Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2008/10/04 00:00

Cuatro personajes en busca de un autor

Podríamos escribir sobre las falacias y las verdades a medias contenidas en esas páginas; pero resulta más atractivo conocer a sus desinteresados autores

Cuatro personajes en busca de un autor

En medio de fanfarrias fue lanzado un librito que pretende desprestigiar la investigación que probó la influencia de los paramilitares en la elección de Congreso del año 2002. Se llama Parapolítica, verdades y mentiras. Es la última creación de José Obdulio Gaviria y un grupo de amigos suyos que tiene como blanco principal a los investigadores Claudia López y León Valencia.

Podríamos escribir sobre las falacias y las verdades a medias contenidas en esas páginas; pero tal vez resulte más atractivo conocer a algunos de sus desinteresados autores.

El principal de ellos, y quien aporta el 25 por ciento del pretendido estudio académico, es el asesor presidencial José Obdulio Gaviria. No vamos a ahondar en sus relaciones familiares. Esta vez nos ocuparemos de su abundante producción literaria.

La mayor parte de su prolífica obra se ha producido desde que tiene oficina en la Casa de Nariño. En la mullida silla de su despacho ha dado a luz varias piezas maestras: Del escritorio de Uribe, Reelección, que el pueblo decida, Sofismas del terrorismo en Colombia y A Uribe lo que es de Uribe.

Si de Felix B. Caignet afirmaron que era "el más humano de los autores", pronto podremos decir que José Obdulio es "el más autor de los humanos".

El impresionante catálogo fue posible gracias al aporte de los contribuyentes colombianos. José Obdulio recibe jugosos honorarios oficiales pero no es empleado público. Mediante un artificio legal, los dineros del Estado, con los que le remuneran su lealtad, vienen puenteados por el 'Convenio Andrés Bello'. Así no hay controles, por tratarse de una entidad internacional, y el asesor presidencial no está sujeto a la vigilancia de la Procuraduría.

Los viajes suyos son pagados con cargo al Fondo de Programas Especiales para la Paz (Fondepaz), regentado por el comisionado Luis Carlos Restrepo, coautor del mismo libro. Con viáticos provenientes de esos recursos públicos, el escritor José Obdulio ha visitado Europa, Estados Unidos, África y América Latina.

Otro de los autores se llama Juan Carlos Moncada Zapata. Es un antiguo subalterno de Mario Uribe. Ha hecho su carrera a la sombra del 'Primer Primo' y de su escudero William Vélez. Gracias a eso, ha recibido contratos en las entidades que han estado bajo el control de la dupleta de 'Colombia Democrática': el Incora en liquidación y la Contaduría General, entre otras.

El brillante Moncada no advierte en el libro sobre su relación con el ex senador, ni avisa que es socio de su abogado defensor José del Carmen Ortega. Sin decir nada de eso, dedica su capítulo a predicar la inocencia de su jefe.

También está en el equipo Libardo Botero, compilador de 'Las Ideas de Uribe', y quien frecuentemente es presentado como asesor sindical. En esa condición lo han llevado a Washington y en Colombia lo han puesto en presencia de la Secretaria de Estado y del Secretario de Comercio de Estados Unidos, para que hable a nombre del sindicalismo democrático que apoya el TLC.

Olvidaron contarles a los funcionarios norteamericanos que Botero es miembro del 'Centro de Pensamiento Primero Colombia' y que su representación no llega ni al 0,25 por ciento de los trabajadores sindicalizados.

El cuarto personaje se llama William Calderón, y es conocido como 'El Barquero'. Recuerdo una graciosa anécdota sobre él.

Un domingo de 2001, poco después de las 6:30 de la mañana, recibí una llamada del entonces candidato Álvaro Uribe. Quería reclamarme, comedidamente, por qué le habían dicho que me oponía a que un partidario suyo hiciera un programa de humor para el Canal Uno. Me dijo que se trataba de William Calderón. Le contesté -con la misma cordialidad- que no planeábamos hacer un programa de humor y que curiosamente esa misma semana me habían llamado Noemí Sanín para pedirme que le ayudara a Calderón, que era amigo de su causa, y Mónica de Greiff, quien me habló del 'Barquero' como un gran simpatizante de Horacio Serpa.

Todo tiene su lado bueno. El libro servirá, por lo menos, para que el gran humorista inicie su carrera.
 

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