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Opinión

  • | 2006/01/20 00:00

    Crónicas de guerra y del desarraigo

    Danilo Rojas, miembro de DJS, exalta el valor de las crónicas periodísticas de guerra para llenar los 'huecos' de la historia cuando llegue el momento del cruce de cuentas gobierno-paras-guerrilla.

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Para quienes hallamos gusto en la lectura, las vacaciones son el momento ideal para despachar textos que hablen de todo menos de aquello con lo que habitualmente trajinamos profesionalmente. El género que suele tomar la delantera en estos casos es la literatura; y en diciembre y en enero la oferta suele ser abundante. Pero en Colombia ha tomado cada vez más fuerza esa realidad presentada con visos literarios que es la crónica. Los legados hechos por literatos como García Márquez y por periodistas como Germán Castro son fuentes en las que sin duda han bebido los jóvenes y menos jóvenes cronistas de hogaño.

La crónica está llamada a ponerse cada vez más de moda en Colombia por dos razones distintas pero estrechamente ligadas: porque muestran sucesos recientes en clave literaria -y con ello esconden verdades que de otra forma suelen ser difíciles de aceptar- y porque en un país ansioso de saber la verdad de su reciente pasado violento, son una fuente insustituible para analistas, críticos, funcionarios y políticos.

La historia social colombiana está cruzada permanentemente por la guerra y el desarraigo y estos serán temas centrales en la agenda política del inmediato futuro, como lo muestra el actual proceso de acercamientos del gobierno con la guerrilla y los paramilitares. Huelga decir que en el momento más importante del cruce de cuentas gobierno-paras-guerrilla, el país necesitará oír un relato creíble de lo que ha ocurrido no solo en el pasado reciente como un todo, sino en cada uno de los principales sucesos que lo conforman.

En dos platos: como el derecho a la verdad -principal caballito de batalla de las víctimas de la guerra, provengan de donde provengan- será uno de los palos en la rueda con los que tendrá que lidiar el gobierno y, en particular, la Comisión Nacional de Reconciliación y Reparación. Si bien esta no es una comisión de la verdad, sí está llamada a preparar  parte de las bases de lo que luego será el relato histórico que el país espera sobre el paramilitarismo, apoyado también en fuentes no oficiales de información, como las crónicas.

No hacerlo es no solo perder una oportunidad importante de contribuir a la verdadera reconciliación -contando lo que haya que contar-, sino dejar un hueco histórico que una sociedad democrática en construcción no puede darse el lujo de generar, pues sin duda las propias víctimas se encargarán de refregarlo permanentemente y con sobrada razón.

Pero no solo las víctimas. También las personas corrientes e interesadas en el acontecer nacional, legitimados igualmente por el mero hecho de ser ciudadanos, habrán de reclamar una historia contada con muchos más matices que los que generen fuentes meramente oficiales, máxime si tales personas, así sea en vacaciones, dan un rodeo por aquellos textos que informan sobre el drama de la guerra y el desarraigo en nuestro país.

Es por todo ello que no dudo en recomendar la lectura de un excelente libro de crónicas que refiere algunos aspectos de la guerra y el desarraigo en nuestro país. Su contenido desgarrador y dramático, narrado en clave literaria, dan cuenta del dolor, del abandono social, de las equivocaciones militares, del odio, de la desesperanza, del valor, pero especialmente del miedo. Del miedo a vivir, del miedo a morir, del miedo a huir, del miedo a quedarse, del miedo a ser, del miedo a no ser, del miedo a pertenecer, del miedo a tener o a no tener.

A riesgo de sacrificar la tranquilidad espiritual que se espera al inicio de un año de labores, la lectura de Desterrados. Crónicas del Desarraigo -Alfredo Molano, Nomos S.A., 2005- es no solo una obligación ciudadana, en el pleno sentido del término ciudadano, si se desea conocer algo más de lo que informan los medios sobre el acontecer nacional, sino también un texto llamado a completar y comprender mejor nuestra violenta y compleja historia reciente. Pero sobre todo, es un llamado a la reflexión moral para el equilibrio de nuestra propia soberbia e indiferencia.

El Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad (DJS) fue creado en 2003 por un grupo de profesores universitarios, con el fin de contribuir a debates sobre el derecho, las instituciones y las políticas públicas, con base en estudios rigurosos que promuevan la formación de una ciudadanía sin exclusiones y la vigencia de la democracia, el Estado social de derecho y los derechos humanos.

(*) Miembro del Centro de Estudios de Derecho Justicia y Sociedad, DJS. Profesor de la Universidad Nacional

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