Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2006/02/12 00:00

Cultura y tenaza económica

Danilo Rojas advierte los peligros que gravitan sobre la independencia de la cultura y el arte, atados regularmente a los dictados de los grupos económicos.

Cultura y tenaza económica

Ahora que la emisora HJCK, el Mundo en Bogotá, tuvo que salir del aire por problemas económicos, muchos analistas han tenido distintas reacciones, todas eso sí, tendientes a lamentar el suceso y a rogar porque el gran "salvador", la multinacional de comunicaciones Prisa, dueña de la cadena radial Caracol, mantuviese la emisora en el dial que la identificó durante 55 años: 89.9 FM estéreo.

Lo que olvida la inmensa minoría, pensando en este caso con el deseo, es que los grupos económicos todo hacen menos concesiones espirituales o lúdicas. En ese contexto, los tantos apoyos a la cultura que materialmente realizan se hacen pero sin dar puntada sin dedal, incluidos los arrebatos cuasi-altruistas para apoyar el teatro, el cine, la música, la literatura o la pintura.

Los patrocinios económicos al arte son un hecho y no se puede desconocer. Muchos proyectos artísticos no podrían ni siquiera ser pensados sin los apoyos efectivos de los patrocinadores. Pero también es un hecho que con ello la limitación es patente, como que mal puede el patrocinador autoemascularse apoyando un proyecto artístico que lo primero que hará es darle palo. Con ello quedan develados dos hechos aún más lamentables: (i) la falta de una política pública que permita salirle al paso a situaciones como esta y (ii) la consciente o inconsciente pero permanente vulneración de una de los más caras conquistas del constitucionalismo: la libertad de expresión

La situación padecida por la HJCK me hace acordar de lo ocurrido hace algunos años en otro escenario cultural. Guillermo Cano, el inmolado director del entonces diario El Espectador, escribió un domingo un famoso editorial que tituló "La tenaza económica", en el que mostraba descarnadamente la situación a la que estaba sujeta la prensa libre -como la de la familia Cano-. Al disminuir o desaparecer la pauta publicitaria de los grandes grupos económicos, la situación del diario se vio irremediablemente afectada, de lo cual no pudo jamás levantarse, hasta terminar con la venta de sus acciones a un postor que sí podría mantenerlo, así fuera semanalmente. El Espectador había denunciado no solo actividades del narcotráfico en la política, sino la corrupción de los grupos económicos, algunos de los cuales pautaban en el diario, y que por supuesto no lo hicieron más.

No se trata de comparar lo ocurrido a El Espectador con la transformación del dial 89.9 FM estéreo, sino de resaltar la sujeción de muchas de nuestras evocaciones espirituales como la cultura y el arte a situaciones más mundanas como las necesidades prácticas -el dinero, por ejemplo- y, por ese camino, a poner de presente la eterna lucha entre espíritu y materia. No parecer necesario declararse marxista para constatar lo dicho.

Hay que decir también que hombres de cultura auténticos como Álvaro Castaño Castillo, poetas en el fondo, son una "llama al viento" que este no puede apagar -a pesar de la predicción de Barba Jacob- y su valentía nos hace al tiempo padecer sentimientos encontrados: De un lado, añorar los años juveniles en que los provincianos, calentanos, incultos y alegres llegamos a esculcar cosas en Bogotá y nos topamos de pronto con una emisora cuya música sosegaba y allí quedamos para siempre atrapados por su magia.

De otro, nos muestra su sabiduría para poder adaptarse a situaciones difíciles, como cuando, sin aviso previo, empezó a sonar en la emisora una suerte de ruido del mundo, solo atemperado por la voz de Pilar Castaño, tratando de conquistar más que adeptos a los patrocinadores. Pero no le alcanzó la audacia.

La apuesta final y visionaria de Álvaro Castaño, que puso en la Internet a la HJCK, coincide con la tendencia cada vez más generalizada en el moderno mundo de la comunicación satelital, que permite escuchar emisoras de todo tipo, de todo el planeta, sin propagandas y con un amplio y variado contenido en sus programas. Una pequeña revolución semejante a la que sugiere la aparición de los "blogs", esos mecanismos informales de difusión y análisis de información que utilizan periodistas y ciudadanos del común que no tienen espacios en los medios convencionales.

Finalmente, Álvaro Castaño tuvo incluso el don único de hacernos erizar la piel, sin amargura, al filo de la medianoche del pasado 20 de noviembre cuando se oyó por última vez su voz en la 89.9, no solo por el breve discurso esperanzador, sino por el minuto de música que escogió para despedir a sus fieles oyentes: la estremecedora Belle nuit o nuit d´amour, de la ópera Los cuentos de Hoffman del músico alemán, naturalizado francés, Jacobo Offenbach.

Por muestras humanas así es que vale la pena intentar la defensa de la cultura y el arte a despecho de la economía de mercado y por encima de materialismos. como haría cualquier Quijote.

(*) Miembro de DJS (Derecho Justicia y Sociedad)y profesor de la Universidad Nacional

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