a sus colaboradores se conoce a sí mismo. Por eso se autonombró candidato para un segundo período.
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