Opinión

  • | 1985/07/08 00:00

    CRITICA Y TELEVISION

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Hace algunas semanas, Margoth Ricci, polémica directora de la fracasada revista Antena, me preguntaba en una entrevista radial: "¿Qué pasará después de su fallido experimento en "Notas de Sociedad"? Usted que ha sido tan dura con libretistas, directores y actores, ¿se atreverá a criticar otra vez?". A lo cual me permití responder: "El hecho de que haga crítica no me obliga a hacer libretos perfectos, de la misma manera que el hacer libretos no me inmuniza de cometer errores en la crítica. Como crítica siempre daré una opinión personal (léase subjetiva) de una realización ajena como libretista intentaré hacer las cosas bien, corriendo el riesgo de fallar. No he vuelto a escribir, porque no he tenido tiempo de hacerlo, pero yo sé que en SEMANA está mi puesto libre para cuando quiera regresar". Y efectivamente aquí lo encontré. Por eso me alegra empezar otra vez esta columna,en la cual no pretendo ser juez, sino testigo, y no deseo pontificar, sino opinar, dos cosas por demás bastante diferentes.
Parece propicia la ocasión, además, para hacer algunas reflexiones sobre la crítica. ¿Que es realmente un crítico de televisión? ¿Acaso un ser superior, una especie de profesor en la materia que aprueba o desaprueba el trabajo de sus alumnos (en este caso los realizadores) señalándoles qué deben y qué no deben hacer? Puesto en esos términos, el asunto resulta por lo menos inverosimil. Es obvio que nadie puede ser profesor de músicos, actores, directores, libretistas, investigadores, periodistas, locutores, presentadores y técnicos a la vez.
¿Será entonces el crítico un vocero de la opinión pública como muchas veces se ha pretendido señalar? El solo enunciado ya suena petulante. Evidentemente nadie puede calificarse representante de un grupo que no lo ha nombrado, ni hablar de opinión pública cuando se está aludiendo a los comentarios escuchados entre amigos y familiares.
Tampoco se puede decir que el crítico sea un erudito en el tema, graduado en crítica y reconocido por una academia especializada.
Hasta donde se sabe no existe en el mundo un centro docente que cumpla esta función.
El crítico (en este caso de T.V.) es un individuo mucho más cotidiano, al cual se le concede el beneficio de opinar única y exclusivamente porque ve mucha, pero muchísima televisión, porque lee todo lo que encuentra sobre el tema, porque se interesa en buscar conciliaciones entre teoría y realidad y porque intenta manejar todo esto con una cierta objetividad.
Desmitificado el crítico y reducido a la condición ideal que es la de periodista raso (con derecho a opinar), se le aceptan ciertas cosas,pero no se le permiten otras.
Se le acepta que opine subjetivamente e incluso que se equivoque, pero no se le perdona que hable de un programa que no ha visto o del que apenas tiene referencias indirectas.
Se le acepta que analice despiadadamente dando razones que lo respalden, pero no se le perdona que maneje afirmaciones fáciles, frases hechas o lugares comunes cuando se refiere a una realización.
Se le acepta que sea irónico (ironía: burla fina y disimulada), pero no se le perdona que sea sarcástico (sarcasmo: burla sangrienta, ironía mordaz y cruel).
Se le acepta que interprete las obras que ve, pero no se le perdona que niegue la posibilidad de otras interpretaciones.
Se le acepta que tenga amigos y enemigos, pero no se le perdona que ponga su columna al servicio de ellos.
Es preciso, además, que el crítico acepte ser criticado, que no pierda el juicio si hay quien no esta de acuerdo con sus conceptos, y que sea creativo en su crítica para que no se limite a repetir lo que dijeron los demás y logre ser convincente.
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