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Opinión

  • | 2003/10/13 00:00

    Cualquiera y ninguno

    Detesto las columnas electoreras, pero hago esta porque detesto más que a Medellín la siga gobernando la misma caterva de mercachifles

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A veces al español le hacen falta palabras para expresar ideas que uno tiene. En este momento me hace falta una palabra que no viene en ninguno de los diccionarios que tengo: "cualquierista". ¿Qué es o qué sería un cualquierista? Alguien que ante varias opciones no encuentra ninguna mejor o peor que otra y por lo tanto decide que su respuesta es "cualquiera".

Yo, por ejemplo, entre los candidatos a la Alcaldía de Bogotá, me declaro cualquierista.

Voy a explicar por qué para la capital soy cualquierista, es decir, por qué cualquiera de los candidatos más opcionados me parece bueno. Veamos uno por uno. Nadie duda que Juan Lozano sea un tipo honrado, aunque haya cometido el error de dejarse rodear por negociantes de trayectoria poco sana. A cambio tiene la suerte de contar con el apoyo de Peñalosa, y eso es una garantía. Lucho Garzón también es bonachón, y se la metería toda para ser un gran alcalde; además, sería conveniente para el país que, en vista de que el primer cargo de la Nación lo tiene un hombre de derecha, el segundo lo ejerciera una persona de izquierda. Sería para toda Colombia un mensaje de cohabitación y convivencia.

María Emma Mejía demostró, cuando fue consejera para Medellín, que es capaz de desvelarse por los marginados; hizo una gran labor y creo que lo haría igual de bien en Bogotá. Jaime Castro conoce la capital al dedillo y fue el que empezó la racha de buenos alcaldes que tienen transformada a la primera ciudad del país. Y el menos opcionado, Eduardo Pizano, es quizá el más claro y estudioso, y el que muestra el programa más serio de los cinco. Por todo lo anterior envidio a Bogotá. Llevan una racha de buenas administraciones y ahora, con cualquiera de estos cinco que elijan, la buena racha probablemente seguirá.

En Medellín pasa todo lo contrario. Los politiqueros de siempre están ahí, con las manos en la masa, a punto de ganar nuevamente las elecciones. Llevan más de 20 años gobernando, y gobernando mal. La ciudad está rota, dividida, más golpeada que nunca, ahogada en sangre, pero ellos siguen ahí, como si tal cosa, repitiendo la mentira de que han sido grandes administradores cuando la realidad nos demuestra día a día que la bella villa se nos volvió una villa miseria. Estamos al nivel de Barranquilla, puestos a escoger entre un ex secretario de un gobierno nefasto o un hombre cuyos únicos méritos están en el deporte, pero que en cambio hizo una malsana administración municipal. Si en Bogotá soy cualquierista, en Medellín soy ningunista (otra palabra inexistente), con una salvedad.

Porque en Medellín tenemos todavía un buen nombre y un buen hombre que representa una oportunidad única para acabar la racha de 20 años de gobiernos incompetentes. Dije que los de siempre están a punto de ganar. Corrijo: también están a punto de perder. Les va a ganar un profesor de matemáticas que como lógico sabe que es mejor "casi perder" que "casi ganar". Por primera vez en decenios existe una propuesta social seria, diseñada por una persona íntegra, experta en educación y en convivencia, sin experiencia en chanchullos.

Es muy incómodo recomendar a alguien, pero a Sergio Fajardo (sin ser amigo íntimo) lo conozco personalmente y sé que es buena persona. Más aún, repitiendo a Machado: es, en el buen sentido de la palabra, bueno. No les digo que vaya a hacer milagros. Pero tampoco va a robarse ni un centavo. Y no va a cometer idioteces clientelistas. Para empezar les aseguro que no me va a dar ningún puesto, porque él sabe y yo sé para qué sirvo y para qué no, por lo que espero morirme sin haber sido nunca empleado público.

Detesto las columnas electoreras, pero hago esta porque detesto más que a Medellín la siga gobernando la misma caterva de mercachifles del poder, más interesados en su negocio y en su ego que en nuestros abismos de miseria y marginalidad. La ciudad que más quiero y más me duele (la ciudad con cuyas calles, caras y montañas están tejidos mis recuerdos), puede por una vez seguir el buen ejemplo de Bogotá y elegir a alguien limpio y no contaminado, que no usará el municipio como si fuera su propio almacén y que si mucho pecará por ingenuo, pero nunca por deshonesto.

Nota: El senador Juan Gómez Martínez (gran elector del reincidente Sergio Naranjo, candidato a la Alcaldía de Medellín), en respuesta a un comentario que publiqué en esta revista, dijo en una nota de El Mundo: "Yo hasta estimaba mucho al papá, Héctor Abad Gómez. No compartía sus ideas de extrema izquierda; competimos por la Alcaldía de Medellín, y 'el bobo' que dice él, ganó". Le aclaro dos cosas al senador. Héctor Abad Gómez no era de extrema izquierda; su gran bandera fue exactamente la contraria: la tolerancia por todas las ideas. Y lo segundo: es cierto que 'el bobo' ganó aquellas elecciones a la Alcaldía de Medellín, hace casi 20 años; pero no se las ganó a Héctor Abad puesto que a éste lo mataron meses antes de la jornada electoral. Una vez más el vivo se hace el bobo.
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