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Opinión

  • | 1994/03/07 00:00

    CURADOS DE ESPANTOS

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COMO EN COLOMBIA PASAN COSAS tan raras y esas rarezas se producen con tanta frecuencia, el país se ha ido curando de espantos y la gente se acostumbró a no sorprenderse. Pero eso no significa que aquí no pasen cosas muy raras a cada rato.
En el campo económico sucede algo que nunca se registró ni con el despliegue ni con el asombro que el asunto requería. Un buen día los analistas de la economía amanecieron de acuerdo en que el problema más grave que enfrentaría el país en los años futuros sería el de cómo administrar la riqueza. Sólo porque los economistas dicen semejante cosa sin inmutarse la gente acaba por creer que se trata de una cosa normal, casi natural, pero decir que el problema de Colombia es la bonanza y no la escasez, como nos habían enseñado, suena tan exótico como decir que vamos a mandar un cohete a Marte. Sin embargo los economistas coinciden en que el problema es decidir acertadamente cómo manejar la riqueza excesiva, y sostienen, además, que ese tema va tiene nombre y se llama algo así como "el mal holandés".
También registramos sin mucha alharaca que el precio internacional del café se fuera a pique sin que eso implicara un garrotazo a la economía general del país. Y nadie se sorprendió mucho. Desde que Colombia existe ha basado su economía en la venta de quina, tabaco, plátano y café, y cuando se derrumba el café, columna vertebral de los últimos 70 años, nadie se inmuta.
Poco a poco se nos invierte la ecuación con Venezuela, según la cual aquél era un país de millonarios y éste su vecino paupérrimo, y ahora resulta que en Colamhia se oyen comentarios acerca de las crisis económica y política venezolanas y de la solidez en ambos renglones para el caso colombiano, y se dice todo eso con una naturalidad tal, que a un desprevenido le parecería que así han sido las cosas toda la vida.
Eso sin hablar de filigranas mucho más domésticas. Un grupo económico le declara la guerra a un ministro de Hacienda porque éste decide proponer, en una exposición de motivos de un proyecto de ley, que le rebajen los impuestos a ese conglomerado. El representante de los gobernadores le pide en ese momento al ministro que no bajen los impuestos para no afectar las rentas departamentales, y muy poco tiempo después ese mismo gobernador se pasa para el bando de los que creen que el impuesto es inconveniente. Y como con la riqueza o el café, a nadie le parece que todo eso es un poco raro.
O lo que está ocurriendo con la configuración de listas para el Congreso. Un conocido polìtico liberal, hijo de ex presidente de la República -para más señas jefe único del Partido Liberal- se lanza al Senado en llave con un parlamentario del M-19, quien es a la vez el enlace entre el grupo económico del párrafo anterior y el Congreso. (Aquí lo que está por aclararse es si el hijo del director del partido se pasó para el M-19 o si el "congresista de enlace" se pasó al liberalismo. Los proyectos de ley lo dirán, pero el gasto en vallas publicitarias en Bogotá ya empieza a dar una idea).
En el mismo capítulo también entra una aguerrida dirigente liberal, cuya imagen se identifica tanto con el liberalismo como el propio trapo rojo de la colectividad, quien de buenas a primeras ¡pum! (¡pum, pum!, para ser exactos) se pasa a las filas del conservatismo pálido. Y nadie se sorprende. Y todo el mundo como si nada.
Pero la tapa de la olla es lo que está pasando con la Selección Colombia (para mayor ubicación patrocinada por el grupo económico del párrafo de arriba, etc.). Un buen día -y después de muchísimos éxitos, por supuesto- nuestros jugadores resultaron ser los favoritos para ganar el campeonato Mundial de Fútbol de Estados Unidos. El técnico del Milán, los observadores españoles, los especialistas argentinos, las encuestas de opinión... todo el mundo amaneció un buen día de acuerdo en que lo sorprendente sería que Colombia no quedara entre los dos primeros. Y a la gente no sólo le pareció normal sino además obvio.
Los únicos que están aterrados con eso son los propios jugadores de la Selección, quienes pusieron el grito en el cielo y le están rogando a todo el mundo que no diga barbaridades, que uno no puede pasar de regular a buenísimo en tan poco tiempo. Pero nadie les cree. Y tal vez lo recomendable para ellos sea que se convenzan también de que son los mejores del planeta y traten de ganar el campeonato porque, a juzgar por las rarezas que están pasando ese es el único resultado que a los colombianos nos va a parecer normal.
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