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Opinión

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Pues sí: por lo que vamos viendo, van a acabar todos en la cárcel (por lo menos hasta que la 'ley de punto final' los devuelva a todos al cariño de los suyos). Van a ir presos todos los ministros, los secretarios generales, los asesores de confianza del señor Presidente, por lo menos la mitad de los congresistas. Y falta todavía por saber cuántos alcaldes y gobernadores, cuán-tos jueces, cuántos generales, y, siguiendo el ejemplo iniciado en la Universidad de los Andes, cuántos rectores y decanos, cuántos académicos de la Lengua y de la Historia, cuántos dirigentes del deporte, cuántos mecenas de las artes (si es que hay alguno). Muy lejos están los tiempos en que la cárcel en Colombia era sólo para 'los de ruana'. Ahora no va a ella nadie a quien le hubieran echado bola negra en el Jockey Club (y a lo mejor, si tratara de ir, le echarían bola negra en La Picota).Y mientras más son los que van, más honorables van siendo, por lo visto, los motivos por los que acaban presos. El tesorero Medina fue a la cárcel por sapo, pero ahora ya no se lo mira como sapo sino como precursor. El ministro Botero fue por traidor: pero ahora es opositor. Garavito ya no es codicioso, sino víctima. Santofimio ya no es ambicioso, sino mártir. Y a partir de ahí (porque lo cuantitativo se convierte en cualitativo, como diría Marx) lo que se castiga con la prisión no son ya vicios, sino virtudes. Rodrigo Pardo, tan querido, va a la cárcel por querido: por ser tan buen amigo de su amigo el Presidente y de sus demás amigos. Horacio Serpa, tan leal, va por leal. Turbay, tan eficaz, por eficaz. Cristo, tan emprendedor, por emprendedor. Vargas Lleras, por nieto de Carlos Lleras. Posada, por Posada: no veo otro motivo ni en contra ni a favor. Y así sucesivamente. La prensa ya no habla de culpabilidades, sino que se lamenta: "La sociedad devora a sus mejores hijos".También la cárcel, que era una vergüenza, se va convirtiendo en un timbre de orgullo, de gloria social. Así como antes se hacían despedidas de soltero, ahora se hacen despedidas para el que va a caer preso, con shower de regalos: ¿limas para cortar barrotes? No: cremas de afeitar "mira, como la que usa don Gilberto", lociones "al 'Arete' también le encantan", un bonito tablero de ajedrez "don Pablo le enseñó a jugar a 'Chupeta', ya verás cómo le gusta". Y las páginas sociales de los periódicos informan que los doctores Serpa y Pardo fijarán su residencia en La Modelo, como antes decían que "la feliz pareja..." etcétera. Ahora se va a la cárcel como antes se iba a Miami: el que no va, no está "en ná".Y sin embargo no es que las razones por las cuales están todos yendo presos sean de veras meritorias. No es que sean comparables, por ejemplo, con la lucha contra el apartheid que le costó 30 años de calabozo a Nelson Mandela, el actual presidente de Suráfrica. No es que esta gente tan querida, tan leal, tan eficaz, sufra 'persecución por la justicia' en el sentido que a eso se le da en el sermón de las Bienaventuranzas. No. Si sufre persecución, es por haber recibido dinero de los narcotraficantes para financiar una campaña presidencial gracias a cuyo éxito todos ellos ocupan importantes cargos. Y eso, por muchas vueltas que se les den a las cosas, no es honorable. Ya era un indicio serio de que la sociedad colombiana estaba enferma el hecho de que los personajes más respetados e influyentes fueran los fiscales, con el Fiscal General a la cabeza: es decir, los encargados de investigar y denunciar la corrupción. Pero más grave todavía es que, en vista de que la corrupción está tan generalizada, ésta se vuelva un índice de elegancia social.Pero en fin: esa es la sociedad que, por lo visto, ahora tenemos. Y sólo cabe lamentar la injusticia comparativa que se está cometiendo con el pobre presidente Samper, sobre cuyas espaldas se creó esta nueva sociedad pero a quien ahora quieren dejarlo excluido de ella. Porque parece ser que él es el único al que no van a meter preso.
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