Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2010/01/22 00:00

Crisis ambiental: política vs. ciudadanía

El cambio climático requiere de respuestas urgentes, que vayan más lejos de los lánguidos acuerdos como el de Copenhague.

Santiago Aparicio

Incendios forestales azotan los cerros tutelares de Bogotá, ciudad golpeada hoy por el verano, las heladas y la contaminación. Al mismo tiempo fuertes aguaceros y tormentas eléctricas en Río de Janeiro (Brasil), causan estragos, inundaciones y deslizamientos que dejan pérdidas multimillonarias. Extensas nubes rojas de arena caen sobre Argentina, Australia y el Medio Oriente, mientras que en las islas Solomón, en el Pacífico Sur, un terremoto, con un epicentro de 35 kilómetros de profundidad, forma un tsunami que de nuevo amenaza con la llegada del fin del mundo. China -la gran China-, Norte América y Europa, sufren tormentas de frío y nieve, que ya dejan varios muertos. Ese es el estado de emergencia ambiental en que se encuentra el planeta.

Hace sólo un mes, en Copenhague (Dinamarca) durante la cumbre mundial del cambio climático, el individualismo de los líderes de las grandes economías obstaculizó un verdadero acuerdo para buscar una solución definitiva a estos problemas.

Recuerdo que el Primer Ministro del Consejo de Estado de la China, Wen Jiabao, estuvo enviando funcionarios de segundo nivel para las urgentes negociaciones que se desarrollaban directamente con el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama. Solo hasta el último día en Copenhage, en las últimas horas de esta reunión, surgió un mal llamado "acuerdo" elaborado por sólo cinco de las 193 naciones: China, Estados Unidos, India, Sudáfrica y Brasil.

Contrario a las expectativas que existían, el "acuerdo" no obliga jurídicamente a los firmantes; no estableció límites a la cantidad de emisiones permitida de CO2 (dióxido de carbono); ni definió las acciones para reducir la emisión de estos gases; ni suscribió cómo será la financiación para su ejecución; ni contempló la posibilidad de transferir tecnología para ayudar a los países más vulnerables a los efectos del cambio climático. En fin, se prolongó una vez más la solución a un problema que tiene en riesgo la supervivencia de la especie humana.

Durante las dos semanas de reuniones de Naciones Unidas, mientras las delegaciones negociaban en un ambiente caótico marcado por la desconfianza, el interés particular y la falta de solidaridad, en la ciudad de Copenhague, ciudadanos de todo el mundo se manifestaron y propusieron diversas soluciones al Cambio Climático. Obras musicales, exposiciones de arte, diseño y tecnología verde, marcaron un hito en la forma de comprender y buscar caminos para superar el cambio climático. Paradójicamente, mientras la diplomacia y la política no consiguieron nada, la ciudadanía del mundo dejó claro que sí hay propuestas para abordar este proceso de transformación.

La magnitud de la crisis y las consecuencias que pueden generarse son inimaginables. Los efectos ambientales tangibles que estamos viviendo por el cambio climático (aumento del nivel del mar en las zonas costeras, tornados, deshielo de los nevados, inundaciones y sequias, tormentas de arena, entre otras) alertan sobre la urgencia de un cambio en el esquema de comprensión de la naturaleza.

En primer lugar se debe re-conocer la interdependencia entre la naturaleza y los seres humanos, y buscar un nuevo esquema de desarrollo sostenible y armónico.

De no tomar medidas radicales, racionales, urgentes, creativas, solidarias, comunes y con recursos para financiar la protección de nuestro planeta, estaremos cavando nuestra propia extinción.
 


 *Santiago Aparicio es investigador  del Centro de Estudios para el Desarrollo Sostenible.
s.aparicio@ceidcolombia.org 



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