Viernes, 20 de enero de 2017

| 2005/01/09 00:00

Crímenes de Estado

Hay precedentes recientes de secuestros cometidos por los Estados más civilizados y honorables del siglo XX

Crímenes de Estado

Protesta airado, como suele, el presidente Álvaro Uribe porque las Farc denuncian que uno de sus hombres fue secuestrado en Caracas y entregado luego en Cúcuta a las autoridades colombianas para ser apresado. Dice Uribe -airado, como suele- que cómo se atreven a protestar las Farc por un secuestro, si ellas también secuestran, y asesinan, y más. Tiene razón Uribe, privadamente hablando: las Farc carecen por completo de autoridad moral para protestar. Pero ni jurídica ni políticamente tiene razón el presidente Álvaro Uribe cuando, por muy airado que esté, compara los secuestros de las Farc con los secuestros que comete el Estado colombiano. Porque las Farc no son un Estado: son una organización ilegal y criminal. Política, sí (aunque eso no lo reconozcan ni el Uribe presidente ni el Uribe privado, airadísimos ambos), pero no legal. Una organización que comete delitos por los cuales sus dirigentes son juzgados, y muchas veces condenados (así sea in absentia), y ocasionalmente incluso extraditados, como le acaba de suceder a Simón Trinidad. En tanto que se da por hecho, de entrada, que el Estado colombiano no tiene entre sus facultades legales la de secuestrar, aunque otras organizaciones sí lo hagan, y en consecuencia sean juzgadas -y condenadas- por ello. (A veces no, claro: hay el indulto, la amnistía, etc. Lo debe saber de sobra el presidente Uribe, que acaba de dejar que pasen sin la menor sombra de condena los crímenes atroces de las AUC). Ahora bien: ¿hay precedentes de Estados que secuestren, como lo acaba de hacer el Estado colombiano en Caracas? Sí: hay precedentes. No me voy a remontar a los tiempos 'de bárbaras naciones'. Hay precedentes muy recientes de secuestros cometidos, tanto en territorio propio como en el extranjero, por los Estados más civilizados y honorables del siglo XX. No voy a hablar del Chile del general Pinochet, que ahora está siendo juzgado (el pobre) precisamente por eso. Ni de la Argentina de los generales Videla y Galtieri, que ahora están presos. En su domicilio, sí: pobres... O pobres no, puesto que son muy ricos. Quiero decir: pobrecillos. Airados jefes de Estado que competían con las guerrillas subversivas en el secuestro y el asesinato, y ahora se ven entrampados en la telaraña de la ley. No creo que nadie, ni siquiera alguien tan ultraderechista como nuestro presidente Uribe, se atreva a llamar en público civilizados y honorables a los regímenes de Pinochet en Chile y de Videla y compañía en la Argentina. Por eso voy a mencionar a otros dos: Israel: inventor -en la época contemporánea- del método del secuestro de sus adversarios en el extranjero. Y los Estados Unidos, su principal utilizador. Israel secuestró en la Argentina al genocida nazi Eichmann; y también, en Italia, al ingeniero israelí Vaununu, que denunció que ilegalmente Israel tenía armas atómicas. Los Estados Unidos secuestraron en Honduras al narcotraficante Matta Ballesteros; y también, en Panamá, a su agente de la CIA el general Noriega. Esos secuestros han sido criminales. O, por decirlo con menos énfasis, violatorios de las leyes dictadas por los Estados que los cometían. Ni el primer ministro israelí Ben Gurion en su tiempo, cuando lo de Eichmann; ni el presidente Bush padre en el suyo, cuando lo de Noriega, fueron juzgados por esos delitos. Pero, doctor Uribe: ¿quién le garantiza a usted, que no es ni israelí ni norteamericano, que a lo mejor lo dejan caer sus jefes, como dejaron caer a Pinochet o a Videla? j j j Nota: OTRA COSA que no tiene nada que ver: ¿por qué han perdido el oído poético (musical) los colombianos? La cosa empezó hace un mes con un artículo de prensa escrito 'en verso' por el ex ministro de 'hacienda' (las comillas son igualmente deliberadas en los dos casos) Rudolf Hommes. No estaba en verso, claro. No había ahí ni rima, ni métrica. Ni era tampoco lo que se llama 'verso libre', que responde a un ritmo interno. Era, si acaso, verso neoliberal: uno que arrasa con todo lo que se le pone por delante. Pero a continuación lo criticó, en malos versos, en versos cojos, un columnista de SEMANA. Héctor Abad. Y luego, en versos aún peores y más cojos (es decir: de mal oído), un lector que aplaudía a Abad. Y después, encima, un 'Simón el Farcsito', a quien tampoco le empatan las puntas, ni se le igualan los tiempos. Esto, en el país de oído infalible de Juan de Castellanos, de Julio Arboleda, de Guillermo Valencia, de José Asunción Silva, de Eduardo Carranza, de Giovanni Quessep. ¿Qué nos ha sucedido?

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