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Opinión

  • | 2015/03/06 07:27

    Culpa compartida

    Abierto el abanico de responsables de este atroz y largo conflicto, sólo queda esperar que el acuerdo de justicia que le ponga fin no sea selectivo ni temporal.

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Claro, clarísimo que la responsabilidad del conflicto armado es colectiva y abarca también al Estado, a las Fuerzas Militares y de Policía, a empresarios y ganaderos y a diversos actores de la sociedad civil, por lo que bien hace el establecimiento, por fin, en reconocerlo a través de uno de sus más notables representantes. El aporte en ese sentido por parte del expresidente Gaviria en su publicitado documento es sorprendente y hay que abonárselo como una  positiva contribución al esclarecimiento de los orígenes, las motivaciones y los excesos de los actores de esta guerra demencial que estamos empeñados en superar. Delineó y trajo a la superficie el rostro solapado de tantos y tantos implicados impunes. Pero como el destape es hoy más espinoso que nunca porque se llegó la hora de saber si esa culpa será castigada, y cómo, es la justicia transicional la gran protagonista del momento y la que en últimas podría, o bien dar al traste con lo ya conseguido en la conversaciones de La Habana, o bien servir de fórmula salvadora para la firma de la paz definitiva y duradera en Colombia.  

Por lo tanto, no es de extrañar que en adelante y por un largo tiempo sea la justicia transicional el pan diario de la noticia, comoquiera que esta se constituye en el procedimiento más expedito para sacar al país de su atolladero. La reciente presencia en Bogotá del exsecretario general de la ONU Kofi Annan y de David Tolbert, presidente del Centro Internacional para la Justicia Transicional, son una muestra palpable de ello y de que el proceso de negociación está maduro y quizás en la fase final.  

Sin embargo, en el documento del expresidente Gaviria se intuye una encubierta insinuación orientada hacia una justicia selectiva y, además, una implícita inclinación  a allanarle el camino al senador Álvaro Uribe Vélez y su Centro Democrático para que hagan parte del acuerdo final bajo la eventualidad absurda de centrar todo el problema en cómo castigar con cárcel -“paz sin impunidad”- únicamente a las FARC-EP, mientras se ofrecerían generosos beneficios judiciales a la contraparte.

Y aunque, como ya dijimos, se le abona a Gaviria que haya dicho, ampliando la visión de los culpables de esta guerra, que además de los combatientes son responsables también miles de miembros de la sociedad civil, empresarios, ganaderos, comerciantes, agricultores, políticos, funcionarios y hasta notarios y jueces, no es de extrañar que con todo lo propuesto por él se esté enviando, o queriendo recibir, un mensaje de tranquilidad a través de los beneficios judiciales sugeridos, o de una hipotética amnistía general, a aquellos opositores radicales al proceso de paz que saben de su vínculo con la violencia y ahora sí sienten su vulnerabilidad.  

Pero ¿y la cruda responsabilidad del Estado en qué quedará? ¿En simples “manzanas podridas”? ¿En algunos abusos, desmanes, y una que otra violación de la ley penal sin ninguna autoría intelectual? ¿Será, acaso, la fuerza pública la que, entonces, por legítima, es intocable? ¿No hay en el fondo una intencionalidad por blindar a los autores de los “falsos positivos” o a sus inspiradores?  ¿Y qué de los ministros de Defensa, del presidente y comandante supremo de las Fuerzas Armadas y de los expresidentes de la República?

La verdad es que no resisto la tentación de transcribir un párrafo del artículo de Álvaro Leyva Durán publicado hace pocos días por El Tiempo: “La búsqueda de los 'máximos responsables' parece estar a la orden del día. Pero ¿por dónde comenzamos? ¿Por el Ejecutivo? ¿Por el Legislativo? ¿Por la clase empresarial? ¿Ganaderos, hacendados, financistas? ¿Quiénes han sido? ¿Quiénes son? El presidente Santos que desde la Casa de Nariño salió a apoyar la propuesta que sobre esta materia presentó el expresidente Gaviria afirmó que los casos de sectores sociales, civiles y hasta económicos que tienen relación con el conflicto, pero que no se incluyen en un proceso de paz, son los que podrían fomentar la impunidad” ¿Cuáles son esos casos? ¿Los conocen quienes vienen señalando la necesidad de perseguir a los recientemente revelados delincuentes para aplicarles “penas efectivas, auténticas, y no simples simulacros?"

Este aporte de Gaviria a la justicia transicional tiene tanto de largo como de ancho, pero con todo, ofrece la oportunidad de debatir, dilucidar y decidir puntualmente aquello que más la convenga al país para cerrar este último ciclo de guerras fratricidas en Colombia.

Pero, eso sí, o todos en la cama, o todos en el suelo. No puede seguir el establecimiento con el eterno jueguito aquel de que con cara gano yo y con sello pierde usted.

guribe3@gmail.com
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