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Opinión

  • | 2017/09/20 18:31

    Los muertos de Saludcoop, de Cafesalud y de Medimás

    El tétrico inicio de la nueva EPS no un problema nuevo sino otro capítulo de la vergonzosa herencia de Saludcoop y Cafesalud, y solo confirma que el sistema de salud es un monstruo tomado por delincuentes y corroído por la corrupción.

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El debut de Medimás EPS, el consorcio que en forma cuestionada compró Cafesalud y abandonó a su suerte durante semanas a miles de usuarios -10.000 quejas en 45 días, de pacientes sin atención ni tratamiento, algunos con enfermedades graves-, derrumbó el muro azucarado con el cual el Gobierno ha tratado de decorar una podredumbre que otra vez está a la vista de todos.

Se cayó de entrada la falacia de que tenemos uno de los mejores sistemas de salud del mundo y otras fantasías que algunos invocan para exaltar el caos, con base en estadísticas de cobertura. De nuevo la realidad nos enseña que estar afiliado al sistema no sirve de nada si la gente no accede a los servicios.

Miles de autorizaciones negadas, falta de medicamentos, aplazamiento indefinido de cirugías y procedimientos o de citas con especialistas, no son fallas exclusivas de Medimás. Son típicas en nuestro sistema de salud que en realidad es un monstruo indolente e ineficaz, tomado por delincuentes de todos los tamaños y corroído por la corrupción.

El problema no es reciente ni desconocido. Comenzó en los años noventa cuando las EPS (empresas promotoras de salud) -creadas por la Ley 100 de 1993- descubrieron diferentes maneras de hacer buenos negocios: trabajar a costa de las IPS (instituciones prestadoras de servicios de salud) clínicas, hospitales y otras entidades que prestan los servicios. Explotar y pagarles mal a los médicos, restringir al máximo la prestación de servicios, inflar las facturas a cargo del Estado, trasladar pacientes graves y/o difíciles o casos de urgencias -que ocasionan costos altos- a la red de hospitales públicos y en contraste hacer grandes utilidades a través de la venta de medicinas, equipos, prótesis etc. a precios elevados. Patentaron una conducta filibustera y ventajosa que ningún gobierno ha logrado corregir. La salud dejó de ser un servicio y un derecho constitucional y se convirtió en fuente de negocios lícitos e ilícitos de las EPS para apoderarse del multimillonario presupuesto de la salud -más de 30 billones al año en la Colombia actual- sin mayor resistencia del Estado.

El campeón indiscutible del asalto fue Carlos Palacino el hombre que desde 1994 hizo desde el cooperativismo Unimec y SaludCoop, un emporio de riqueza y quien de acuerdo con la Contraloría General de la República utilizó dineros del estado con destinación específica para la salud, para construir su propia red de clínicas, laboratorios y demás, a quienes contrató los servicios. Fruto de esa integración vertical en muy pocos años pasó de un millón a cinco millones de usuarios y logró tener la mayor empresa de salud del país, con más afiliados de los que tuvo en sus épocas doradas el Instituto de Seguros Sociales. Ilegalmente, con los recursos del Estado para la salud, Saludcoop compró 28 clínicas, empresas en México y Ecuador, el colegio Gimnasio los Pinos, Epsifarma, Epsiclinicas, Epsiméd, entre muchas otras propiedades, en casi total impunidad.

Solo fue intervenida en 2011, un remedio peor que la enfermedad, porque se pasó de la corrupción de los fundadores a la corrupción de los interventores. Mediante una singular operación los activos y los usuarios terminaron en Cafesalud -empresa de Saludcoop- y bajo el nuevo esquema, según la Corte Constitucional, se presentaron "irregularidades y malversación de recursos, sobrecostos en medicamentos y corrupción” denuncias que terminaron en la destitución del presidente de la EPS, Guillermo Grosso y en el repentino asesinato del revisor fiscal Luis Alfredo Caicedo, pocas horas antes de la reunión en que debía presentar su informe ante la junta directiva.

El pasado mes de mayo, en otra rara operación acerca de la cual ni el Gobierno ni los compradores han revelado los términos, Prestasalud, un consorcio de 13 empresas del sector compró Cafesalud en 1,45 billones de pesos. A la fecha de la operación la empresa tenía 2,9 billones de pasivos y pérdidas mensuales por 13.000 millones, pero el comprador entró a recibir de parte del Estado 400 mil millones al mes por sus servicios, un bocato di cardinale para gente que sabe dónde está la nuez de los negocios y que recibió legalmente un patrimonio hecho ilegalmente con recursos públicos, más patente de corso para continuar la integración vertical. Tanto en la intervención de 2011, como en la nueva venta, rondan sospechas sobre la posibilidad de que detrás esté el propio Palacino, en busca de recuperar sus propiedades. Palacino tiene ocho procesos en contra, que solo ahora se activaron porque el anterior fiscal, Eduardo Montealegre, tuvo negocios con Saludcoop por más de 5 mil millones de pesos y no hizo nada en contra del hombre que lo contrató.

Medimás no un problema nuevo sino otro capítulo de la vergonzosa herencia de Saludcoop y Cafesalud y del legado que deja este gobierno, incapaz, como sus antecesores, de enfrentar y contener los descomunales abusos de casi todas las EPS, cuya deuda con los hospitales pasará de 13 billones de pesos este año.

Sería simple crónica judicial si no involucrara daños irreparables y la muerte de miles de colombianos, víctimas del agónico servicio de clínicas y hospitales, en precariedad permanente porque ni las EPS ni el Estado les pagan lo que les deben. En Colombia se presenta una tutela cada 4 minutos, 70 por ciento relacionadas con derecho a la salud. Como dice el senador Jorge Robledo, gran estudioso del tema, “en nuestro país la gente no se muere del corazón ni de los riñones… las matan las EPS y el sistema de salud”.

@germanmanga

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