Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2008/08/26 00:00

¿Cuándo será suficiente?

Entre 2006 y 2007 asesinaron a 67 personas por razones de su orientación sexual, pero esto es sólo el final de una cadena de odio y violencia que pasa por las manifestaciones de repudio en escuelas, colegios y universidades, el rechazo en algunas familias, los discursos cargados de odio en algunas iglesias, la indiferencia de algunos dirigentes, el abuso de las autoridades y la homofobia velada en muchos espacios de trabajo.

¿Cuándo será suficiente?

Algunas no salen a la calle por temor a ser golpeadas o agredidas. Su vida social se restringe a las pocas horas de la noche en que trabajan para poder subsistir. Otras, se mueven por las calles de ciertas ciudades colombianas sólo si pueden hacerlo en grupo y las demás, aunque no hayan renunciado de manera tan drástica al derecho a existir en cualquier espacio, viven constantemente con el temor a ser abusadas, acosadas, violadas, golpeadas o insultadas.

Se han resignado a perder a su familia, a no terminar el colegio (en la mayoría de casos), a no poder asistir a la universidad, a no tener la posibilidad de elegir el trabajo que quisieran ejercer y a vivir al borde de la pobreza. Pero, en particular, han tenido que vivir sin conservar su derecho al anonimato, sin poder asistir a cualquier lugar público y no ser observadas como un fenómeno o un espécimen peligroso, como si la diferencia convirtiera a un ser humano en un arma letal para la estabilidad ajena.

Cuando uno ve ese panorama, que es el único posible en la cotidianidad de las cientos de travestis en nuestro país, la pregunta es. ¿es posible violentar aún más a una persona, es posible llevarla a asumir unas condiciones de vida más indignas? Pues si. En sociedades como la nuestra, pareciera que con todo eso no basta. Que además de negarles cualquier derecho a tener una vida digna, es necesario matarlas, desaparecerlas de aquellos paisajes urbanos que los demás y no ellas han plagado de violencia.

Así se desprende del informe que este miércoles 27 de agosto presentará la ONG Colombia Diversa a la opinión pública. El documento que recoge los hallazgos de una investigación sobre la situación de Derechos Humanos, entre los años 2006 y 2007, de las poblaciones gay, lesbiana, bisexual y transgenerista en nuestro país. Y que sirve para aproximarse al tema y tratar de entender la situación real de los homosexuales en general en algunas zonas de la geografía nacional.

Según los datos contenidos en el informe, durante el período de tiempo en mención, en Colombia fueron asesinadas 67 personas por razón de su orientación sexual o, por lo menos, los antecedentes (amenazas previas, por ejemplo) e indicios de la escena del crimen así lo sugieren. De esos 67 casos, todavía se espera un reporte oficial que indique cuáles fueron los hallazgos de las investigaciones y si fueron en realidad crímenes por prejuicio, los cuales deberían legalmente ser juzgados desde una perspectiva más dura.

Algunos dirán que la cifra es baja para un país donde las muertes violentas superan por miles ese número. Pero sobre este particular hay varios puntos de análisis: En primer lugar el trabajo de Colombia Diversa, si bien es el único que se puede tomar como referencia en este tema por la seriedad de la investigación, no cubre todo el territorio nacional. Es difícil para una ONG con recursos limitados llegar a todas las ciudades y municipios de país. Así que esta cifra puede estar muy por debajo del número real de asesinatos. Segundo, así sólo se registraran uno o dos asesinatos por este móvil, ya sería indignante y preocupante que cualquier persona sea desaparecida o asesinada simplemente por vivir en concordancia con lo que es. En general, lo que habría que decir es que es indigno matar a cualquier ser humano en cualquier situación y por la razón que sea. Como tercer ingrediente, es muy raro que sólo se haya podido encontrar indicios de asesinatos de hombres gay y travestis. ¿Acaso las lesbianas se pasan la vida maravillosamente en este país? ¿Acaso algunas no han tenido que exiliarse por recibir constantes amenazas? ¿Acaso no son objeto de las mismas acciones discriminatorias por parte de esta sociedad? ¿Acaso no están más allá de las marchas festivas del día del Orgullo Gay?

Dado que los gay, sean hombres o mujeres, son percibidos de la misma manera, sería extraño que las lesbianas no fueran objeto de violencia física y asesinato. Que todas tuvieran la vida de Ellen De Generes y Portia De Rossi, que por demás se acaban de casar en Los Ángeles en medio de un fenómeno mediático incluso desbordante. Por tanto la conclusión es que incluso en los peores casos de discriminación, las lesbianas siguen siendo invisibles y la información sobre ellas inexistente. En muchos casos, lo cual aplica en general para toda la población LGBT, por el temor a denunciar y por la negligencia de las autoridades a la hora de hacer investigaciones realmente serias y contextualizadas.

Obviamente, el tema del asesinato es sólo el final de una cadena de odio y violencia que atraviesa diferentes estamentos de este país. Una cadena que pasa por las manifestaciones de repudio en escuelas, colegios y universidades, el rechazo en algunas familias, los discursos cargados de odio en algunas iglesias, la indiferencia de algunos dirigentes, el abuso de las autoridades y la homofobia velada en muchos espacios de trabajo. Por eso, esas 67 muertes son responsabilidad de todos. De todos los que en algún momento de su vida han tomado partido a favor de la discriminación y han avalado la negación del otro y sus derechos, sólo por intuir que el ser diferente es sinónimo de ser inferior y/o perverso.

Justamente, el informe de Colombia Diversa retrata muchas de esas condiciones cotidianas que le niegan a la población LGBT la posibilidad de vivir de acuerdo con los derechos fundamentales de cualquier ser humano en diversos espacios sociales – prisiones, centros educativos, espacios públicos, etc.-, aunque los avances en materia de legislación hayan sido enormes en los últimos años, por lo menos en lo concerniente al tema de parejas.

Hoy, cuando miles de colombianos sólo se atreven a vivir su propia vida dos horas al día, cuando todavía los derechos obvios deben ser peleados por años, cuando han tenido que crear cientos de estrategias para poder sobrevivir, es imposible no preguntarse ¿cuándo será suficiente? ¿Cuándo podremos decir que los asesinos y promotores del odio quedaron satisfechos?

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