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Opinión

  • | 2006/11/25 00:00

    ¿Crisis? ¿cuàl crisis?

    Hàganse las crìticas que se quiera, hay que reconocer que esta administraciòn logrò el desmonte de buena parte del aparato militar de los paras

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Los colombianos acostumbramos entender las crisis como situaciones graves y complejas que, en general, hacen daño, causan mal. Vemos las crisis como "situaciones dificultosas o complicadas", según define el Diccionario de la Real Academia. Y así están muchos por esto días, con la "crisis institucional" en la punta de la lengua para calificar lo que se vive por el encarcelamiento de unos políticos acusados por sus vínculos con los paramilitares. "Crisis institucional", como si de repente se estuviera cayendo el mundo.

Hay otra manera de ver las cosas. Crisis es también el "momento decisivo de un negocio de consecuencias importantes". Esa es mi lectura. Me explico: lo que resultaba grave y estaba causando daño, un daño mortal, era los paramilitares y su vínculo con dirigentes políticos regionales. Con esa alianza penetraron las instituciones departamentales y municipales y expoliaron sus fiscos, corrompieron unidades militares y policiales, usurparon tierras campesinas y obligaron a miles al exilio, alteraron las reglas básicas de la competencia política y sacaron del juego a sus adversarios. Y, claro, en no pocas ocasiones, asesinaron a quienes se les opusieron. La lista de canalladas, el prontuario del horror, es largo y hondo, como profunda fue su penetración en la vida social y política de muchas áreas del país. Mortal, pues, fue la combinación entre la dirigencia regional y 15.000 violentos armados hasta los dientes.

Y mientras eso ocurría, las autoridades judiciales hacían nada o poco para combatirlos. El Congreso no purgaba a los corruptos y sucesivos gobiernos la veían pasar, como si no fuera con ellos. Las instituciones no funcionaban adecuadamente. Había connivencia, impunidad, violencia, asociación mafiosa. Esa realidad, digo, era la crisis que vivíamos.

Lo que no hace daño, en cambio, es la reducción de la violencia, el conocimiento de la verdad, la operación eficaz de las instituciones, la justicia. Háganse las críticas que se quiera, hay que reconocer que esta administración logró el desmonte de buena parte del aparato militar de los paras. Eso trajo de la mano la disminución sensible de las cifras de criminalidad. Desarmar y desmovilizar a buena parte de los paras fue, no tengo duda, indispensable para lo que ha venido. Sin combatientes y sin armas, el resto del aparato para quedó desnudo, frágil, vulnerable. La Corte Suprema de Justicia dio, a su vez, un paso definitivo al ordenar la captura de un grupo de parlamentarios a los que acusa de tener vínculos con los paras. Este gobierno obtuvo la reducción sustantiva del paramilitarismo. La Corte ha empezado a hacer lo mismo con la parapolítica y la Fiscalía parece querer seguir el camino trazado. (Advierto que no estoy diciendo aquí que las capturas ordenadas por la Corte se hayan hecho en el marco de la Ley de Justicia y Paz. En absoluto. Tampoco tendrán ese encuadre las que vendrán que, parece, serán al menos un par de docenas más antes de año nuevo. Esas órdenes tienen un marco jurídico y un proceso muy distinto. Digo que, sin embargo, lo primero facilitó lo segundo).

En fin, el punto es que las instituciones, por primera vez en años, le han metido diente a la nuez del problema para en Colombia. Eso significa que hay luz al final del túnel, que hemos iniciado la salida de la crisis, que se ha disminuido la violencia, que empieza a aflorar la verdad, que nos asomamos a la justicia. Así que aquí no hay "crisis institucional" por ningún lado. Hay fortalecimiento de las instituciones, que es cosa muy distinta. Congreso incluido, porque tendrá la oportunidad de depurar a varios de sus miembros más corruptos.

A conservar entonces el optimismo que, insisto, sólo los que colaboraron con los paras deben estar preocupados. Los demás estamos de fiesta.

Muy buena ha resultado la segunda edición de ArtBo. Cincuenta y dos galerías, 30 de ellas foráneas. Piezas de Miró, Picasso, Matta, Lam, Lygia Clark, Soto o Cruz Díez, y de Miguel Ángel Rojas, Óscar Muñoz y José Alejandro Restrepo, nuestros fuera de serie. Y de los que lo serán en el futuro, como Juan Fernando Herrán, Johanna Calle, Alberto Baraya, Juan Carlos Delgado, Rodrigo Echeverry, Salazar Arenas, Marco Mojica, Máximo Flórez y Mateo López. Verdaderamente excepcional.
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