14 noviembre 2012

Enviar a un amigo

Email destino:

Nombre remitente:

Email remitente:

Cuando no dejar ir es egoísta

Por Ximena Sanz de Santamaria C.*

OPINIÓNLa mejor manera de atenuar el miedo a la soledad es mantener la seguridad de que aún hay alguien que nos quiere.

Cuando no dejar ir es egoísta.

En una sociedad como la de hoy en la que lo más importante –muchas veces más que la salud, el trabajo, las relaciones familiares, las amistades, entre otras- es tener una pareja, se hace muy difícil estar solo. Para muchas personas llega a ser tan difícil que prefieren estar con alguien a quien ya no quieren que enfrentar la soledad. Por el miedo a estar solos no tienen el valor de dejar ir al otro.
PUBLICIDAD
 
Un hombre de 32 años llegó al consultorio preocupado y muy angustiado porque llevaba varios meses presentando diversos problemas de salud física. Se había hecho ya una serie de exámenes pero los resultados no mostraban ningún problema. Fue por eso que finalmente decidió enfrentar el problema personal que le estaba generando esa angustia: no había sido capaz de dejar ir a su ex novia a pesar de darse cuenta del daño que le estaba haciendo a ella y que se estaba haciendo a sí mismo. ¿Por qué? Porque sentía demasiado miedo de estar solo. Un miedo que lo estaba llevando a ser tan egoísta que, aprovechándose de que ella todavía lo quería, tenía manifestaciones con ella que le mantenían la ilusión de que ellos podrían volver a estar juntos. “Yo sé que con un mensaje que le mande, ella me llama o llega donde yo esté. Y sé que con eso le hago daño, pero cuando me siento solo no puedo evitar buscarla”.
 
Después de dos años y medio de relación, él se había desenamorado. Reconocía que su exnovia era una mujer maravillosa, inteligente, bonita, expresiva emocionalmente, cariñosa con él y con su familia. Pero a pesar de todas esas cualidades, él se había aburrido de la relación, y después de varios meses de pensarlo, finalmente se había ‘armado de valor’ para terminarle. “Fue duro porque ella estaba muy triste y aunque yo no estoy enamorado de ella, la quiero mucho y le estoy muy agradecido por la persona que fue conmigo”. Aunque inicialmente pensó que el acto de terminar iba a ser lo más difícil, después de unas semanas empezó a sentir la ausencia de su compañía. “No me hacía falta ella, aunque suene horrible decirlo. Me hacía falta sentirme acompañado, por eso empecé a buscarla”.
 
Parte de lo que empezó a ser duro para él fue que la mayoría de sus amigos tenían novia o estaban casados. Esto lo hacía sentirse aún más solo. Ante ellos se mostraba indiferente con relación a la terminación con su ex novia; salía todos los fines de semana, las novias de sus amigos le sacaban amigas, y él, ante todos los demás, se mostraba bien y tranquilo. Cuando le preguntaban si se sentía angustiado de estar solo, de ver que pasaba el tiempo y seguía sin novia, respondía que estaba tranquilo y que no tenía afán alguno por estar con alguien. Pero internamente sabía que su tranquilidad no era real porque cada vez que se sentía solo volvía a buscar a su ex novia para garantizar que ella siguiera pendiente de él, que todavía lo quisiera, que no lo fuera a olvidar. No lo comentaba con sus amigos porque sentía vergüenza de reconocer la verdad ante ellos: sabía que estaba aprovechándose de que su ex novia todavía lo quería sólo para “tenerla ahí” porque tenía una clara conciencia de que a él no le interesaba estar con ella. Prefería engañar para garantizar que alguien lo quisiera, que hacerle frente al miedo y la angustia que le producía no tener esa garantía.
 
Todos los seres humanos quieren tener una pareja, alguien con quién construir ‘un equipo’, una compañía para compartir los buenos y malos momentos; un apoyo que no dan ni los amigos ni la familia pues la intimidad que se construye con la pareja es única y diferente al resto de relaciones interpersonales. Eso, sumado a la presión social tan grande que se ejerce a diario sobre las personas que no tienen una pareja estable, hace muy difícil enfrentar la soledad. Esto es lo que con frecuencia lleva a muchas personas a pasar por encima de quienes han querido y causarles un enorme dolor para no tener que enfrentar el miedo a su soledad. Estos perjuicios acaban muchas veces generan odios y resentimientos que son muy difíciles de sanar.
 
El primer paso que esta persona tuvo que dar para empezar a soltar a su ex novia fue reconocer su miedo a la soledad y el egoísmo al que esto lo estaba llevando. El siguiente fue ‘pensar antes de actuar’, es decir, antes de buscarla, detenerse a pensar qué era lo que lo impulsaba a hacerlo, qué pasaba en él para que automáticamente tuviera que refugiarse en otra persona sabiendo el daño que estaba causando. Empezó a escribir para poder confrontarse a sí mismo en cada uno de esos momentos, y así se fue dando cuenta de que cuando buscaba a su ex novia aumentaba su sensación de soledad porque sabía que lo estaba haciendo para protegerse de su propio miedo y no porque sintiera cariño hacia ella. Así pudo empezar a tomar distancia y, al hacerlo, llenar esos ‘vacíos’ con otras cosas como el deporte, la lectura, el cine, las salidas con amigos, una visita a sus padres y a veces, para su propia sorpresa, pasando tiempo solo. Al inicio fue difícil, pero como todo, es difícil antes de ser fácil (Nardone, 2009). Basta con dar el primer paso para empezar a superar la dificultad.
 
*Psicóloga – Psicoterapeuta Estratégica.
ximena@breveterapia.com
www.breveterapia.com
PUBLICIDAD
Horóscopo
Semana en Facebook
Publicidad