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Opinión

  • | 2017/09/15 10:49

    Retrocedimos a 1996 con los gringos

    Estados Unidos cree que el gobierno colombiano peca de ingenuo frente a las FARC y al narcotráfico.

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En su informe anual sobre la colaboración de diferentes países en la lucha contra las drogas ilícitas, la Casa Blanca deploró que los cultivos de coca siguieran aumentando en Colombia. También expresó su preocupación por la falta de castigo a los capos del cartel de Cali, quienes no podían ser extraditados. Varios senadores influyentes demócratas y republicanos habían manifestado su malestar por esta prohibición constitucional.

Sin embargo, la Casa Blanca destacó el valiente liderazgo y los esfuerzos patrióticos de la policía nacional y de los militares colombianos. En su respuesta a las críticas desde Washington, el gobierno de Bogotá resaltó que habían sido los colombianos quienes más habían combatido las drogas y le recalcó a su homólogo estadounidense de la necesidad de reducir el consumo en ese país. En un discurso, el presidente enumeró los grandes avances y las víctimas colombianas en esta lucha. Era marzo de 1996, mes en el cual Estados Unidos anunciaba la primera descertificación de Colombia.

El pasado miércoles 13 de septiembre de 2017, en un memorando expedido bajo la firma del presidente Donald Trump, el gobierno estadounidense reveló que había “considerado seriamente designar a Colombia como un país que no ha adherido a sus compromisos internacionales”, debido al “extraordinario incremento en el cultivo de coca y la producción de cocaína en los últimos tres años, incluyendo la siembra récord de los últimos 12 meses”. En una audiencia esta semana, influyentes y poderosos congresistas de ambos partidos expresaron su preocupación por la política antidroga en Colombia. Uno de ellos, la senadora demócrata Dianne Feinstein dijo que “Estados Unidos debe extraditar a algunos de los líderes de las FARC involucrados en el narcotráfico”.

La Casa Blanca se abstuvo de adoptar esa determinación porque, según explicó, la Policía Nacional y la Fuerza Pública son socios de Estados Unidos en el hemisferio occidental y sí están haciendo la tarea.

El gobierno colombiano emitió un comunicado en la cual enfatizó que Colombia es “el país que más ha combatido las drogas y más éxitos ha tenido en este frente. Nadie tiene que amenazarnos para enfrentar este desafío”. Horas después, el Presidente Juan Manuel Santos resaltó que “Colombia ha sido la nación que más sangre ha puesto, que más sacrificios ha hecho”. Y el ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, pidió un mayor esfuerzo de Estados Unidos en el control de la frontera con México. Varios políticos y analistas colombianos se sumaron al rechazo de la advertencia - ¿amenaza?- de Trump, recordando que Estados Unidos es el mayor consumidor de droga en el mundo.

Parece de Ripley que 21 años después se repita la historia: un gobierno estadounidense dudando del compromiso de su par colombiano en la lucha contra el narcotráfico, pero que al mismo tiempo elogia por separado a la fuerza pública; legisladores gringos molestos con la falta de resultados en la cooperación entre los dos países y la decisión colombiana de no extraditar a quienes son señalados de ser los líderes de uno de los mayores carteles de la droga en el mundo, y un gobierno en Bogotá que considera injustos los señalamientos.

Parece también una versión trágica de Groundhog Day (El día de la Marmota), el clásico de Bill Murray. Hasta hay actores repetidos: Juan Fernando Cristo, hasta hace poco ministro de Interior, fue consejero de comunicaciones de Ernesto Samper. María Emma Mejía, la actual embajadora en las Naciones Unidas era la canciller. Y la canciller actual, María Ángela Holguín, era la secretaria general y viceministra de Relaciones Exteriores en esa época. Del lado gringo, es curioso que este año tanto el exembajador Myles Frechette (q.e.p.d.) y el exzar antidroga Barry McCaffrey de Clinton advirtieron sobre el rol de las Farc en el aumento de cultivos de coca y cómo podría afectar las relaciones entre Estados Unidos y Colombia. Fueron premonitorios.

Es un error asumir que esta crisis se deba a Trump. Va mucho más allá: en el Congreso y en el aparato de seguridad nacional en Washington pululan los escépticos. Feinstein, miembro del comité de Inteligencia del Senado, fue explícita: “No creo que las Farc cambien. Las Farc tienen un negocio y es la cocaína”.

Esta desconfianza de los estadounidenses se incrementa con cada acción u omisión de las Farc: que las disidencias fueran precisamente los frentes más involucrados en el tráfico de drogas, que dentro de los bienes revelados por esa organización no incluyan las decenas de millones de dólares que tienen en el exterior (recomiendo el último informe Insight Crime sobre el tema) y que hubiera por lo menos 25 narcotraficantes colados en la lista oficial que presentó el Secretariado para que recibieran los beneficios del acuerdo.

No sólo las Farc o la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común como se llaman ahora, generan inquietud para las autoridades estadounidense. También hay preocupación por los programas mismos de sustitución de cultivos, algunos que son ejecutados por las mismas Farc como ocurre en Nariño. Les parece demasiado riesgoso darle tanto juego a una organización, cuyos miembros tienen puesto prominente en la lista Clinton.

Ahí está el quid del asunto. Los gringos creen que el gobierno colombiano y los defensores del acuerdo de paz pecan de ingenuos. Que el gusto por la plata fácil forma parte de la ADN de muchos de los comandantes de las Farc y que sería nefasto que estos gozaran de impunidad.

Lo más preocupante de la declaración de Trump esta semana, no es tanto que amenazara con descertificar a Colombia, sino que acudiera al mismo juego de hace 20 años de dividir para reinar. En esos tiempos, Estados Unidos utilizaba varias diplomacias paralelas: una con el gobierno de Samper y otra con la Policía Nacional, encabezada por el general Rosso José Serrano. No es gratuito que la administración Trump sólo reconozca la labor de la Fuerza Pública colombiana. Grave precedente.

En Twitter Fonzi65

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