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Opinión

  • | 1995/06/26 00:00

    CUCLI POR LA PAZ

    La propuesta de diálogo del gobierno está retratada en los bigotes de Serpa y en la razón de ser del comisionado para la Paz.

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NO HAY DUDA DE QUE LA PRESENTAción inicial del nuevo proceso de paz en el que el gobierno Samper desearía embarcar al país puede sonar mal.
Mal, porque echa mano de los dos mas grandes -y quizás únicos en su género- triunfos militares del Ejército en la lucha antisubversiva de los últimos años, como fueron la recuperación territorial de La Uribe, en una época intocable trinchera de las jerarquías de las Farc; y la captura de dos altos mandos de la guerrilla, Francisco Galán y Francisco Caraballo, ayer guerrilleros derrotados, hoy triunfantes en su papel de negociadores con el Estado que los tiene detenidos.
Eso es lo primero que se le viene a la gente a la cabeza: ¿es un avance, o un retroceso, entregarle a la guerrilla lo único que hemos podido quitarle? La respuesta es, obviamente, que depende. Es un retroceso, si no forma parte de una estrategia. Pero es un avance si realmente el gobierno esconde, detrás de su generosa ,propuesta, una carta secreta, algún elemento nuevo que no conozcamos, que diferencie el de ahora de procesos anteriores, que le justificara lanzarse en esta aventura con una dosis por lo menos moderada de optimismo.
No parece ser así, sin embargo. Hasta el momento de escribir esta columna las Farc no habían contestado oficialmente la oferta de diálogo, pero sí habían mandado a decir que la desmilitarización de La Uribe no les convencía. Que la necesitaban toda,o nada.
Por su parte, el cura Pérez estuvo más directo. En comunicación por radioteléfono se le alcanzó a escuchar, en medio de los ggggggggrrrrssss' que interfieren el sonido ambiente en ese tipo de comunicaciones con el monte, que jamás había visto más lejos la paz y más cerca la guerra. Pero al final anotó algo relacionado con un posible diálogo sobre "humanización del conflicto" (ojo, que no dijo terminación del conflicto sino humanización del mismo), que le permitió al Alto Comisionado para la Paz agarrarse del último bejuco para aterrizar de manera relativamente suave sobre el terreno al que quería llegar: la apertura de los diálogos.
Y también ocurrió la toma de Ubaque, donde está situada la finca del Presidente, y la desactivación de un carro-bomba en Medellín, cuya autoría hasta el viernes por la noche se le atribuía al ELN.
Y aquí estamos, preguntándonos lo mismo que al comienzo: ¿qué llevó a Samper a una oferta tan generosa con la guerrilla?
La primera teoría es la que se está barajando con respecto a todo lo que está proponiendo por estos días el Presidente: una desesperada necesidad de cambiar de tema. La misma que se le achacó a su propuesta de reformar nuevamente la Constitución, y a la de inaugurar una comisión de reforma de los partidos políticos colombianos, a cuya integración también ha invitado generosamente a la guerrilla.
Esta teoría puede ser parcialmente cierta, y ha resultado parcialmente exitosa. Ya casi nadie habla de las camisetas, para comenzar. La opinión anda ocupadísima tratando de descubrir si le gusta o no la propuesta de diálogo con la guerrilla, y los congresistas andan atareadísimos intentando redactar sus propias propuestas de reforma constitucional, aun cuando sea un articulito que les permita una participación en el juego. El problema aquí es que el cambio de tema puede terminar arrojando un costo muy alto.
El diálogo, para comenzar, puede no iniciarse nunca, o no conducir a ninguna parte, como en ocasiones anteriores, pero sí revelando una debilidad negociadora del Estado, que podría conducir a un incremento de la ofensiva guerrillera. Y la Constitución puede resultar tan irrespetada, en este nuevo proceso de su reforma, que se pueda volver costumbre convertirla en plastilina de los presidente colombianos en apuros.
También podría pensarse que, como este es un Presidente que cree en las encuestas, Samper podría estar apuntando a dejar contentos a 15 millones de colombianos que en esas mismas encuestas han opinado que vale la pena tratar de terminar la guerra por las buenas, que a 100 ricos que creen que, después de la propuesta del Presidente, "este país sí se acabó".
Pero la verdad, yo no creo que la razón principal de la propuesta de diálogo de Samper sea fundamentalmente obligar al país al cambio de tema. Veo más bien que un proceso de acercamiento con la guerrilla, tan generoso como el que ha planteado el Presidente, forma parte de la esencia de las convicciones y de la personalidad de Samper. El cree en eso. Lo viene planeando desde hace años. Considera que la guerra tiene que ceder, y que la paz tiene que llegar algún día. Es totalmente coherente con el tíempo de la gente, con el corazón de la apertura y con todas las banderas sociales del gobierno. Está retratado en los bigotes de Serpa y calcado en la razón de existir del Comisionado para la Paz, que, según me informan, llegó a hacer amagos de renuncia para presionar de una vez por todas el compromiso del gobierno con alguna propuesta concreta y audaz.
En pocas palabras, era imposible que el Presidente no saliera con una propuesta semejante de diálogo con la guerrilla, por la ratón más poderosa de todas: porque Samper es eso.
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